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Cómo seguimos, entre la presión de Alberto y la confusión

Rodolfo Suarez define cómo seguirá la cuarentena desde el martes sin haber podido resistir esta vez la presión de la Casa Rosada para que se restrinjan actividades. Se dijo que se cerrarían restaurantes y shoppings, pero podría terminar modificándose esa decisión.

Nunca la cantidad de infectados por Covid-19 había sido hasta aquí tan grande en Mendoza desde el comienzo de la pandemia. Y este pico lo que trajo aparejado desde lo político no fue otra cosa que un escenario de mayor confusión e incertidumbre, una escalda en la tensión entre el gobierno provincial y Alberto Fernández que ya superó los niveles de riesgo y la sensación de que Rodolfo Suarez le agregó un episodio más a la cadena de contradicciones que viene hilvanando casi desde el primer momento en que asumió como gobernador.

Desde el viernes el mandatario provincial y los intendentes del Gran Mendoza vienen debatiendo cómo seguir con la cuarentena luego del contrapunto duro e intenso que Suarez y Alberto mantuvieron por Zoom el jueves por la tarde. Desde aquí la mirada fue unívoca de lo que allí pasó. El presidente buscó en todo momento forzar al gobernador para regrese a la Fase 1, lo que implica una marcha atrás en la apertura económica como consecuencia principal. El tenor del planteo fue muy fuerte: “Casi que nos dijo que en Mendoza, si no se daba marcha atrás con la política de apertura, iba a haber un genocidio por la cantidad de muertos que íbamos a tener como consecuencia del aumento de los contagios y del riesgo de colapso en los hospitales”, según confió un dirigente que un tramo de ese diálogo.

Casi a los gritos Suarez buscó responder (y varias veces corregir) los datos que desde el otro lado de la pantalla esgrimía el presidente. Pero lo que quedó en firme horas después fue que esas aclaraciones no alcanzaron: "Me preocupa Mendoza, donde los contagios se incrementan", fue la advertencia de Fernández, el viernes, al anunciar en un mensaje grabado cómo iba a seguir la cuarentena en el país.


Cómo prácticamente no había sucedido hasta aquí, el gobernador percibió que iba a resultar muy difícil resistir la presión de la Casa Rosada para mantenerse en su postura de que, el mejor camino, era seguir administrando la cuarentena apostando a la responsabilidad individual y a mantener abiertas y funcionando a la mayor cantidad posible de actividades económicas. Esa resistencia la pudo aplicar hace veinte días, cuando también Alberto Fernández había planteado la necesidad de que Mendoza regresara a la fase inicial del aislamiento que ya superó los 160 días.

Pero sin dudas algo cambió y vino en paralelo al aumento de la curva de contagios. Fue, por un lado, la constatación de que la apuesta por las responsabilidades individuales no había sido tan efectiva como se esperaba en la provincia porque la gente, en muchos más casos de lo que se presumía, directamente desoyó los protocolos para cuidarse. Pero, por el otro lado, surgió la preocupación de por un posible colapso del sistema sanitario y en ese sentido el tan remido cuello de botella llegó. .

La preocupación en particular está dado por el incremento en el nivel de ocupación de las camas de terapia intensiva para dar respuesta a la internación de pacientes graves contagiados de Covid. Si bien detectaron que había un inquietante aumento de pacientes infectados y además con neumonía, también se supo que las patologías estacionales normales para esta época del año no habían subido considerablemente. Todavía queda, analizaron en la reunión que Suarez mantuvo con los intendentes, un margen de entre el 10% y el 12% para entrar en zona de colapso. Pero es una cifra muy estrecha si se proyecta que, durante la primeras semanas de septiembre, Mendoza podría alcanzar el pico de infectados.

Lo que se terminará aplicando es una marcha atrás que será implementada más que nada como señal de que se están tomando medidas ante lo que se viene. Aquí se repite el patrón de aquél traspié inicial de este gobernador con la minería: por temor de que lo terminen responsabilizando por los muertos, guardó para otro momento su plan inicial y cambió de estrategia. Pero eso no es asimilable a que haya tenido un Plan B.

Pasó en diciembre. Más allá de la convicción de que la minería era la salida para diversificar la economía y del enojo que lo acompaña todavía, Suarez se felicita por haber pedido la derogación de la ley que modificó la 7722, medida que él mismo había impulsado. Entiende que, de haber insistido con su idea, las protestas de aquella semana hubieran derivado en algunas muertes en las calles.

Ahora bien. Si el desarrollo minero era el plan para crecer ¿Cuál es la estrategia ahora que esa posibilidad está clausurada y que la crisis del coronavirus hizo desbarrancar otros planes? No existen muchas respuestas a ese interrogante.

Podrá argumentarse, como lo hizo Suarez, que las exigencias de la pandemia son muy dinámicas y que la posibilidad de un volantazo siempre está latente en esta crisis. Y eso es totalmente así. Aunque nadie esperaba que los cambios se produjeran de un día para el otro y fue así, de manera literal. El miércoles el propio gobernador ratificaba su posición de que lo mejor para la provincia era mantener el estado de cosas más allá del aumento de casos. “No se va a poder cerrar, no vamos a poder mandar a la gente a la casa. Todos dicen que hay que bajar el "R" que son los contagios. Pero yo no creo que se baje cerrando todo porque la gente se va a mover igual. Se baja con conciencia y responsabilidad de la gente. Es la única manera. Eso sí baja el R, Uruguay es un claro ejemplo de eso”, decía.

Otra: “Tuve una discusión fuerte con Carla Vizzotti, que decía 'hay que cerrar, hay que cerrar'. Pero si uno ve los cuadros, la situación es distinta. A los jóvenes no les pasa nada. Son algunos días de fiebre, siete y ocho días y salen andando”. El viernes, sin que haya cambiado demasiado la curva, nos enteramos del problema de las neumonías y se retrocedió en un escenario muy confuso, además.

En principio aparecen ahora como apresuradas las afirmaciones de Tadeo García Zalazar, quien cumplió funciones de vocero del encuentro con los intendentes y fue el funcionario que advirtió sobre los retrocesos que se supuestamente se habían decidido aplicar.

En ese sentido el intendente de Godoy Cruz hizo referencia al cierre de los shoppings, al de clubes y gimnasios, a la imposibilidad de hacer turismo interno y a bajar las cortinas de los locales gastronómicos, otra vez. La sola mención de esta ultima medida, ya generó el rechazo de los dueños de los restaurantes quienes advirtieron que, este nuevo parate, mandará a muchos otros más a la ruina.

Sin embargo este esquema, hasta la noche del sábado, no aparecía como decisión tomada. ¿En qué se está trabajando? En restringir sí las actividades en los gimnasios y los clubes y en limitar la circulación del turismo interno. Pero no avanzar en el cierre de los centros comerciales y a los restaurantes permitirles, por los próximos veinte días, que puedan abrir pero con mesas afuera de los locales aquellos que tengan la posibilidad. Suarez tiene hasta el próximo lunes para tomar la decisión final y, se presume, se tomará todo ese tiempo disponible para seguir la evolución de los casos entre sábado y domingo. Hasta allí, será todo incertidumbre.