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El “efecto Soria” complica al oficialismo en el Congreso

La designación del diputado rionegrino en el Ministerio de Justicia retrae a los posibles aliados del Frente de Todos en el Senado y sobre todo, en la Cámara de Diputados. Justamente, el camino inverso al que necesita el Gobierno para avanzar con los cambios que declama en el Poder Judicial.
Foto: Infobae
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Los primeros pasos que está dando Martín Soria tras haber sido designado como ministro de Justicia anticipan complicaciones para el oficialismo en el Congreso. La radicalización del discurso anti-Poder Judicial, que lleva el sello kirchnerista, provocará la retracción de bloques que con frecuencia actúan como aliados del Frente de Todos en la Cámara de Diputados y el Senado.

En la Cámara baja, los cordobeses que responden al gobernador Juan Schiaretti, los que reportan a Roberto Lavagna y otros que representan a fuerzas provinciales como los rionegrinos, los neuquinos y los misioneros, ya vienen poniendo reparos a la sanción de las reformas de la Justicia federal y del Ministerio Público Fiscal. Con Soria como ministro, esa postura se intensificará.

Como diputado, Soria no tendió lazos con bloques de la oposición. Todo lo contrario: recorrió un camino sin escalas desde sus orígenes del PJ hacia el kirchnerismo. Y se convirtió en una de las voces que abonaron la teoría del “Lawfare”, junto a pares como Leopoldo Moreau y Rodolfo Tailhade. Pero ahora necesitará acercarse a sus ex colegas en la búsqueda de improbables consensos.

Sobre todo, luego de haber blanqueado que su primer objetivo es conseguir el desplazamiento del procurador interino Eduardo Casal. El proyecto de reforma del MPF fue aprobado por el Senado, bajo el comando político de Cristina Kirchner, pero sigue paralizado en Diputados, donde Sergio Massa y Máximo Kirchner no consiguen ablandar la intransigencia de los bloques menores.

La iniciativa cambia la cantidad de votos necesarios para elegir la procurador (es de dos tercios del Senado y pasaría a ser por mayoría simple) y modifica los plazos del mandato, que es vitalicio y se propone un plazo de cinco años, con una reelección). Mientras tanto, el pliego del juez federal Daniel Rafecas –candidato original de Alberto Fernández- sigue cajoneado en la Cámara alta.

También está frenada la reforma judicial que impulsó el presidente Fernández y a la que Cristina no le puso mucho entusiasmo, aunque la aceitada maquinaria del Senado hizo su trabajo sin sobresaltos. No obstante, tampoco para la Vicepresidenta resultará inocua la designación de Soria: el también rionegrino Alberto Weretilneck, uno de sus aliados, ya puso el grito en el cielo.

El ex gobernador patagónico, acérrimo rival de Soria en Río Negro, votó a favor de la reforma judicial –incluso hubo modificaciones que se hicieron a su pedido- y ahora advirtió que una vez que su comprovinciano desembarque en el Ministerio de Justicia, no podrán contar con su apoyo para votar proyectos vinculados a esa cartera. Así que el oficialismo acaba de perder un voto.

El “efecto Soria” no otorga, por estas razones, una ventaja para el Frente de Todos en el Congreso. Por el contrario, le resta posibilidades de negociar acuerdos con los bloques más moderados. Justamente, el camino inverso del que necesita recorrer la coalición gubernamental para avanzar con los cambios que declama en el Poder Judicial. Por lo menos, hasta las próximas elecciones.