El operador político oculto detrás de la declaración de Independencia

El operador político oculto detrás de la declaración de Independencia

Los diputados firmaron el acta de la independencia el 9 de julio. Pero en ese documento falta la firma de un actor fundamental: el operador que hizo honor de su pericia política para cambiar la historia.

Pablo Icardi

Pablo Icardi

Pensó una estrategia, eligió los hombres, hizo lobby, presionó y ejecutó un plan. El arte de la política puesta al servicio de un objetivo. José de San Martín es un prócer por sus logros y también el fundador de un oficio del que hoy se carece o quedó desdibujado por su mal uso: el de operador político. Él entendía que en ese arte estaba buena parte del futuro de la construcción de un país, o mejor dicho de una región. San Martín comenzó a operar para que se declare la independencia mucho antes de aquel 9 de julio. Tenía hombres influyentes en Buenos Aires y Tucumán y él operaba desde Mendoza.

La pericia de San Martín para hacer política fue tal que no dejó huellas cuando necesitó “embarrarse las manos” para ejecutar un plan. Y solapaba sus funciones: mientras intentaba acelerar la declaración de la independencia, gestionaba en Mendoza con una impronta que cambió todo y preparaba la campaña militar para cruzar a Chile.

El ejecutor de las estrategias de San Martín en Tucumán era el diputado Tomás Godoy Cruz, a quien le comandaba vía carta las acciones a seguir. “¡Hasta cuando esperaremos declarar nuestra Independencia! No le parece a Usted una cosa bien ridícula, acuñar moneda, tener el pabellón y cucarda nacional y por último hacer la guerra al soberano de quién en el día se cree dependemos. ¿Qué nos falta más que decirlo? Por otra parte, ¿qué relaciones podremos emprender cuando estamos a pupilo? Los enemigos (y con mucha razón) nos tratan de insurgentes, pues nos declaramos vasallos...”, dice una de las misivas más famosas de San Martín. La presión que llegaba a Godoy Cruz desde Mendoza había sido creciente. Incluso con momentos de tensión cuando el diputado mendocino le respondía a San Martín que eso de declarar la independencia no era "soplar y hacer botella". Pues El Gobernador no cesó en su insistencia. 

La idea de República y de construir una nación eran conceptos revolucionarios en medio del rebrote monárquico en Europa. Belgrano y San Martín eran impulsores de acelerar la independencia aunque la forma de gobierno que pretendían, al menos en un principio, era a través de una monarquía local (Incaica según Belgrano). Claro, pero sentando las bases para el futuro: más empeño en la educación, la producción local y búsqueda de soberanía completa. No era Argentina aún y en su cabeza el plan era más amplio: las provincias de Sud América.

“Ánimo, que para los hombres de coraje se han hecho las empresas. Veamos claro, mi amigo; si no se hace, el congreso es nulo en todas sus partes, porque reasumiendo éste la soberanía, es una usurpación que se hace al que se cree verdadero, es decir, a Fernandito...", chicaneaba San Martín en la carta a Godoy Cruz.

En su plan político el Gobernador Intendente de Cuyo debía convencer también de la importancia de la campaña a Chile a quienes estaban a semanas des distancia a caballo de Mendoza. Lo logró con Pueyrredón, con quien tuvo un postergado encuentro en Córdoba. San Martín comenzó a influir políticamente desde su llegada al "Río de la Plata". No estaba solo, pues todo el grupo de la Logia Lautaro tejió redes capilares en Buenos Aires y luego se expandió a otras regiones. 

 

El lobby de San Martín incluyó una “minuta” donde a manera de recomendaciones trata de imponerle al Congreso sus ideas. “Si yo fuese diputado, me aventuraría a hacer al Congreso las siguientes observaciones:... ...Soberano Señor; un americano republicano por principios e inclinación, pero que sacrifica esto mismo por el bien de su suelo, hace al Congreso presente: 1°: Los americanos Provincias Unidas no han tenido otro objeto en su revolución que la emancipación de la mano de hierro español, y pertenecer a una Nación”, dice, entre otras cosas.

Pero alcanza con seguir el recorrido epistolar para darse cuenta que lo ocurrido el 9 de julio no fue un punto de llegada, y mucho menos un hecho definitivo. San Martín siguió operando y dejando registradas las complejidades del momento.

Temas

¿Querés recibir notificaciones de alertas?