Rodolfo Suarez: los "delincuentes naturales", los mapuches y un viraje sobre su futuro político

Rodolfo Suarez: los "delincuentes naturales", los mapuches y un viraje sobre su futuro político

El gobernador Rodolfo Suarez analizó las causas de la inseguridad y tuvo polémicas declaraciones. Además, hubo un viraje en el discurso sobre su futuro político.

Pablo Icardi

Pablo Icardi

Hay una diferencia entre interpretar lo que dice la gente y decir las cosas como un ciudadano común, sin medir lo que genera cuando el que habla es un dirigente que crea agenda y marca caminos. El gobernador Rodolfo Suarez probablemente haya exagerado en la búsqueda de empatía con un sector de la sociedad y como resultado haya generado un sesgo prejuicioso. Que hay delincuentes prácticamente predestinados genéticamente;  que hay "riesgo" de que en la Arístides haya mapuches; todo en el marco de su análisis sobre la seguridad. Suarez responde como una profundidad epidérmica y generó repercusiones impensadas, luego de su entrevista en MDZ Radio

Rodolfo Suarez defendió la política de Seguridad de su gestión con argumentos muy similares a los usados por Alfredo Cornejo, asegurando que los delitos violentos no crecieron y sí, en cambio, los robos menores. El "raterismo" según lo mencionó. En ese plano asoció la crisis social y económica al tema, que hicieron crecer los mercados negros que generan inseguridad. Pero Suarez hizo allí algunos reduccionismos. "Las crisis sociales llevan a la delincuencia y es un mal de toda la Argentina. El delito es multicausal. Existe el delincuente natural, que nace con genética natural. Pero sin lugar a dudas los contextos sociales, que a la vez forman la cultura de un determinado pueblo, en un determinado tiempo y en un determinado lugar hacen a esta cuestión. Es un tema muy complejo"; dijo Suarez.

El equipo que trabaja detrás de escena en la política de Seguridad planteaba al inicio de la pandemia que como consecuencia del cierre total de la economía, podría generar hechos de inseguridad y violencia en el mediano plazo. No era un pronóstico descabellado, sino medido. El gobernador hizo una síntesis general con ese concepto, pero no fue el único.

 

La inseguridad terminó como tema de agenda por un hecho ocurrido en Buenos Aires, pero está entre las principales preocupaciones sociales desde hace tiempo. Suarez buscó empatizar con la visión de su electoral principal: la clase media. Allí también hizo una generalización que no cabe para Mendoza. Quiso asociar la falta de control de la Nación en temas de seguridad ejemplificándolo con el conflicto que se generó en la Patagonia con algunas organizaciones como la Resistencia Ancestral Mapuche, que no tiene ramas en Mendoza. Y su idea despectiva de que "en cualquier momento vamos a tener mapuches en la Arístides" ya generó problemas. Es que hay al menos 8 mil mendocinos mapuches, principalmente en Malargüe y San Rafael (agrupados en unas 25 organizaciones), que tienen un arraigo enorme y no tienen nada que ver con la violencia de la RAM. Sí hay conflictos con empresas petroleras, por ejemplo, por el uso de la tierra y también litigios judiciales. 

Suarez 2023

El gobernador Rodolfo Suarez cambió de parecer. A poco de asumir decía que el 10 de diciembre de 2023, un día después de dejar el cargo, reabriría su estudio de abogado y volvería al llano, que su ambición política terminaba junto con su "trabajo" de gobernador. Ahora, como dijo en MDZ Radio, asegura que le "gusta" la idea de ser parte de un armado nacional y hasta integrar una fórmula presidencial junto a Horacio Rodríguez Larreta, versión surgida de las propias entrañas de Casa de Gobierno. "Me gusta, cómo no me va a gustar. Hace tiempo decidí dejar la profesión de abogado y dedicarme a la función pública. Por supuesto que me gusta", dijo Suarez

El cambio en el parecer de Suarez tiene varios motivos, pero dos centrales. Por un lado un sinceramiento: difícilmente estaba en la mente del gobernador volver al llano tras un largo vínculo con la vida política y una carrera vertiginosa en los primeros planos. Pero además Suarez entendió que en política, y particularmente en Mendoza, declinar ambiciones es firmar una sentencia de retiro. A Suarez le quedan dos años de gestión, sin temas sanitarios como desafío y excusa para todo y con una crisis que requiere pericia política y control. "Disfruté mucho la intendencia, le estoy poniendo todo a la gobernación. Sería absurdo, ridículo decir que no me gusta. Me gusta el desafío. No sé si tengo el peso político.  Para gobernar la Argentina que viene se necesita una amplitud del espacio, como es Cambia Mendoza", aseguró. 

El contexto político interno puede ser hasta más complejo que el externo, pues estará marcado por la lucha por la sucesión; los intendentes que no se pueden reelegir y la combinación de proyectos locales y nacionales. Esa idea máxima de que el gobernador de Mendoza al no tener reelección diluye su poder en los últimos dos años es el temor que rodea siempre al despacho donde descansa el sillón de San Martín. "Ni el café te sirven", solía decir un exmandatario cuando se dio cuenta del deshoje de poder. 

Pero puede haber una ambición real. Suarez tiene una empatía particular con el PRO porteño. La tenía con Mauricio Macri en una relación que le dio frutos políticos enormes como intendente. Y la tiene con Horacio Rodríguez Larreta. La división geográfica no es antojadiza. Con el PRO local no tiene buena relación, particularmente con Omar De Machi. Pero sí con los fundadores del partido amarillo. Las encuestas de evaluación de gestión son el cebo que tienta al gobernador. 

Suarez puede encarar ese tramo con la curiosa configuración política. Una polarización extrema en la Legislatura, sin vínculos de diálogo con la oposición y con prescindencia de negociar. Es decir, no necesitaría el diálogo que muchos piden para sacar leyes o gobernar; es decir mantenerse en el estatus actual, pero potenciado. Claro, todo en un contexto incierto. El 15 de noviembre es la fecha bisagra para él y para Alberto Fernández. Les tocará gestionar un país en el que no hay plan. Suarez mismo lo reconoció al aire: no saben cuál es el escenario futuro y ni él ni Fernández lo disimulan. Incertidumbre sobre un presente también incierto.

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