Volver al pasado: cómo decidió Suarez el retorno a fase 1

Volver al pasado: cómo decidió Suarez el retorno a fase 1

El gobernador tenía decidido aplicar un "off" desde el miércoles, pero tardó tres días en ajustar sus alcances y, fundamentalmente, en encontrarle un nombre alternativo a la medida. Dará prueba con esta decisión de que el botón rojo existe y de que podría volver a apretarlo en cualquier momento.

Juan Carlos Albornoz

Juan Carlos Albornoz

Quien aprieta el botón rojo una vez, puede volver a hacerlo en cualquier momento.

Este es el mensaje implícito o explícito que deja el gobernador Rodolfo Suarez con su decisión de fijar para mañana y pasado un encierro general, que impedirá la circulación de las personas en medio de los festejos de la primavera y que nos retrotraerá a la "fase 1" de los comienzos de la pandemia.

La experiencia podría servir para que la gente "tome conciencia" de los rigores de la fase 1 y sepa que todavía puede venir algo peor en esta cuarentena interminable. Algunos intendentes tienen ese anhelo.

Lo cierto es que los temores a las juntadas de jóvenes por la llegada del día de la primavera eran muy grandes en el Gobierno provincial. Suarez tenía prácticamente decidido aplicar un “off” de 48 horas el miércoles, cuando reunió a los intendentes oficialistas de Gran Mendoza en la Casa de Gobierno.

El gran tema de los últimos tres días fue cómo ponerle a la fase 1, que tiene nombre pero al Gobierno no le gusta: así distingue los niveles de cuarentena la Casa Rosada. Los intendentes hablaron entonces en forma vaga y difusa de “medidas” y hubo quien inventó la fórmula “restricciones selectivas”.

El miércoles faltaba saber también cuándo se ordenaría la medida de encierro. Hubo un poco de nervios en los municipios, que debían organizar a sus preventores y empleados para este fin de semana a partir del anuncio. Pero antes de decir lo que haría a través de sus ministros, el jueves Suarez decidió dar un paseo telefónico por las comunas del PJ.

De los dos intendentes del justicialismo a los que consultó, hay uno que le pide a gritos un cierre prolongado hace mucho tiempo: Emir Félix, de San Rafael. El otro con el que habló telefónicamente fue Matías Stevanato. El jefe comunal de Maipú ha sido hasta ahora muy moderado, pero el jueves había cambiado de postura.

"Tenemos que tomar acciones porque el sistema está saturado", clamó Stevanato públicamente. Antes, el justicialista era mucho más proclive a pedirlo en privado.

El gobernador también volvió a hablar el jueves con los intendentes propios. Aunque acaten las decisiones de Suarez, no todos piensan lo mismo. Daniel Orozco, de Las Heras, está de acuerdo con el endurecimiento de la cuarentena y tal vez esperaba hace mucho esta señal de Suarez. Pero Marcelino Iglesias, de Guaymallén, opina exactamente lo contrario.

Cuando habló el gobernador con Iglesias por teléfono, se encontró con un intendente que por primera vez estaba convencido de apoyar un cierre temporal. “Hay que cortar, porque va a haber mucha tentación de reunirse este fin de semana y hay que evitar que haya un pico dentro de 15 días”, consideró Iglesias.

“Estoy de acuerdo, es parte de lo hablado con el gobernador”, apuntó por su lado el de Godoy Cruz, Tadeo García Zalazar. “Vamos a acompañar con controles y la semana que viene sumamos dos puestos de testeo”, señaló.

Iglesias agregó que la medida tenía un “alto valor simbólico”, ya que coincide con el día de la Sanidad, que también se festeja el 21 de setiembre. Venía bien brindarles a médicos y enfermeros, que están reventados por la pandemia, el gesto del encierro masivo.

En este sentido, el Gobierno habló de "solidaridad" con la sanidad en los mensajes institucionales, para evadir la sensación de crisis y colapso.

Antes de los anuncios, quedaba para resolver el asunto del nombre, para no usar “malas palabras”. “Alerta sanitaria”, fue el eufemismo que eligieron en la Casa de Gobierno.

No se sabe qué aporte va a hacer una fase 1 tan breve, pero tal vez evite males mayores en medio de agobio casi absoluto de los hospitales, particularmente los del Gran Mendoza.

Mostrará también a todo el mundo que el botón rojo existe y que el gobernador está mucho más cerca de apretarlo de lo que se pensaba. Con más razón cuando no se lo reclaman desde la Casa Rosada.

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