El otro impacto de la pandemia: los datos del "futuro" que ya golpean en Mendoza
Hay bienes que son aspiracionales. Cambiar el auto, hacer un viaje, mejorar la casa. Pero también realidades intangibles que marcan mucho más a una familia. Mejorar la educación de los hijos, pensar en que tengan una carrera universitaria, planificar el futuro. Todo tiembla ahora. La "nueva" vida cotidiana de los mendocinos cambió abruptamente y ya impacta negativamente en el porvenir. Esa "foto" de lo que viene ya se vive y no es buena: la pobreza medida por ingreso y también por dimensiones subjetivas crece a niveles nunca vistos por el cese de actividad de miles de familias. De lo aspiracional, de la movilidad social ascendente, los mendocinos pasan a la superviviencia; una vez más.
La pandemia y los remedios que se ejecutan para evitar un impacto sanitario mayor, pueden dejar una huella grave en lo social y eso es lo que buscan evitar. Mendoza ya tiene un 30% de personas que viven con carencias estructurales. En las últimas décadas la pobreza ha crecido y el sistema tiene al margen a ese grupo de personas. Pues con la pandemia se agregó otro 30% de personas que ya son "nuevos pobres" porque sus ingresos cayeron y hasta porque la actividad que ejercían desapareció.
Según los datos del Ministerio de Trabajo de la Nación no hay registros recientes de la caída del empleo registrado en los últimos meses. Para comparar hay que remitirse a una época que a muchos les causa escalofríos: 2002. "En abril de 2020, se registraron 186 mil trabajadores registrados menos en relación a febrero (-1,6%). La cantidad de asalariados del sector privado se redujo en 128 mil (-2,2%), desde el año 2002 que el empleo privado no caía en esa magnitud", explica el informe. El drama es más agudo entre los los trabajadores autónomos y de asalariados de casas particulares. "El pico de contagios es un tema sanitario. Pero la situación es más grave si se toma todo. El desafío es que esa pobreza no se transforme en estructural porque es muy grave. Hay un 30% de nuevos pobres que antes estaban en una situación cómoda", explican desde el Gobierno.
Diferencias
Las cadenas productivas están quebradas. Hay actividades desaparecidas y algunos que buscan reconvertirse. El golpe es, incluso, a la dignidad para las personas que dejaron de tener ingresos y ahora dependen de una ayuda social que nunca demandaron.
La diferencia con el 2002 es que ahora hay un sistema de asistencia para el sector más vulnerable de la población a través de la AUH y otros planes. Pero los nuevos pobres no. El Ingreso Familiar de Emergencia es un paliativo que no alcanza y en Mendoza llegó a cuentagotas. Para tener una idea, según los datos de la Dirección de Estadísticas de la provincia, una familia de 4 personas necesita tener ingresos garantizados por 38 mil pesos para poder cubrir lo mínimo indispensable ($38.742, para ser precisos). Es decir necesita "4 IFE" para no ser pobre.
Los 10 mil pesos mensuales parecen poco. El propio Gobierno nacional generó más un efecto placebo en le discurso de lo que realmente impactó. Con ese ingreso esperaban 3 millones de inscriptos. Se anotaron más de 12 millones. De los 4 pagos prometidos, la mayoría solo recibió dos, es decir un promedio de 5 mil pesos por mes desde que se inició la pandemia. Peor aún en Mendoza, donde no se aplicó como se había anunciado el plan "Alimentar": debía pagarse desde marzo, pero recién comenzó a ejecutarse a finales de abril.
La demanda de ayuda llegó a cuadruplicarse y no se trata de planes de desarrollo, sino de alimentos. Esa base se va a mantener y por eso los recursos del Estado se han redireccionados en dos vías: la emergencia sanitaria y la alimentaria. El gobernador Rodolfo Suarez tiene en su escritorio los datos preliminares del desempleo en Mendoza y es dramático. Por eso la insistencia en apelar a la responsabilidad para prevenir y retroceder de nuevo al aislamiento. Es que aún con actividad plena todo va a cambiar hasta que haya una vacuna o una solución definitiva. Los comercios demandarán menos personal, los locales de entretenimiento igual y el impacto global de la pandemia podría restringir la posibilidad de un "rebote".
Más violencia social
El otro plano que preocupa en el futuro inmediato tiene que ver con la seguridad ciudadana. La posibilidad de que crezca el delito y, en particular, la violencia. En realidad ya se nota: desde asaltos violentos en la calle, hasta robos "al azar" en viviendas donde vuelven a mediar los imprevistos.
En otras crisis agudas ocurrió. El día después deja como consecuencia un aumento de la violencia. En el Ministerio de Seguridad de la provincia analizan los datos de los últimos meses. A la baja abrupta de delitos que hubo en el primer mes de cuarentena, le siguió un rebrote de inseguridad que aún buscan mensurar. Pero fuera de la cantidad de hechos, lo que preocupa es "cómo". El corte estadístico que hacen en Seguridad es semestral. Hubo una baja muy marcada durante abril y mayo y un crecimiento del delito en junio y julio, pero "aún muy abajo de lo que fue 2019", explican.
La preocupacion mayor tiene que ver con la violencia. "La variable económica está siempre muy presente y hay que esperar que impacte de manera negativa en la seguridad. Nos preocupa la violencia, ya que está asociada a momentos de estrés socioeconómico", explicó uno de los expertos que tiene Seguridad y que tiene una ventaja sobre el resto: sigue el tema desde el 2007 y conoce las "ondas" estadísticas y el comportamiento que ha tenido Mendoza en distintas épocas. Sin pandemia, 7 de cada 10 mendocinos temía ser víctima de algún delito. Esperan que con la crisis aumente la suceptibilidad, la violencia y el "sálvese quien pueda".
El mal mayor puede ser que, como ocurrió en otras épocas, crezca el "crimen organizado a la mendocina". Es decir, bandas barriales, narcos de medio pelo que aprovechen y capten "mano de obra" para delinquir. En Seguridad relativizan esa posibilidad, pero siguen el tema.
Mendoza está atravesando la etapa más compleja de la pandemia desde lo sanitario. Pero también también el drama social que perdurará más allá y que no tiene vacuna.