Ameri y el bacanal de la decadencia institucional

Ameri y el bacanal de la decadencia institucional

Juan Ameri se convierte en símbolo de la decadencia institucional. Un bacanal de baja monta, un ejemplo de dirigente que ya imaginó Alberto Olmedo y que hoy nos gobierna.

Pablo Icardi

Pablo Icardi

La obscenidad del diputado Juan Ameri no está en la exhibición sexual que hizo en plena sesión,  sino en la construcción simbólica del poder que él representa. 

Da pudor tener que explicarlo. En plena sesión, un legislador en uso del cargo sienta a una mujer en su falda y alterna el debate legislativo con placeres propios de la vida privada. Un bacanal digno de la decadencia. Una imagen que demuestra que la dirigencia argentina está mucho más cerca del dictador de Costa Pobre imaginado por Alberto Olmedo en No toca Botón que de los grandes estadistas que se requieren. 

 "Las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados". Lo dice la Constitución. Pero en Argentina la política es tan perversa que las acciones institucionales y la administración de la cosa pública se manejan con una informalidad superior a la vida privada y, más aún, con mayor impunidad. 

No hace falta sumar argumentos, pero es degradante para la institucionalidad argentina. Pobre Ameri que será el chivo expiatorio. Pero alcanza una mínima retrospectiva para darse cuenta que el Congreso ha deshojado su legitimidad por goteo. Es el mismo Congreso que no sesiona de manera transparente desde hace tiempo, el que conduce estrategias legislativas para buscar impunidades antes que leyes. 

 

La historia reciente de la institucionalidad argentina tiene muchos capítulos "disruptivos" que han hecho naturalizar irregularidades manifiestas. Desde el "diputrucho" para aprobar privatizaciones, pasando por candidatos testimoniales, dirigentes que se enriquecen sin justificación, condenados que pueden ejercer cargos públicos, una presidenta del Senado que conduce sesiones para tratar de mover jueces que tienen causas que la involucran, sesiones semi legítimas y estrategias vidriosas para aprobar normas. 

Juan Ameri será un mártir en definitiva. Sergio Massa intentó sobreactuar su reacción y citó otros hechos, como un diputado que tomó whisky, otro que "simuló" su presencia. Quienes conocen los despachos del Congreso y su anexo de calle Rivadavia no pueden sonrojarse con esos detalles. La obscenidad de lo que ocurre excede la foto de un hombre y una mujer teniendo sexo. 

 

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