El que dice "odio", pierde

El que dice "odio", pierde

El ministro de Salud habló de la polémica por la supuesta inclusión del médico Ramón Carrillo en los billetes de $5.000, y acusó a sus detractores de sentir "odio" contra lo "nacional y popular". Por qué hay que dejar de aceptar el uso de ese latiguillo como un argumento.

Francisco Pérez Osán

Francisco Pérez Osán

“Mientras más dura una discusión, la posibilidad de que se utilice al nazismo o a Hitler en una comparación se acerca a 1”. Ese adagio, conocido como la Ley de Godwin, se formuló tomando en cuenta las discusiones que se dan en Internet y que terminan utilizando al nazismo para reforzar sus puntos de vista a falta de argumentos.

En Argentina históricamente una variación de esta “ley”, en la que se reemplazaba al nazismo con la dictadura, pero desde hace algunos años el “latiguillo” al que se llega invariablemente en las discusiones -específicamente de política- es el “odio”.

La “ley de Godwin” se formuló en los 90, luego de un análisis de las discusiones que se daban online en foros de noticias. Si logró universalizarse fue debido a que la conclusión a la que llegó probó ser muy acertada. De hecho, ahora es una verdad fundamental de Internet que quien utiliza a Hitler en una comparación, pierde automáticamente la discusión en la que se encuentra.

El supuesto billete, con la imagen de Ramón Carrillo y la primera médica argentina, Cecilia Grierson.

Durante los últimos gobiernos del kirchnerismo se comenzó a ver una nueva forma de este aforismo, ya que cada vez fue más evidente que todas las discusiones terminaban con una parte acusando a la otra de sentir “odio”. Los roles se revirtieron durante los cuatro años del gobierno de Mauricio Macri, ya que los militantes oficialistas se apropiaron de la muletilla y pasaron a ser quienes achacaron este sentimiento a diestra y siniestra.

El ministro de Salud, Ginés González García, dio una muestra cabal del uso del tan mentado sentimiento como argumento anoche, al acusar a los críticos del médico Ramón Carrillo de sentir “odio contra lo nacional y popular”. Lo único que consiguió así fue sacarle todo atisbo de profundidad a una discusión que tiene aristas muy interesantes.

La figura de Carrillo fue puesta en escena por la supuestas inclusión de su imagen en los billetes de $5.000 que saldrían a la calle durante los próximos meses. El médico, considerado “el padre del sanitarismo en Argentina”, fue señalado por tener simpatías con el nazismo -otra curiosa coincidencia con la ley de Godwin-, y por su desdén por grupos minoritarios. Al momento de argumentar, desde ambos lados llegaron evidencias, refutaciones y citas a expertos, es decir, aportes a una discusión bien llevada.

Ahora, el funcionario eligió obviar todo esto para pasar a ridiculizar a quienes no están de acuerdo con su punto de vista, señalándolos por “odiar”, sin más. Esto no habla mal necesariamente del kirchnerismo, sino de todos los que eligen saltearse los argumentos y pasar directamente a atacar a quien los esgrime, considerando que todo lo que dice está invalidado por un supuesto “odio” que, por otro lado, es imposible de probar o rebatir.

Esto -nuevamente- tampoco es una crítica a las discusiones políticas, si no a quienes deciden directamente no discutir, no abrirse ni un poco a la posibilidad de considerar que quienes tienen enfrente puedan tener razones valederas para no estar de acuerdo con ellos. Por eso, para salvar nuestra capacidad de intercambiar opiniones, hay que proponer una nueva variación de la Ley de Godwin: “El que dice odio, pierde”.

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