¿Cuarentena o muerte?

¿Cuarentena o muerte?

La tensión generada por las consecuencias de la pandemia se potencia por las reacciones extremas a la diversidad de opiniones. Es momento de prudencia y no de bravuconadas descalificadoras.

MDZ Política

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Se ha venido intensificando en los últimos días y es discusión y presión constante a través de las controvertidas redes sociales. Por su volumen, agresividad y persistencia el tema está desembarcando en los medios de comunicación. Los principales y activos actores, excluyendo los trolls, son los habituales hiperkirchneristas, que salen al cruce y vituperan a cualquier persona, pública o no, que opina sobre la cuarentena estricta y más si pretenden su moderación. Todos ellos son calificados como los “partidarios de la muerte”. Así de simple, exagerado y descalificador.

No se puede plantear ninguna idea alternativa, propuesta moderadora ni mucho menos crítica alguna. Quien se anime a “tamaño desatino” es estereotipado con la guadaña de la muerte y señalado como homicida serial.

Mientras tanto varias instituciones de la República democrática crujen por el accionar de los ultras. Justicia presta y afín para las necesidades urgentes en el camino de asegurar la impunidad, mientras la mayoría de los jueces y empleados permanecen en feria hace más de 70 días. Un Congreso con funcionamiento reducido y virtual en medio de un reducido e inútil pataleo opositor y con el acompañamiento permanente al oficialismo por parte de aquellos partidos minoritarios que prometieron autonomía e independencia frente a las dos mayorías contradictorias. El mendocino José Luis Ramón brilla en esta adhesión al oficialismo. El Poder Ejecutivo concentra poder y avanza omnímodo y sin controles a través de los DNU.

Extremos

Con cuarentena o muerte afloran la intemperancia, se profundiza la grieta y se estigmatiza toda idea alternativa. La mayoría de las ideas planteadas no van en el sentido de eliminar la cuarentena. Las expuestas, en general, van por el camino de posibilitar algunas actividades personales que alivien la creciente angustia personal y la adopción de medidas que atemperen las serias dificultades económicas generales, ya existentes antes de la pandemia y que se incrementaron con el prolongado parate de la actividad.

Son ideas alternativas que pueden y deben debatirse para incorporar, si son eficaces y positivas, y desechar en caso de ser inconducentes o inconvenientes.

Lo que es inadmisible es la postura negacionista, extrema y sentenciadora. “Partidarios de la muerte” vociferan sentenciando categóricamente y sin derecho a ninguna consideración racional.

Triste aporte le hacen a la vida democrática y también a ellos mismos. Se autodescalifican con su agraviante extremo verbal. La prudencia griega se refería no al temor o la duda en la toma de decisiones por los actores públicos, sino al máximo equilibrio eficaz y eficiente en la adopción de políticas públicas y en la gestión, lejos de los desequilibrios y extremismos dañinos.

El momento, la historia de tantos años y la decadencia constante requieren de personas prudentes y no de vociferadores e ideólogos de la confrontación permanente y los odios y extremos dañinos.

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