La peligrosa grieta que Alberto Fernández abrió en plena crisis

La peligrosa grieta que Alberto Fernández abrió en plena crisis

El presidente cuestionó a los empresarios, pero de manera global y abrió una fractura en un mal momento. Pidió un esfuerzo, sin gestos de austeridad y, de manera innecesaria, generó peleas en su momento de mayor poder.

Pablo Icardi

Pablo Icardi

En épocas de crisis los liderazgos suelen afianzarse cuando hay un "enemigo común". En uno de los momentos más críticos de la historia reciente, Alberto Fernández se empoderó y aprovechó la emergencia sanitaria y económica mundial para alejarse de las sombras. De la que le proyectaba Cristina Fernández como su mentora, y también de las impericias propias del inicio de gestión.

Pero el domingo el tono calmo de su discurso tuvo una ruptura y abrió, nuevamente, una peligrosa grieta dentro de Argentina. Al denostar a los empresarios con un discurso de estudiantina, el Presidente no advirtió que el mundo no empieza ni termina en Paolo Roca y su multinacional. No.

Los empresarios de Argentina son Paolo Roca, pero también el verdulero de la esquina que emplea a una o dos personas, un hotelero que ya cerró, un cotillón que tiene guardada la mercadería para cumpleaños que no se festejan, un hotel que no tendrá huéspedes por mucho tiempo, un arquitecto al que le bocharon todos los proyectos, un bar que emplea a jóvenes, pequeñas empresas que ahora solo esperan para darse la baja ante la AFIP y la lista podría seguir de manera infinita. Se trata de la única forma de generar empleo y riqueza; ni más ni menos. 

Gestos de grandeza

Alcanza con caminar cualquier barrio, las calles desiertas del microcentro y con dialogar entre amigos. Esa es la economía que más sufre y donde las palabras del Presidente también golpearon. Más cuando lo dice desde una situación de poder concentrado y sin haber dado al menos un gesto de austeridad.  No es una crisis. Es un freno absoluto de la economía que no tiene precedentes mundiales. La inversión pública para enfrentar la situación es insignificante en comparación al daño. No es una estimación: ya hay una enorme pérdida de empleo. El estigma creado hacia los empresarios genera daño y abre, como dijimos, una fractura innecesaria. 

Las provincias escuchan y esperan. Por ahora las medidas estructurales para enfrentar la situación son gotas; pequeñas señales que para colmo no tienen una vía operativa clara. 

En Mendoza más la caída del producto es enorme. El comercio, los servicios turísticos, dos de las actividades más dinámicas del PBG, están absolutamente frenadas. La industria petrolera está en crisis grave por la caída del precio y se agudizará por el menor consumo y la escasa demanda. La industria del vino produce porque tiene una materia prima perecedera, pero caerá el consumo interno y las exportaciones.

 

 Las consignas casi adolescentes que pregonan los funcionarios del gobierno nacional le bajan el valor intelectual a un equipo de gestión que no llegó a demostrar nada aún: la crisis global frenó el "día D" que tenían con el principal objetivo que se habían planteado: renegociar la deuda. Para la gestión de Alberto Fernández marzo era el plazo. El antes y el después. El contexto cambió y tomó a Argentina en un mal momento que exige muchos más actos de grandeza que brabuconadas  

En lo político la grieta hace mella y también la oposición aprovechó para meter cuña. El mensaje no se entendió. En el sálvese quien pueda, perdemos todos. 

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