Axel Kicillof y la incómoda compañía que tuvo que soportar en Brasil
El gobernador Axel Kicillof sigue siendo sometido a una catarata de decisiones que en otro momento jamás habría adoptado desde que el Frente de Todos fue derrotado en la Provincia de Buenos Aires, que quiso gobernar casi en soledad hasta que su jefa, Cristina Fernández de Kirchner, le obligó a cambiar todo su gabinete.
Si hay una manera de hacer política, relacionarse con la sociedad y está en las antípodas de su ideología, junto con Mauricio Macri, es Daniel Osvaldo Scioli, el actual embajador en Brasil al que hoy fue a visitar como parte de una comitiva productiva que diseñaron a diez días de las elecciones.
Scioli fue, además, ocho años gobernador. A pesar de haber sido su último antecesor representando a su espacio político, jamás lo mencionó en un acto ni tomó un ejemplo de su gestión. Es más. En cada inauguración que realizó siempre hizo referencia que María Eugenia Vidal había detenido obras y construcción de hospitales pero siempre lo referenció con los antiguos logros del gobierno al que él perteneció bajo la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner.
Durante la época que Kicillof fue ministro de Hacienda, fueron constantes los roces con el gobierno provincial de Scioli, que reclamaba que le enviaran en tiempo y forma los fondos coparticipables y los Adelantos del Tesoro comprometidos para pagar sueldos y otras obligaciones.
"Sí, ya es calabaza", ejemplificó un importante compañero de la Provincia de Buenos Aires que comparte el espacio con el gobernador. Es que ahora ya no ocultan los pedidos que le formulaban desde el ala territorial, compuesta por intendentes, legisladores y varios ministros, por la apertura de las escuelas desde mediados del año pasado, la errática política de Seguridad y la falta de diálogo e interacción con propios y extraños.
Apenas finalizaron las PASO de este año, en las que el gobierno perdió en la Provincia que él gobierna, Kicillof les pidió a sus funcionarios que presentasen las renuncias para luego él rechazarlas. Ese mismo fin de semana, fue su jefa política, la vicepresidenta, quien lo obligó a viajar hasta Santa Cruz y proponerle los nombres de su nuevo gabinete.
No sólo tuvo que incorporar a muchos que no quería, como Martín Insaurralde o Leonardo Nardini, sino que también tuvo que desprenderse de su antiguo chofer del Clío, Carlos Bianco, ex jefe de gabinete, o Teresa García, cuya salida estaba prevista para diciembre.


