Fase 3: la máxima aspiración para un Gobernador que no quería cierres
Hasta ayer, el gobernador Rodolfo Suarez se plantaba en el aislamiento voluntario como estrategia para enfrentar el coronavirus. Hoy, el escenario es muy distinto: Suarez y la ministra de Salud Ana María Nadal pelean para evitar el retorno del área metropolitana a Fase 1, la etapa más dura del confinamiento.
Lograr un punto intermedio, que la Nación dejara a Gran Mendoza en Fase 3, sería equivalente a un triunfo para un gobernador que buscaba que la provincia se distinguiera por su economía en funcionamiento a pesar de la pandemia y que soñaba incluso con la "convivencia" con el virus.
Las pujas con las autoridades nacionales -que anoche fueron categóricas sobre la necesidad de endurecer la cuarentena en parte de Mendoza- para evitar el encierro masivo no serán sencillas y se están librando en estas horas. Si el área metropolitana vuelve a Fase 1, sólo quedarán abiertos los supermercados, las farmacias, las estaciones de servicio y los negocios de cercanía. Si se alcanza la Fase 3, la mayoría del comercio podrá seguir funcionando, aunque sin restaurantes, ni bares, ni gimnasios, ni clubes ni templos religiosos.
El retorno a una realidad que Mendoza parecía haber dejado atrás es un hecho. Suarez ahora discute el nivel encierro que se viene. El diagnóstico compartido esta mañana con los intendentes del área metropolitana sobre la situación sanitaria provincial refleja que no es posible seguir como hasta ahora: cerca del 90 por ciento de las terapias intensivas e intermedias están ocupadas.
Hay un poco de tristeza en la explicación de algunos intendentes oficialistas. Comparten con el gobernador que será muy difícil lograr que la gente cumpla con las medidas de restricción que seguramente se van a aplicar. Siguen culpando a las reuniones sociales clandestinas de la presión que sufre el sistema sanitario "¿Quién va a conseguir pararlas ahora?", sostienen.
No es un bloque homogeneo, igual, el de los intendentes. Marcelino Iglesias, de Guaymallén, siempre defendió las aperturas y es el que menos cree en las cuarentenas. Son todos oficialistas menos uno: el justicialista Matías Stevanato, de Maipú, quien al revés de Iglesias viene sugiriendo más restricciones en voz muy baja, para no romper con el grupo en el que es minoría. El radical de Las Heras, Daniel Orozco, está preocupado hace tiempo por el nivel de ocupación de los hospitales.
Tadeo García Zalazar (Godoy Cruz) y Ulpiano Suarez (Capital) están dando señales de cuadrarse rápido al nuevo escenario político. Son, junto con el de Luján, Sebastián Bragagnolo, los más orgánicos.
García Zalazar fue consultado por MDZ sobre las restricciones que se vienen. Respondió en forma breve y concreta: "Estoy de acuerdo, 16 días y evaluar el sistema sanitario (camas terapia)", expresó.
Aunque se sobreentienda a esta altura, las medidas que se analizan sólo correrían para Gran Mendoza. Suarez no habló nada hoy, por ejemplo, con el intendente de San Rafael, Emir Félix. En el interior no cambiarían las cosas, porque equilibra un poco el agobio extremo de camas en los hospitales que vive el área metropolitana. Fernández y la subsecretaria de Acceso a la Salud, Carla Vizzotti, ni se ocuparon de los otros departamentos en la teleconferencia de anoche.
El silencio con Félix es significativo. Se trata del abanderado provincial de la cuarentena estricta. Las conversaciones recientes del gobernador con el jefe comunal de San Rafael han sido bastante tensas y han estado plagadas de recriminaciones. Como la que hubo hace una semana, en la que el gobernador cuestionó los testeos rápidos que el intendente sanrafaelino salía a hacer, sin coordinar con el Ministerio de Salud.
Suarez destacó incluso esta semana una marcha contra los cierres de los restaurantes que le hicieron a Félix en su departamento como ejemplo de que no se puede cerrar actividades. Aunque esto pasó hace días, parece algo que ocurrió en un pasado remoto, y el discurso imperante ya no es el del gobernador, sino el que milita hace meses un intendente del PJ.