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Un Gobierno en "velocidad crucero" que está subexigido

El Gobierno de Rodolfo Suarez transita sin sobresaltos por la poca exigencia política, a pesar de los indicadores negativos y la crisis. La falta de competencia y las luces de alerta.

Pablo Icardi
Pablo Icardi sábado, 13 de marzo de 2021 · 10:31 hs
Un Gobierno en "velocidad crucero" que está subexigido
Foto: ALF PONCE MERCADO / MDZ

El de Mendoza es un caso de análisis. La economía tuvo el peor año en décadas, los indicadores sociales son negativos y aún no hay efecto rebote. Sin embargo, el Gobierno camina con una tranquilidad política que podría denotar otra realidad. Tanto, que hasta concentra sus energías fuera de los temas calientes de la vida cotidiana, como la inflación, la inseguridad y la pérdida del empleo. Probablemente Rodolfo Suarez transita ese sendero gracias a una característica particular: el suyo es un gobierno subexigido; con poca competencia y al que no le hace falta hacer ruido para evitar sobresaltos. 

Como todo en la vida, no se puede culpar a uno de las carencias ajenas. Pues Suarez las capitaliza a su modo. Es que parte de la falta de tensión viene por la baja performance de sus opositores; dedicados más a las bravuconadas que a la construcción de un proyecto de poder. Suarez recibe insultos en Twitter, pero no se siente amenazado políticamente. Realidad o exceso de confianza. 

El Gobernador y el Presidente Alberto Fernández tuvieron un empoderamiento enorme en 2020 con el inicio de la pandemia. La emergencia los puso en situación de privilegio en cuanto a sus poderes y la imagen pública. Luego, Suarez pudo mantener esa impronta y tuvo buenos resultados por el manejo de la pandemia y con la idea de enfrentamientos a la Nación. No quedó aún impregnado de la negatividad por la falta de gestión económica. Alberto Fernández, en cambio, tuvo un derrumbe en su imagen desde agosto del año pasado y la caída en la valoración tuvo que ver, justamente, con la situación económica y social. 

Luces de alerta

Cualquier encuesta de opinión marca el camino, aunque desde la Nación y la Provincia construyan discursos sobre otros temas. Las principales preocupaciones de la ciudadanía pasan por los problemas económicos y sociales. La inflación está al tope porque es el indicador más tangible. El 30% de los mendocinos lo tiene como principal preocupación (según una encuesta de Analogías), justo cuando se conoció que el índice de febrero rozaba los 5 puntos. El temor a la pérdida del empleo y la pobreza también están en el mismo nivel.

Tercero en el orden de preocupaciones está la inseguridad. De ese podio, al Gobierno local lo que más le preocupa tiene que ver con la seguridad ciudadana, particularmente porque muchas de sus causas y consecuencias están lejos del alcance de la gestión. En el diagnóstico que hacían el año pasado sobre los problemas colaterales que traería el aislamiento social, la inseguridad era uno de los principales. Por eso hay quienes dentro del Ministerio de Seguridad siguen de cerca los datos. Desde el plano político, buscan que no haya agitación. 

En ese tema el Gobierno de Suarez tiene una característica: el bajo perfil de quienes deben liderar la gestión. Ocurre con Raúl Levrino, ministro de Seguridad, lo mismo que con otros jefes de área. En la gestión anterior el Ministro también tenía un rol algo desdibujado, pero por el protagonismo que tenía Alfredo Cornejo con el tema: Seguridad y Justicia eran sus prioridades. 

El bajo perfil del gabinete de Suarez es tema de discordia interna en el radicalismo también. Creen que hay funcionarios que se quedaron acotados a la mirada municipal y otros que, con la menor demanda de trabajo, prefieren mantenerse en velocidad crucero. Internamente hubo tres etapas. Primero fue el "acomodamiento" a los distintos ritmos de trabajo; al que tenía Cornejo y al que impuso Suarez. Luego hubo tensión por la misma razón: hay quienes creían que había que imponer otra dinámica. Ahora está la etapa de resignación: además de la baja intensidad, no sienten amenazas. 

No ocurre solo en el Poder Ejecutivo, sino en otros sitios que la UCR ha copado en su estructura de poder, como la Universidad Nacional de Cuyo. La principal casa de estudios de Mendoza y la región trabaja a media máquina, con facultades completamente cerradas y con clases virtuales. Mientras, muchas de las autoridades radicales pasean en agasajos y eventos políticos; más cercanos a la rosca que a la gestión de una institución que tiene uno de los presupuestos más abultados (más de 8 mil millones de pesos) y más de 50 mil personas bajo su órbita (entre docentes, alumnos y no docentes). La UNCuyo es otro de los organismos públicos "subexigidos" en uno de los momentos clave de la vida de Mendoza. 

"Dejarla pasar"

Uno de los problemas que hay en el escenario político no es atribuible al Gobierno. La falta de competencia genera pachorra. Suarez y el radicalismo no se sienten amenazados. De hecho están más preocupados por las tensiones internas de Juntos por el Cambio. El Frente de Todos, principal fuerza opositora, también: aún no amalgama un proyecto de poder puertas afuera de las unidades básicas o las oficinas públicas nacionales copadas por el equipo de Anabel Fernández Sagasti. 

Las elecciones de 2021, por ejemplo, se plantean con un escenario estratégico puertas adentro, más que como una proyección al futuro. Todo indica que las listas y la estrategia quedará en manos de Fernández Sagasti y el kirchnerismo, junto con sus aliados. Desde el peronismo más ortodoxo, pero aliado de Anabel, tienen una estrategia conservadora: dejar pasar a Anabel con toda la furia para este año y que, llegado el caso, "choque" con un mal resultado para luego plantear competencia interna hacia 2023. Aunque no coincidan, no se animan a poner barreras a la Senadora nacional y sus aliados. 

El plano que no incluye ese análisis es el estratégico: si Anabel arma "sola las listas", seguirá construyendo poder interno en la Legislatura y los departamentos; al estilo Cornejo 2011. La visión más pesimista es que si no se arman listas competitivas y diversas dentro del Frente de Todos, puede haber un resultado difícil de digerir electoralmente. 

El peronismo y también el Frente de Cambia Mendoza miran con recelo lo que ocurra con alguna tercera fuerza. Dependiendo el perfil que tome (más liberal o más popular) quién pueda salir perjudicado y también cuál de los dos frentes "ayude" a conformarla. 

Estrategias, especulaciones y caminos trazados. Todos, más cerca de la autoayuda que del bien común. 

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