Los tres discursos de Alberto y la duda sobre lo que hará tras las elecciones

Los tres discursos de Alberto y la duda sobre lo que hará tras las elecciones

El Gobierno nacional va camino a sufrir una derrota similar a la de las PASO. Gran parte de la expectativa está puesta en el día después. Antes, hubo errores en la gestión y el discurso oficial sobre temas clave como la pandemia.

Damián Fernández Pedemonte

Damián Fernández Pedemonte

El papa Francisco usó para referirse a la Iglesia la imagen de un hospital de campaña. En Argentina, el sistema de salud está atendiendo las tremendas secuelas de la pandemia –incluyendo afecciones no atendidas en este tiempo-, a la vez que sigue recibiendo pacientes covid. Mientras tanto, el Gobierno se apresta a sufrir en las elecciones generales una derrota de proporciones similares a la de las PASO. Más que sobre el resultado, la incertidumbre hoy radica en las reacciones del día después. Primero, en la reacción que podría tener la coalición gobernante, dado el antecedente del sismo que provocaron las PASO. Luego, la reacción de las fuerzas de la sociedad y del mercado, algo contenidas hasta el 14 de noviembre: se vaticina un diciembre muy complejo en términos económicos y de clima social.

De acuerdo con un estudio que acabo de publicar en la revista Más Poder Local, sobre la totalidad de los discursos oficiales del presidente por la pandemia, hubo tres etapas en las alocuciones de Alberto Fernández (Tabla I). En la primera se apeló al modelo de la comunicación de riesgo, con el Estado como enunciador y apelación a la unidad. La finalidad en ese momento era persuadir sobre el plan de prevención y contención del covid-19. La estrategia sanitaria de aislamiento y distanciamiento social se mantuvo, pero el modelo de comunicación, en cambio, fue deslizándose de uno profesional hacia otro mucho más polémico. Al final de 2020, comparándose inoportunamente con otros países y contestando las críticas de los medios y la oposición a la extensión de la cuarentena. Ya en 2021, al sumarse el escándalo del vacunatorio VIP y la discusión con el Gobierno de la Ciudad de Buenos por el retorno a las aulas, el discurso pasó a ser claramente electoralista. En la medida en que la grieta se infiltró en el discurso oficial sobre el Covid, el presidente perdió legitimidad en el último reducto en el que conservaba algo de reputación. El encuadre de la guerra para referirse a la pandemia prevaleció sobre la ética del cuidado.

Las distintas etapas del discurso sobre la pandemia.

Seguimos en crisis. Hay una gran diferencia entre la comunicación de crisis y la comunicación polémica. La primera busca despejar la incertidumbre y recuperar el consenso, la segunda se nutre de la confrontación. Para el populismo, tanto de izquierda como de derecha, la construcción de enemigo y la brecha entre las demandas populares y el establishmet constituye la naturaleza misma de lo político, algo en lo que coinciden kirchneristas y libertarios.

Pareciera que una mayoría de la población está cansada de esa dinámica, en la que intervienen también los medios de comunicación como actores políticos que son, ubicados a uno y otro lado de la grieta. Máxime teniendo en cuenta que aún no ha terminado la pandemia, por más que el hiperactivo Ministro Mansur así lo haya decretado: no hemos elaborado el luto por nuestros muertos ni recuperado todos nuestros vínculos. No hemos hecho el control de daño ni empezado a pensar cómo reparar todo ese daño infringido sobre la salud (por ejemplo, se habla poco de las secuelas en la salud mental), la educación, el trabajo. Un país que debe empezar a transitar el postcovid con 40% de pobreza y 10 % de desocupación es como un hospital de rehabilitación en ruinas.

Entre las PASO y las generales el Frente de Todos lanzó la campaña "Sí" diseñada por el consultor catalán Antoni Gutiérrez-Rubí, basada en la positividad y en la unidad de la coalición, justamente por ser los aspectos más demandados. Pero las campañas no sirven de nada si no traducen una visión y una conducta de los candidatos. Lo más probable es que después de las elecciones se profundice el conflicto interno en el gobierno y la imagen negativa sobre sus líderes. Esto no puede no afectar al proyecto de futuro de Cristina Fernández de Kirchner.

En Buenos Aires ya hay tantos problemas de tránsito como antes de la pandemia, los gerentes de las empresas quieren volver a las viejas prácticas de control de sus empleados, de marcar tarjeta. ¿No habremos aprendido nada? No hay a la vista, en los medios, ni en los políticos, tanto oficialistas como de oposición, actitudes que muestren consciencia de la gravedad del contexto: la necesidad de iniciar la rehabilitación de la pandemia con el personal -los políticos- peleado y preocupado por sí mismo y muy poco por los enfermos. ¿Estará la política en condiciones de aprender algo de la radical lección de vulnerabilidad que constituye la pandemia?

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