Una ciudad amigable con el ambiente y con el progreso, pero también con el orden urbano

Una ciudad amigable con el ambiente y con el progreso, pero también con el orden urbano

Las quejas de vecinos por la construcción de torres y proliferación de comercios reactivó la discusión sobre qué tipo de capital provincial queremos.

Nicolás Attias

Nicolás Attias

Está claro que el progreso no se puede detener, pero sí es posible encauzarlo para volver más "vivibles" y habitables todos los órdenes sociales posibles. De eso trata el gran y urgente debate actual que busca frenar la contaminación de la tierra y la emisión de gases de efecto invernadero, para no hipotecar la casa de todos, nuestro planeta.

En un caso más próximo y cercano, en la Ciudad de Mendoza se ha reactivado un debate que tiene que ver con el tipo de ciudad que queremos a partir de la proliferación de comercios que se dio en distintos barrios tradicionalmente más residenciales, a la par que la pandemia obligó a muchas familias a reinventarse para poder sobrevivir.

También con la construcción de torres en sectores estratégicos como el corredor de Boulogne Sur Mer, que cruza la ciudad a lo largo de su frontera oeste y delimita con el pulmón natural de Gran Mendoza que es el Parque General San Martín.

Algunos centros vecinales pusieron en entredicho la elevación de esas torres ante el temor del impacto ambiental y visual que puedan causar, y que cambien para siempre la fisonomía urbana. En este sentido, existe una corriente arquitectónica que sostiene que el perfil urbano mendocino debe respetarse en determinadas zonas claves teniendo como límite de altura el alto de los árboles.

Uno de sus exponentes, el arquitecto Gerardo Montaruli, que presidió el colegio de arquitectos de Mendoza, postula que no se debe traicionar la histórica impronta mendocina de preservar el arbolado contiguo a la acequia, la calle, y luego acequia con su correspondiente hilera arbórea. Todo esto en un entorno de construcciones que respeten el límite natural de las copas de los árboles para preservar el equilibrio ambiental.

Gerardo Montaruli, arquitecto

También existe otra corriente que, sin contradecir abiertamente a la de Montarulli, propone una ciudad mixta, integrada, sin zoning, esto es sin áreas urbanas estrictamente residenciales. Preservando el patrimonio, pero también permitiendo el avance de emprendimientos y desarrollos comerciales. Para estimular la actividad de la economía urbana y también preservar la seguridad de todos los vecinos con el movimiento y tránsito que genera la presencia de negocios.

Pero la cuestión aquí tiene que ver con el sentido, los controles y los permisos que se otorgan para los desarrollos urbanos o de locales de venta. Está claro que la planificación debe anteceder a todo nuevo proyecto para preservar no solo el equilibrio ambiental sino también  un orden urbano coherente con la vida de los mendocinos.

De nada sirve que la construcción de la ciudad tome altura sin control o una diáspora comercial sin respetar una coherencia y convivencia habitacional, para preservar un ecosistema estratégico que conserve el equilibrio natural que precisa una ciudad enclavada en el desierto. Lo mismo corre para el impacto visual. Este debe armonizar con las edificaciones preexistentes. Y en cuanto a la multiplicidad de negocios, toda iniciativa que agregue economía es bienvenida pero bajo un paraguas ordenador del tejido urbano.

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