Los pactos que Rodolfo Suarez, el PJ y Mendoza no pueden obviar para salir de la pobreza

Los pactos que Rodolfo Suarez, el PJ y Mendoza no pueden obviar para salir de la pobreza

La provincia fue a contramano de las tendencias del mundo y ratificó el empoderamiento de los partidos tradicionales. Sin embargo, la crisis de representación se vive igual. Las deudas que la política tiene y tres pactos urgentes: educación, sustentabilidad y cambios institucionales.

Pablo Icardi

Pablo Icardi

"Más que nunca, entonces, cuidemos de la política. No asegura la prosperidad, pero, cuando se degrada, nos arrastra sin piedad al infierno". La contundente frase resume, en la pluma de Julio María Sanguinetti, un caballero de la democracia, los riesgos que corre la institucionalidad, la convivencia y la dinámica democrática en todo el continente por el descrédito, el agotamiento y la falta de respuesta a la expectativa de mejorar la calidad de vida de parte de la política. Esa tendencia  ha derivado en hechos disruptivos, en apariciones electorales basadas, muchas veces, en violencia verbal antisistema. La política queda dañada, en voz de Sanguinetti, y ese es el riesgo. 

Argentina no es ajena y Mendoza menos. Sin embargo, ocurre algo particular en la provincia. Mientras a nivel nacional aparecen figuras disruptivas y "anti casta política", y del otro lado de la cordillera (como ocurre en gran parte del mundo) los partidos tradicionales se diluyen y pierden crédito, en Mendoza los dos principales frentes políticos están basados en la UCR y el PJ, los partidos tradicionales que se fortalecieron o tuvieron intentos en ese sentido. Tan es así, que la representación política estará más polarizada que nunca y casi sin representación de fuerzas que podrían ser catalogadas como disruptivas. Claro, que con muchos matices, como que las figuras disruptivas cayeron en la misma bolsa de descrédito que el resto en poco tiempo.

Hay algunas actitudes virtuosas en algunos de los dirigentes políticos que lideran, aunque con su interés particular por supuesto. Ocurrió con Alfredo Cornejo, que fortaleció a la UCR como eje para su proyecto de poder. Y Anabel Fernández Sagasti se "peronizó", recurrió a la lógica partidaria y hasta sumó en su momento a Unidad Ciudadana dentro del PJ. Hay un interés particular de cada uno detrás, pero igualmente la puesta en valor de los partidos como instrumento tiene un valor positivo; más en un contexto de poca empatía popular, porque suponen un trabajo colectivo. Pero hay un matiz importante que desangeliza ese ideal: en la política local la obediencia ha sido mucho más preponderante que la rebeldía. 

La "institucionalidad mendocina" que tanto infla el pecho tiene algunos diferenciales respecto a lo que ocurre en otros lados, pero el deterioro existe. No se rompe, pero camina por el borde. Por una hegemonía abrumadora por parte del oficialismo de Cambia Mendoza, que tiene el control político de la justicia, los organismos de control, la Legislatura y hasta los colegios profesionales. Y también por una estructural falta de respuesta a las demandas: gran parte de los indicadores que marcan la pobreza de Mendoza en distintos planos se arrastran desde hace décadas y marcan un deterioro creciente y falta de soluciones. La política es la herramienta, pero los operarios que tuvieron a cargo el manejo de ese instrumento no estuvieron a la altura. 

Los indicadores de infraestructura, de desarrollo humano y la percepción del nivel de discusión se han deteriorado. Esa pobreza estructural requiere de pactos imprescindibles para al menos soñar con un futuro mediato que al menos entusiasme y saque a la provincia del hiperrealismo depresivo en el que está sumergida desde hace tiempo. A grandes rasgos hay tres ejes.

Cuidar la escuela

La escuela es el mejor lugar para los niños y adolescentes. En medio del deterioro generalizado y las carencias, el aula es el sitio del Estado que mayor cercanía tiene. Incluso muchas veces el único vínculo del Estado con ellos. La multiplicidad de responsabilidades que recayeron sobre las escuelas tienen que ver con el fracaso de otros estamentos. Y en el medio, la misión original de la escuela se solapa con otras que también son fundamentales. En la escuela se come, se cura y se educa. Pero la última misión tiene cada vez más problemas porque también se heredan las desigualdades. 

Al hablar con los actores del sector de manera aislada hay coincidencias. El futuro pacto por la educación tiene que incluir la visión y el cuidado de los docentes, de los gremios, del Gobierno, de las familias y de quienes menos participación tienen en el debate: los alumnos. Pero parte, incluso, desde lo básico: cuidar los edificios, hacerlos propios de parte de la comunidad. Cambia tu escuela para cambiar al mundo. 

El punto de partida es complejo. La escuela primaria es universal, la obligatoriedad de la secundaria es testimonial y hay una tasa de promoción de solo el 43% en ese nivel. El nivel inicial ha crecido pero la desigualdad de acceso es enorme. 

Los datos del sistema educativo y lo que se esperaba, antes de la pandemia. 

La pandemia y la suspensión de clases presenciales generó una alteración enorme en los planes y volver a equilibrar el sistema llevará años. 

En el Gobierno tienen en mente lanzar una convocatoria para priorizar la escuela. El primer esbozo había sido el congreso pedagógico y la discusión de una ley nueva. Ahora irán por otro tipo de convocatoria. Pero en el medio hay acciones políticas importantes. Una de ellas es la elección en el SUTE, que enfrentará a la actual conducción, de la izquierda, con el sector del PJ que condujo el gremio por más de una década. Del resultado de esa elección también surgirá la forma de vinculación con el Gobierno. La idea de un "pacto" es tratar de sacar de las peleas diarias y coyunturales algunos temas que son de urgencia indiscutible: mejorar el acceso, la calidad, la infraestructura, la vinculación y el arraigo con la comunidad de las escuelas. 

Pacto por la sustentabilidad

Mendoza "no alcanza" para todos los mendocinos desde hace tiempo. Como ocurre en todo el país, más de un tercio de la población está marginada de los circuitos formales del empleo y los derechos. La pobreza supera al 43% y hace más de una década que no crece el empleo privado. Algunos de los pilares económicos están estancados (como la industria del petróleo y otros que tienen potencial enorme (como el turismo) son bombardeados desde la Nación. 

A la tensión por la falta de oportunidades económicas, se le suma una complejidad aguda: los recursos naturales son escasos y Mendoza necesita una gestión precisa. El agua es el principal: la sequía extrema que vive la región afecta la producción y hacia el futuro el impacto del cambio climático generará la necesidad de más cambios para adaptarse y mitigar los efectos. Por eso en Mendoza hacen falta planes de desarrollo, pero no a cualquier precio. 

La sustentabilidad parte por mejorar la calidad de vida de los habitantes de un territorio, sin afectar de manera nociva al entorno. Hoy no hay sustentabilidad económica y hay vulnerabilidad ambiental. Un valor positivo de la provincia es el enorme caudal de información que está dispersa: desde planes de oportunidades de negocios, hasta diagnósticos ambientales precisos. El plan de ordenamiento territorial detectó esos potenciales y riesgos y puso algunas máximas de convivencia, como la idea de ser "buen vecino" entre municipios para desarrollar actividades. La provincia tiene, además, una cantidad de casas de estudio que permiten poner en crisis cualquier idea para agregar valor. 

Rodolfo Suarez lanzó el Consejo Económico y Social como forma de nuclear ideas y proyectos estructurales. Ese organismo no ha tenido el vigor esperado, al menos por ahora. Tampoco los acuerdos. Por ahora prima la tensión de intereses particulares, por sobre el equilibrio para buscar el bienestar general.

Pacto institucional

El área de las reformas políticas es el eje que retomó el Gobierno tras las elecciones y, entonces, se entiende que es su principal prioridad. La Constitución de Mendoza atrasa y en eso están todos de acuerdo. El problema es que cada sector intenta impulsar las reformas con una visión propia y casi sin posibilidad de recibir sugerencias. Cuando gobierna el PJ, la UCR se opone. Cuando gobierna la UCR, el PJ le responde con la misma moneda. 

El proyecto oficial de reforma de la Constitución apunta principalmente a bajar el poder de la Legislatura y cambiar los mecanismos electorales, además de sumar derechos ya vigentes y algunas novedades como el equilibrio fiscal con rango constitucional. El peronismo hoy está mareado internamente y se reconfiguran los liderazgos. 

La reforma impulsada por el Gobierno no incluye otros ejes clave, como el mecanismo electoral para votar (boleta única) ni tampoco cambios en la justicia que son necesarios como la forma de elegir jueces de la Corte para darles más independencia, los votos secretos del Senado para los avales y algunas cláusulas que podrían generar transparencia. Justamente el oficialismo no va contra un estatus que hoy lo beneficia: la casi invisible línea divisoria entre poderes del Estado y la influencia para intervenir desde la política a la Justicia y organismos de control.

 

 

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