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Alberto intentó disimular la influencia de Cristina en el área judicial

Martín Soria llega al Ministerio de Justicia con la obligación de ser la contracara de Marcela Losardo. Sabe lo que debe decir y hacer. Un escenario ideal y más cómodo para Juan Martín Mena, el verdadero operador de Cristina en el Poder Judicial.
Foto: Télam
Foto: Télam

Entre tantas idas y vueltas finalmente el presidente Alberto Fernández decidió privilegiar su debilitada autoridad y optó por el candidato que luce como menos vinculado a la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner. Es verdad que Martín Soria no forma parte de La Cámpora, ni del Instituto Patria y que incluso unos años atrás coqueteó con Sergio Massa cuando el presidente de la Cámara de Diputados estaba enfrentado con los K.

Evidentemente, todos los voceros del oficialismo se cansarán de repetir que la designación del nuevo Ministro de Justicia fue una decisión “autónoma” del jefe de Estado. El ex intendente de General Roca heredó de su padre Carlos, muerto trágicamente, el pragmatismo del peronismo del interior. Por eso, desde su desembarco en la Cámara de Diputados en diciembre de 2019 supo adaptarse a los nuevos tiempos políticos que significaba el desembarco del Frente de Todos en la Casa Rosada. Concretamente, sobreactuó sus coincidencias con el kirchnerismo duro, sobre todo en lo relacionado con la agenda judicial que comenzó a impulsar la vicepresidenta.

Si bien participa activamente en las comisiones parlamentarias vinculadas a temas jurídicos, no es un conocedor de los laberintos de Tribunales. No tiene expertise y contactos en la Corte Suprema o en Comodoro Py, pese a que trabajó hace años en el juzgado de Juan José Galeano. Con lo cual este déficit va a ser aprovechado por el gran ganador de la jornada: Juan Martín Mena. “Queda mejor posicionado porque le ponen al frente de la cartera un peso pluma a quien va a poder monitorear”, dicen fuentes oficiales. Distinto hubiera sido si el elegido era Eduardo Wado De Pedro o Aníbal Fernández, como se especuló en algún momento.

“Martín llega obligado a ser soldado de la agenda judicial de Cristina”, dicen en el universo peronista. Todo parece indicar que el nuevo ministro deberá presentarse en sociedad como la contracara de Marcela Losardo. Sabe muy bien lo que debe hacer y decir, sobre todo para no ser cuestionado por el Instituto Patria. No tiene una tarea sencilla porque, más allá de que su antecesora no quiso confrontar, lo cierto es que el titular del Ministerio de Justicia no tiene herramientas como para lograr lo que reclama con obsesión la vice. Probablemente, esa sea una de las razones por las cuales habría pocos interesados en hacerse cargo de una papa caliente. El propio De Pedro hizo trascender que no tenía ningún interés en reemplazar a la futura embajadora en la UNESCO.

Además, los ministros de la Corte, magistrados del fuero federal, camaristas y fiscales no lo reciben con entusiasmo. Más bien lo miran con desconfianza, algunos de ellos conocieron a su padre cuando ocupó la SIDE en el gobierno de Eduardo Duhalde y habían construido una buena relación. En Tribunales han estudiado de memoria su cuenta de Twitter con fuertes críticas al Poder Judicial. Voceros del máximo tribunal admitían anoche que “es una noticia trivial porque el ministro va a ser Mena y las órdenes son de Cristina”. En todo caso creen que va a haber más cohesión en el oficialismo para la guerra que se viene contra la familia judicial. Un ministro para el combate.