Potasio y un gran proyecto económico que ya no volverá a ser el mismo

Potasio y un gran proyecto económico que ya no volverá a ser el mismo

El Estado se hará cargo de Potasio Río Colorado pero el negocio ya no es el mismo que hace siete años cuando los brasileños abandonaron la mina: de una producción de 4.000.000 de toneladas de sales de potasio se pasará a una de 200.000 toneladas. Y bajará fuerte también la demanda de empleo.

Marcelo Arce

Marcelo Arce

Una larga negociación con la empresa brasileña Vale le permitió a Mendoza recuperar el control de uno de sus activos más importantes. Pero nada será lo mismo para la mina Potasio Río Colorado después de siete años de inactividad y su impacto en la economía será muchísimo menor del que en su momento prometía y entusiasmaba.

Cuando Vale se fue en 2013 para no volver y dejando trunca una inversión hasta ese momento de U$S 2.000 millones, el impacto negativo fue fenomenal en la economía mendocina. La caída del proyecto movió fuerte la aguja y tuvo, entre otros, un efecto en los índices de empleo. Según un estudio de la consultora mendocina Ideal, en aquel momento, la provincia precisó al menos un año para crear la cantidad de puestos de trabajo directos (unos 4.500) que estaban relacionados con Vale y de dos años y medio para cubrir el empleo indirecto (unos 6.500 empleos), que dependían de la firma que terminó resignando inversiones aquí y que luego terminó involucrada en el escándalo del Lava Jato en su país.

La inversión prevista era de U$S 6.000 millones para extraer aproximadamente 4.000.000 de toneladas de sales de potasio. El proyecto comprendía la extracción y el procesamiento del cloruro de potasio en ese yacimiento promesa situado aproximadamente a 200 kilómetros al sur de la ciudad de Malargüe y para la extracción del mineral estaba previsto que se utilizara una tecnología denominada “minería por disolución”. Es decir, un proceso que consiste en perforar un par de pozos hasta encontrar el potasio, que iba a ser disuelto mediante el uso de agua caliente a una profundidad promedio de 1.200 metros.

De todo esto, por ahora solo quedó el mecanismo de extracción. El gobierno de Rodolfo Suarez apunta ahora a gerenciar la mina a través de la creación de una empresa provincial que tratará de aprobar en la Legislatura y que será, en definitiva, quien se asocie con un privado que quedará cargo del negocio.

La inversión original se redujo en proporciones importantes. El ministerio de Economía estima que se necesitarán ahora entre U$S150 millones y U$S 200 millones para poner en actividad a una planta piloto, que produciría no más de 200.000 mil toneladas. La cantidad de empleo necesarios, también se reducirían considerablemente: se estima que en el pico de reacondicionamiento de esa planta trabajarán unas 1.000 personas, para terminar ocupando a unas 200 cuando el proyecto esté en pleno funcionamiento y se maneja la alternativa de poder contratar a otros tantos, si se avanza con la fabricación de soda Solvay como también está en carpeta.

Antes de asumir en 2019, Suarez viajó a China y, en un programa amplio de búsqueda de inversiones, trató de negociar con empresas de ese país financiamiento para Potasio. Nunca trascendió demasiado, pero Mendoza llegó a firmar con una de ellas un acuerdo que quedó sujeto a la confidencialidad de las partes. En este punto, había un interesado visible que era el Instituto de Investigación en Minería de Potasio de Shangai (Shanghai Potash), aunque se menciona que existirían al menos dos posibles inversores más a nivel internacional: uno de origen australiano y otro británico. Por la magnitud de la inversión (mucho menor a la que se manejaba inicialmente) jugadores argentinos también también alcanzarían a meterse entre los competidores.

Los chinos estuvieron en Mendoza, recorrieron el lugar el año pasado y tienen la mirada sobre el yacimiento de minerales malargüino (utilizados como fertilizante) porque su propia producción no les alcanza para cubrir la demanda. En China se consumen en la actualidad 17 millones de toneladas de sales de potasio, pero ese país alcanza a producir 10 millones de toneladas y el resto lo importa. El proyecto original de los brasileños de Vale fue producir en Mendoza 4 millones de toneladas, después se achicó a 1 millón de toneladas y ahora, como se mencionó, quedó acotado a 200.000 toneladas.

En la actualidad, lo que está en estudio es otro plan de negocios. El mercado argentino consume aproximadamente unas 100.000 toneladas de sales de potasio por año que termina importando a valores más altos que los del mercado internacional: en el país se paga alrededor de U$S 400 dólares la tonelada cuando el valor de referencia apenas si supera los U$S 270 en el mundo. La otra parte de la producción, podría estar destinada al Uruguay, potencial comprador también de este producto y en la misma capacidad que la Argentina.

Vale suspendió los trabajos en la mina de extracción en Malargüe en enero de 2013 y meses después se supo que, para continuar, había pedido exenciones del IVA y una tasa de cambio más favorable que la oficial, para compensar el alza en los costos, temas rechazados por el entonces gobierno de Cristina Kirchner. Además de que en aquél momento la empresa había quedado envuelta en un monumental escándalo de corrupción en su país, en el nuestro no había podido escapar de situaciones más que irregulares: para lograr exportar su producción, Vale había diseñado el trazado de un ferrocarril nuevo de 350 kilómetros que salía de Neuquén y luego utilizaba vías existentes hasta el puerto de Bahía Blanca en Buenos Aires, pero en el trazado de esa línea debió resistir los pedidos de “peajes” de cada uno de los gobernadores de las provincias involucradas.

La salida de los brasileños fue un golpe duro para el gobierno de Francisco Pérez, quien llegó a amenazar con la caducidad de la concesión y hasta planteó la posibilidad de encontrar un nuevo inversionista que se hiciera cargo. Buscó alternativas y llegó a mencionar en aquél momento un supuesto interés del holding Mubadala (el grupo árabe que tiene sede en Abu Dabi y que entre otros negocios es propietario del club Manchester City de Inglaterra), pero nada de eso sucedió.

Durante la gestión de Alfredo Cornejo, se negoció la salida de los brasileños a través de un acuerdo que abarcaba la alternativa del retiro de los privados para que el Estado se hiciera cargo de la mina. Fue la solución posible que, de no concretarse, hubiera traído consecuencias graves para la continuidad del proyecto y la apertura además de un largo litigio judicial.
 

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