La inseguridad, a cargo de cuatro ministros de paso y con poder limitado

La inseguridad, a cargo de cuatro ministros de paso y con poder limitado

Los principales funcionarios nacionales y bonaerenses encargados de solucionar o encauzar los problemas que generan la inseguridad y la falta de condenas están preocupados por estos temas. Alberto Fernández, Sergio Berni, Carlos Soria y Julio Alak no se hablan entre sí.

Alejandro Cancelare

Alejandro Cancelare

"En estos días va a haber una novedad" le dijo uno de los más calificados referentes del Frente de Todos a MDZ cuando se lo consultó sobre alguna reacción pública ante los desatinos observados por los dos ministros de Seguridad más importantes del país, Aníbal Fernández, en la Nación, y Sergio Berni, en la Provincia de Buenos Aires. 

Sin embargo, tras cuarenta y ocho horas de esa definición, producida ante una pregunta puntual, nada ha pasado y ya parece que nada pasará. Si bien es un gobierno acostumbrado a las sorpresas, no siempre gratas, sábado y domingo no parecen ser de los días a utilizar para un anuncio que afecte a uno de los problemas que más preocupa a la población. 

Según revelan todas las encuestas, en promedio, más de un 70% de la población posicionó a la Inseguridad en el primer problema para resolver. En los trabajos territoriales, siete de cada diez personas han dicho haber sufrido algún hecho traumático por robo u otro delito contra la propiedad privada. 

El tema postergó entre las mayores preocupaciones a la desocupación y a la inflación, que también inciden en la cotidianeidad del Gran Buenos Aires. Sin embargo, para enfrentarla, hay cuatro funcionarios que hablan poco o nada entre sí y, además, cada uno maneja una realidad muy distante a los temas que tienen que resolver. 

Sergio Berni, quien ya tomó la decisión de renunciar y espera un "operativo clamor" que nunca llega para que reconsidere esta determinación, sabe que cuando se vaya provocará un vacío difícil de llenar y que inmediatamente se lanzará a un proyecto político propio, quizás por fuera del Frente de Todos, donde cada vez le quedan menos amigos. 

Para cumplir con su propósito de instalación mediática y anuncios casi diarios el ministro bonaerense dispone, entre otras tantas herramientas, de un mega depósito ubicado en la zona norte, en la que están estacionados los patrulleros que suelen verse en las inauguraciones y entrega de vehículos.

En Boulogne, San Isidro, muchos vecinos se asombran porque nadie cuenta que más de una vez, como no llegan a tiempo con las unidades necesarias, este "resguardo" los ayuda a salir de alguna urgencia. Por ejemplo, en el pasado, utilizó su mala relación con Sergio Massa para hacer sus primeras apariciones en Tigre, con Julio Zamora, cuando las relaciones entre el diputado nacional y el intendente eran imposible de recomponer.

Hoy, en tanto, no dudó en visitar a Fernando Gray, el jefe comunal que discutió abiertamente con Máximo Kirchner por la conducción del PJ. El referente de Esteban Echeverría, en el Sur del Conurbano, se "plantó" contra la decisión del hijo de los dos presidentes en su pretensión de asumir, en marzo pasado, y antes de que se terminaran todos los mandatos, la conducción partidaria del justicialismo bonaerense. 

"El loco (así le dicen a Berni) no va a renunciar. Y cuanto más se lo pidan, menos se va a ir. A él no lo van a correr con los tiempos", dijo un funcionario que lo conoce desde hace tiempo. Igualmente, esta semana fue una de las peores que tuvo que sobrellevar como ministro de Seguridad. 

Si bien ya encontraron a los culpables de los asesinatos de Lucas Cancino, en Quilmes, Rodrigo Becker, en Tres de Febrero y Gonzalo Relfi, en Avellaneda, la realidad lo sorprendió en una discusión intestina sobre el espacio en el que participa. Como consuelo puede seguir sosteniendo que todos los asesinos deberían haber estado presos y que la Justicia, a la que critica sin piedad, prefirió "sacarse el problema de encima" y optó por el delito menor cada vez que los tuvo que confinarlos a una cárcel. 

Su par nacional, en tanto, apenas asumió lo único que hizo fue ratificar su rol de vocero confrontativo del oficialismo kirchnerista. La última aparición de Aníbal Fernández fue un nuevo triste episodio en la cadena de errores no forzados del Frente de Todos. En un solo twitter se inmiscuyó en la vida privada del dibujante NIK y atacó a un colegio de la colectividad judía. 

A solo dos semanas de haber vuelto a la primera plana del gabinete, Fernández no pudo avanzar un centímetro con su relación en el Gran Buenos Aires y hasta ahora no coordinó ningún encuentro con su par provincial.

Tanto Berni como Fernández tienen una misma visión contraria contra el Poder Judicial. Mientras que el bonaerense acusa a jueces y fiscales de hacer de las comisarías "una puerta giratoria", al ministro nacional lo obsesiona cada particularidad de los miembros, fundamentalmente en la Justicia Federal de Comodoro Py. 

La llegada de Carlos Soria en lugar de Marcela Losardo, la amiga y socia de toda la vida del presidente Alberto Fernández,  tampoco pudo construir nada ni tampoco influir en la Justicia nacional. Los jueces de la Suprema Corte discutieron y eligieron autoridades sin su intervención, hasta pareciera en contra de lo que pretendía el Gobierno, y la renuncia de Elena Highton los tomó por sorpresa a todos. 

En Buenos Aires, Julio Alak casi se imagina que es ministro de Justicia y cuenta los días para que el Senado debata el nombramiento de los ministros de la Corte provincial que deben completar su cuerpo de manera definitiva. Su paso no ordenó ni despejó ninguna incomodidad para el oficialismo, que todo lo mira con una óptica política cuando se habla del futuro del procurador general, Julio Conte Grand. 

Alak y Soria tienen los mismos problemas cotidianos. Mientras que en la Provincia el secretario general de la Gobernación, Federico Thea, es quien termina autorizando los concursos y nombramientos y era, hasta el cambio de gabinete al que fue obligado Axel Kicilof, el filtro imprescindible para cualquier negociación sobre el tema judicial, en el ámbito nacional el viceministro Juan Martín Mena es el encargado de todas las negociaciones y posturas de Cristina Fernández de Kirchner. 

En estos dos temas, nuevamente, el oficialismo muestra lo alejado que se encuentra de la demanda cotidiana. Los responsables de resolver el principal problema de la sociedad. 

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