Miserias y virtudes para enfrentar un "terremoto silencioso"

Miserias y virtudes para enfrentar un "terremoto silencioso"

Mendoza tiene en su ADN la posibilidad de enfrentar una situación crítica, pero ahora se prepara para un "terremoto" silencioso. Oficialismo y oposición mostraron sus miserias en medio de la crisis. Suarez concentra poder total y facultades extraordinarias.

Pablo Icardi

Pablo Icardi

Es difícil entender la semántica de los discursos políticos mendocinos. El oficialismo habla de solidaridad y de la necesidad de estar juntos, pero en un “nosotros” excluyente y por eso la tensión con otras provincias por los recursos para afrontar la emergencia;  la idea de una Mendoza isla. La oposición va por el mismo camino: promocionan algunas ayudas anunciada por el presidente Alberto Fernández en medio de la emergencia sanitaria, pero con el logo del “Frente de Todos”. Allí nuevamente es un concepto del "todos" restringido al peronismo que conduce la Nación. El error es, en realidad, tratar de comprender esos enfoques con una mirada ingenua. Lo que demuestran oficialistas y opositores no es un problema semántico, sino que a pesar de la crisis no pueden despojarse de las miserias políticas con las que conviven desde hace años.

La crisis generada por la pandemia de coronavirus puede mostrar lo mejor y también lo peor de cada uno. En el caso de la dirigencia política esas virtudes y defectos se magnifican.

Mendoza tiene arraigada en su tuétano un riesgo latente; el temor a los terremotos. Pues ahora la provincia se prepara como si uno fuera a ocurrir, pero con grandes diferencias a lo que es un sismo.

Es un terremoto silencioso. No se trata de un hecho impredecible, sino ya anunciado y con antecedentes en todo el mundo. Ocurre con un enorme cúmulo de información previa que permite planificar. Y, a diferencia de un terremoto, las consecuencias son menos visibles, pero pueden ser igual de graves. El impacto no será equitativo y podría potenciar las desigualdades, 

Poder y responsabilidad

La logística que se prepara para enfrentar un posible pico de contagios de coronavirus es similar a la de un terremoto. Hospitales de campaña, alojamientos masivos para aislamientos que se parecerán más a evacuaciones por la magnitud y concentración de recursos en un solo sentido. Por eso los polideportivos se transformaron, el Polo Judicial se llenó de camas traídas desde Malargüe para alojar a aislados que no tengan hogares adecuados y se elaboran tres anillos sanitarios alrededor del Gran Mendoza. Un triage gigante para abordar la pandemia.

Rodolfo Suarez tiene una enorme responsabilidad ahora. El Decreto que amplió la emergencia, como había anticipado MDZ, le otorga facultades especiales, pero también busca blindar al Estado de Mendoza para no tener problemas por cumplimiento de contratos y falta de pagos. Por eso declara “inembargables” las cuentas y blinda a todos los organismos estatales de cualquier litigio. Suarez puede renegociar contratos y hasta establecer condiciones de manera unilateral.

Incluso en el mismo Decreto se autoriza a que el Gobierno use los fondos que tienen otro destino original para engrosar la bolsa de “rentas generales” y formarán el pozo para usar en la emergencia todos los recursos de libre disponibilidad. Las licitaciones que se lanzaron, las que estaban en proceso y las pensadas para más adelante quedaron suspendidas también. No está aclarado allí, por ejemplo, si entran en ese grupo obras estratégicas como Portezuelo del Viento. Lo mismo con los fondos en dólares que están guardados para esa obra: el Decreto sugiere que cualquier tipo de recursos que la provincia tenga, pueden ser usados para la emergencia sanitaria.

Con la Legislatura casi frenada, Tribunales en feria y la población aislada; el Gobernador tiene un enorme poder encima y facultades como ningún otro tuvo en los últimos años. Claro, enfrenta una situación inédita también.

Si la crisis sanitaria es grave y se manejan hipótesis críticas para calcular recursos, hay otro problema que ya no es hipotético. Las consecuencias económicas para las personas, las familias, las empresas y el Estado y son dramáticas. Hay un freno total y un quiebre de los pagos y la recaudación en todos los niveles. Si la pandemia requiere pericia para elaborar estrategias sanitarias, en lo económico necesitará aún más porque las consecuencias serán a largo plazo.

Mendoza ya venía con una economía complicada y la pandemia afectó a los rubros que, a pesar de la crisis, se habían mantenido, como el turismo, que ahora también fueron golpeados de manera dramática. 

Miserias

La aparente armonía que había entre la Nación y la Provincia al comenzar la emergencia comenzó a agrietarse a medida que la situación sanitaria se agudizaba. Primero fueron los reactivos y luego la pelea por los respiradores.

La emergencia nacional también le da facultades al Presidente para decidir en el marco de la crisis. La idea de administrar los recursos, escasos, según necesidad tiene lógica. También tiene legitimidad que un Gobernador busque garantizarse recursos. El oficialismo mendocino cruzó a la Nación por no permitirle comprar (acaparar según los opositores) respiradores por afuera de la estrategia federal. En Mendoza desconfían que haya una estrategia equitativa de distribución de los recursos. Antecedentes para desconfiar hay, pues en épocas críticas hubo discrecionalidad. Pero nunca bajo una emergencia de esta naturaleza. Creen que el desborde del tema en la provincia de Buenos Aires, donde ya hay circulación social del virus, puede traer distorsiones.

Desde la Nación, según explicaron a MDZ, entienden la actitud de Suarez como una “sobreactuación” para exculparse de carencias propias. Es real que mientras las quejas se concentran en Buenos Aires, Suarez gana tiempo para resolver pecados propios, como poder habilitar la ampliación del Hospital Central que está inutilizada a pesar de que la obra fue “Inaugurada” pocos días antes de las elecciones.

Pero si de campañas se habla, lo ocurrido con las medidas anunciadas por el Gobierno nacional y cómo se buscó un aprovechamiento político merece un capítulo aparte. El “Frente de Todos” usó las modernas redes sociales para implementar un mecanismo viejo en la política mendocina: el clientelismo; en este caso virtual.

Alberto Fernández anunció el pago de emergencia para quienes sufren las consecuencias de la pandemia por tener afectados sus ingresos. Y muchos dirigentes oficialistas salieron a coro con placas explicativas con el  sello partidario. El clientelismo virtual funcionó aceitado desde las cómodas viviendas de los dirigentes políticos, pero no se escuchó ninguna posible solución antes el desastre de la implementación de los pagos: miles de personas agolpadas en los bancos porque no podían cobrar lo que “generosamente” les habían prometido.

Como sea, habrá que esperar que el tiempo haga madurar y que la crisis exfolie las miserias que tan arraigadas tienen los dirigentes políticos locales.

 

 

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