La peor derrota del peronismo fue que Cambiemos terminara su mandato

La peor derrota del peronismo fue que Cambiemos terminara su mandato

Los resultados del domingo son analizados desde la coyuntura. Sin embargo, muestran un cambio político. El de una fuerza opositora que gane la primera elección legislativa tras dejar el poder. La importancia del hecho de que Cambiemos lograra terminar su mandato. Rompió con 91 años de historia.

Horacio Alonso

Horacio Alonso

Mientras el Gobierno nacional continúa forzando la lógica matemática para no aceptar el resultado de las urnas, hay un dato particular de estos comicios que lo diferencia de los anteriores. Es la primera vez, desde el regreso de la democracia, que una fuerza política opositora gana las primeras elecciones legislativas de una administración de otro signo.

En 1991, la UCR ocupó el segundo lugar, detrás del Partido Justicialista, bajo la presidencia de Carlos Menem. En 2005, a dos años de asumir Néstor Kirchner, el Frente para la Victoria fue el claro ganador sobre el resto de los partidos que, en ese momento, se habían atomizado, tras la ruptura de la alianza que llevó a la presidencia a Fernando de la Rúa.

En la etapa anterior al golpe militar de 1976 no existe la posibilidad de realizar estas comparaciones ya que la constante interrupción de los procesos institucionales no permitió la sucesión democrática. Es por eso que en esta elección se produjo este hecho novedoso. El de una coalición política que, a dos años de haber dejado la gestión, tras perder los comicios, provoca un golpe electoral al partido gobernante.

Hay un factor clave que puede explicar esta realidad. A diferencia de lo sucedido en 1991 y 2005, la fuerza opositora no estaba debilitada por la salida anticipada del Gobierno dos años antes. La coalición de Juntos por el Cambio -anteriormente Cambiemos- logró el acontecimiento político histórico de haber podido terminar su mandato, algo que no sucedía, salvo para los gobiernos peronistas, desde 1928, cuando Marcelo T de Alvear le entrego la banda presidencial a Hipólito Yrigoyen. Hubo que esperar 91 años para que eso sucediera.

Si bien el Gobierno de Mauricio Macri terminó con una profunda crisis económica, pudo cumplir sus cuatro años de mandato y provocar ese hito histórico. Al radicalismo le llevó más de diez años para recomponerse de la debacle alfonsinista y volver a ser una alternativa electoral. Tras la caída de la Alianza, la oposición requirió  también una década para tener peso electoral. 

En cambio, Cambiemos compitió en las elecciones del 2019 con un importante caudal político. Ese es un punto que contrasta con procesos anteriores y, tal vez, sea algo que el Gobierno de Alberto Fernández no tenga en cuenta. Mientras intentan maquillar el duro revés electoral del domingo pasado, no se evalúe como una posibilidad que, por las consecuencias políticas para el futuro, la verdadera derrota del peronismo fue que su rival político terminara su mandato y le arrebatara la exclusividad del monopolio del poder. Es común escuchar la frase de que  el peronismo es la única fuerza que puede gobernar.

La última experiencia opositora, más allá de los problemas económicos, demostró lo contrario. En un país con tanta debilidad institucional, algo tan normal como pode cumplir el período del gobierno que marca la Constitución se convierte en un hecho inusual y de una fortaleza impensada.

Posiblemente, este hecho no pueda ser dimensionado en su total magnitud en la actualidad y el paso de los años podrá darle real importancia. Un paralelismo se puede encontrar en la figura de Raúl Alfonsín y su importancia para la vida democrática del país. Su Gobierno fue una bisagra histórica en materia institucional. Eso no se percibió en su momento y hubo que dejar pasar los años para que se le diera la importancia debida. Fue por eso que el expresidente, más allá del derrumbe económico, fue revindicado políticamente mucho tiempo después.

El cambio político que se produjo en 2019, con un presidente democrático entregándole el poder a un sucesor de diferente signo, modificó las reglas del juego y puede marcar los próximos tiempos. Un Gobierno que no puede reconocer lo que sucedió el domingo, difícilmente pueda comprender que la realidad comenzó a cambiar antes.

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