Disputas partidarias

Internas: comienza a definirse el poder en todo el país

El radicalismo tiene internas en Buenos Aires y la Ciudad y ya pasó lo mismo en Córdoba. Aunque sea una disputa aparentemente "minimalista", es una señal de cómo se posicionan hacia un proyecto para buscar disputar el poder.

Pablo Icardi
Pablo Icardi sábado, 20 de marzo de 2021 · 11:26 hs
Internas: comienza a definirse el poder en todo el país

Sí, es a contramano de lo que demanda la sociedad, porque no va a resolver los problemas de la gente y, además, parece anacrónico. Pero en el fondo comienza a definirse la estructura de poder para los próximos años y por eso los principales dirigentes políticos del país invierten su energía por estos días en internas, rosca y posicionamientos. Y la principal disputa para el futuro de la estructura política de Argentina ocurre a más de mil kilómetros de Mendoza, en Buenos Aires. Allí, donde "están los votos", los dos principales frentes se apuran.

El Frente de Todos le da, con sobresaltos internos, el mando a Máximo Kirchner para que el ala dura del kirchnerismo concentre el manejo de ese distrito clave. En Juntos por el Cambio ocurre lo mismo, pero con otro mecanismo; la UCR tiene internas para elegir las autoridades y de manera indirecta decide el proyecto a futuro, cómo le disputa poder interno al Pro y quiénes podrían posicionarse para dar una pelea presidencial.

La escala electoral de este año tendrá dos elementos clave. El primero la pelea por los equilibrios del poder. Hay quienes creen que está en juego la velocidad de avance del Gobierno nacional en el proyecto institucional del kirchnerismo, es decir que si hay algún triunfo importante, sobre todo en Buenos Aires, puede ser una señal para acelerar. Y, si ocurre lo contrario, para que haya límites. Otros, como ocurre con el oficialismo, aseguran que se pone en juego el "fin de un modelo caduco" (impuesto por Macri para ellos). El otro elemento es cómo se posicionan las fuerzas políticas de cara al 2023, donde sí se juegan todo por el todo. 

El radicalismo recupera en este marco su memoria emotiva; vuelve a jugar el deporte que históricamente más le ha gustado. Las internas, esa contienda que parece anacrónica pero que pone de relieve y bajo votación la disputa de liderazgos.

Los radicales tuvieron su primer tiempo la semana pasada con la interna en Córdoba, "el país chico" de Mauricio Macri, y donde la UCR ha gastado más energía en peleas de conventillo que en armar un proyecto de poder.

Mañana hay una interna partidaria en la Provincia de Buenos Aires, donde seguramente votará poca gente y cuyos detalles pasarán desapercibidos. Pero tiene una trascendencia política importante. Aunque los líderes de ese partido resalten la virtuosidad democrática del evento, hubieran querido que se resuelva de otra manera. Saben que esas disputas dejan heridas. La disputa es entre Maximiliano Abad, oficialista, legislador y fiel alfil del radicalismo aliado al Pro durante la gobernación de María Eugenia Vidal (que cuenta con el apoyo de Ernesto Sanz, Mario Negri y otros dirigentes) y el intendente de San Isidro, Gustavo Posse, quien tiene como principal figura de respaldo a Martín Lousteau, junto con otros radicales porteños como Emiliano Yacobitti. La disputa incluso es más trascendente para Lousteau que para el propio Posse, pues el senador busca apurar su proyección nacional. 

En la Ciudad de Buenos Aires también hay disputa interna y se arma un "combo". Para el juego de los "renovadores" del radicalismo tener una derrota no es necesariamente "perder", como ocurrió en Córdoba. De hecho el resultado puede ser similar: una diferencia ajustada que equilibre pesos internos. 

El presidente de la UCR nacional, Alfredo Cornejo, se declara "prescindente" de esa disputa. Primero porque tiene que hacer un difícil equilibrio para mantener al radicalismo y al frente unido, algo imprescindible si quieren tener alguna aspiración de poder. Pero también por su disputa personal para posicionarse: las energías y los recursos son acotados, entienden, como para gastarlos en peleas ajenas. Cornejo tiene buena relación con Lousteau, con quien comparte la idea de un "Juntos por el Cambio" amplio y renovado. Tiene peor relación con Gerardo Morales y Ernesto Sanz, con quienes ha tenido  alianzas estratégicas. 

Un peronista en la rosca 

La visita de Miguel Angel Pichetto a Mendoza dejó algunas señales. No por el volumen electoral que pueda tener el excandidato a vicepresidente, sino por los movimientos que denota. El sector que encabeza no es el único proveniente del peronismo dentro de Juntos por el Cambio. Pichetto blanqueó que ese frente tendrá probablemente una interna amplia en 2023 para elegir el futuro candidato o candidata a presidente y, a diferencia de lo que ven los radicales, sí ve en Mauricio Macri intenciones de retorno. 

Pichetto, por ejemplo, habló de la polarización política y puso en un lugar incómodo a las posibles terceras fuerzas. Es que más allá de la legítima búsqueda de ocupar ese lugar, tanto el oficialismo como la oposición quieren meter cuña en los frentes alternativos, pero más para generar daño ajeno. "Son funcionales al kirchnerismo", dijo Pichetto sobre los liberatarios. Y se refería a José Luis Espert y su grupo, quienes recorren el país cuestionando con la misma energía al Pro, la UCR y al kirchnerismo. De hecho en Buenos Aires, aseguran, los libertarios buscan partido para competir y han recibido recomendaciones de asesores ligados al Frente de Todos. 

Archivado en