Alerta por las clases: el riesgo de crear "guetos" educativos por la falta de respuesta del Estado

Alerta por las clases: el riesgo de crear "guetos" educativos por la falta de respuesta del Estado

La falta de certezas por las clases hace que haya quienes busquen salidas individuales para garantizar mejor educación. La diferencia de acceso profundiza la brecha educativa.

Pablo Icardi

Pablo Icardi

Profesores particulares, clases virtuales sofisticadas. Tutores por área. Aulas "clandestinas" dentro de barrios privados. Algunas  familias de Mendoza y el país comienzan a buscar alternativas para que sus hijos tengan clases en caso de que se mantengan las restricciones impuestas el año pasado. Cualquier salida parece válida; pero es una solución individual a un problema colectivo y que se puede transformar en estructural para Argentina. Que ante un problema, no sea el Estado el que lo resuelva y lo administre sino que cada uno busque soluciones según sus posibilidades.

Durante 2020 ya ocurrió. Ante la ausencia de soluciones oficiales, se crearon sistema "clandestinos" de educación inicial: jardines de infantes que funcionaban en casas particulares, circuitos de docentes que daban clases particulares a grupos de niños y otras alternativas. 

La brecha de acceso a la educación entre niños y adolescentes  profundizada por la pandemia y la restricción al dictado de clases hacen que la para este año sea uno de los temas más complejos. 

El escenario político es incierto: el Gobierno nacional sigue con comunicaciones erráticas y el ministro Nicolás Trotta recién está en ronda de consultas con los distritos para evaluar los esquemas de retorno a la presencialidad. Así como ocurrió el año pasado, cuando en mayo comenzaron a "dialogar" y en noviembre recién se abrieron muy pocas escuelas, la maquinaria burocrática parece ir detrás de las demandas del momento. El presidente Alberto Fernández dijo el fin de semana que las clases volverán. Para lograrlo deberá vencer también el "fuego amigo" que viene de parte de la oficialista Ctera

En Mendoza Rodolfo Suarez y José Thomas confían en que haya clases desde el 1 de marzo, aunque, como adelantó MDZ, muchos alumnos vuelvan en febrero. Pero lo del Gobernador y el Director de Escuelas por ahora es un optimismo de bajo perfil. "Sin circo", explican. Como ocurrió en noviembre, cuando las escuelas técnicas abrieron luego de un año casi en pausa. 

Saben que la educación no resiste un año más igual que el 2020. 

La UNESCO y también Unicef ya recomendaron hace meses no cerrar las escuelas y que si hacía falta restricciones no sean generales. Es decir, todo lo contrario a lo que se hizo en Argentina, donde se clausuraron las clases de manera general y en todo el país aún cuando solo había circulación comunitaria de coronavirus en el AMBA. 

Las escuelas no son focos de contagio, pero sí pueden serlo el aumento de la movilidad. Por eso las clases no solo involucran abrir los edificios, sino prever el transporte y la logística para evitar aglomeraciones. 

El plan prevé un sistema mixto. En teoría funcionaría, pero en la realidad es mucho más difícil. La falta de acceso a medios tecnológicos es profunda y profunda. En Mendoza las conexiones a Internet cayeron el año pasado y 4 de cada 10 hogares no tienen una computadora en sus casas. Según los datos del ENACOM, solo 36 de cada 100 hogares tienen conexión a Internet. Es la segunda provincia con nivel más bajo de conectividad, solo superando a Formosa. 

"La situación relevada en el país indica que menos de la mitad de los hogares cuenta con acceso fijo a Internet de buena calidad en la señal y 1 de cada 2 no cuenta con una computadora disponible para usos educativos. Según datos oficiales, cerca de un millón de chicos y chicas matriculados en marzo de 2020 en algún nivel de la educación obligatoria ha mantenido bajo o nulo intercambio con su escuela, lo que coloca en severo riesgo su continuidad escolar", advierten desde UNICEF. "Por eso, hoy es prioritario volver a las aulas de forma segura y planificada, poniendo en marcha sistemas de alternancia, grupos reducidos y el uso de distintos espacios públicos y escolares", agregan. 

En los datos relevados por esa organización, hay indicadores alarmantes y difíciles de revertir. Uno de ellos es el abandono escolar, que está invisibilizado por la pandemia, y el cambio de objetivos: cerca del 10% de los adolescentes comenzaron a trabajar de manera informal, dejando de lado las actividades educativas. El diagnóstico real sobre el impacto de la política para enfrentar la pandemia se conocerá recién este año; las consecuencias serán a largo plazo. 

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