La pelea no fue por hallar la solución, sino por quién tuvo la culpa
Una incógnita plantea la elección del domingo en Mendoza. Existe, según los encuestadores, alrededor de un diez por ciento de los votantes que todavía no definen y que, si bien de su decisión no dependerá el resultado en términos generales, sí podría terminar definiendo las diferencias entre Cambia Mendoza y el Frente de Todos o bien hasta donde se producirá el crecimiento final de algunas de las terceras fuerzas que resultaron más votadas en las PASO.
En estos comicios todos los frentes ya tienen un panorama más que claro: el oficialismo provincial apunta a mantener la diferencia de casi diecinueve puntos que le sacó al peronismo, quien terminaría reteniendo el porcentaje de votos obtenido en las internas y podría sumar, según proyecciones, algo de los que todavía no definen. Ahora bien: las consultoras no lograron determinar de manera efectiva hacía dónde se dirigirán esos indecisos en definitiva ¿Servirán para ampliar la diferencia del Gobierno? ¿O se inclinarán por romper la polarización?
La clave está en que el voto indefinido detectado a días nada más de los comicios, coincide en porcentaje con el voto en blanco registrado en las PASO. Es un electorado refractario a la política en general y, aunque esta vez esos votos serán contabilizados como positivos, podrían volver a manifestarse en el mismo sentido en el que lo hizo en septiembre.
Muy probablemente uno de los motivos de la continuidad de ese descontento esté vinculado a lo que fue la campaña en sí misma: oficialismo y oposición terminaron cristalizando un enfrentamiento discursivo que derivó en que no quedara en limpio ni una sola iniciativa por parte de los candidatos principales para llevar al Congreso. Todo el debate se redujo a un punto y fue intentar responsabilizar al adversario por los problemas de la provincia.
Y por allí transitó el mensaje de Alfredo Cornejo y el resto (con Rodolfo Suarez como protagonista también) para quienes la macroeconomía es la principal causa de la crisis y, en ese sentido, el mayor peso recae sobre la gestión de Alberto Fernández. Anabel Fernández Sagasti buscó torcer ese discurso. Intentó instalar que la carga de los problemas se la llevara Suarez y apuntó a convertirse luego de las PASO en opositora a nivel provincial para hacer campaña con eso.
El frente a frente televisivo entre Cornejo y Sagasti de este miércoles reflejó todo. Casi a los gritos, se echaron en la cara las responsabilidades que cada entiende que tuvo el otro. No hubo chance de que, en ese encuentro casi único producido en los últimos años de las dos principales figuras políticas de la provincia, se encontraran puntos de consenso. Se notó que hace tiempo se tenían ganas el uno al otro, pero no para sacar a la provincia adelante. Todo lo contrario. Y esto, sin mencionar ya no solo las chicanas, sino las agresiones personales que se lanzaron durante toda la noche.
El debate del martes por la noche en San Rafael no fue sino otra muestra de todo esto. En un aspecto vital como es el desarrollo económico, Sagasti atacó: “Si Mendoza no tiene nada que ver con lo que está pasando ¿Por qué somos la peor provincia en generación de empleo privado? La macroeconomía es para todos por igual”. Y le respondió Mariana Jury: “Si hay alguien que está asfixiando a las Pymes, ese es el gobierno nacional”. Y así, en todos los asuntos que se discutieron.
¿Cuál fue el mensaje que se terminará imponiendo finalmente en el electorado? Sin dudas que en estas últimas dos semanas de campaña el peronismo logró que se debatieran los temas locales por sobre los nacionales y que, de alguna manera, se terminaran poniendo sobre la mesa las falencias de la gestión de Suarez. Pero a juzgar por lo que podría ser el resultado final, la difícil situación de la economía a nivel nacional terminaría imponiéndose. El bolsillo de la gente, otra vez en una elección en Argentina, sería lo que termine inclinando la balanza.


