Anabel se animó: pone a prueba a su liderazgo y pericia para romper el cascarón cristinista

Anabel se animó: pone a prueba a su liderazgo y pericia para romper el cascarón cristinista

La Senadora nacional buscará presidir el PJ, aunque antes no quería exponerse. Selló una alianza por conveniencia con los intendentes. Por qué Cristina la potencia por un lado, pero la limita por otro.

Pablo Icardi

Pablo Icardi

Eran casi las once de la noche. Cerraban las listas y en Mendoza el oficialismo (el peronismo) esperaba una llamada de larga distancia. Todo se decidía en Buenos Aires. "La candidata es Anabel Fernández Sagasti", informaron. Del otro lado del teléfono una voz tímida decía ante la consulta de MDZ sobre si era la elegida: "Sí, pero no puedo hablar". Acababan de postularla como candidata a diputada nacional en primer término en una demostración del poder total que Cristina Fernández de Kirchner tenía por entonces, en 2011, sobre la política. Armó las listas con lo que creía iba a ser el semillero de su sector político sin importar lo que pensaban en cada distrito.

La Cámpora era ese semillero del cristinismo puro que hoy tiene el poder real en el Gobierno. Anabel fue diputada y fiel representante de la liturgia camporista: cerrazón a los medios, desconfianza y una devoción casi ciega hacia Cristina. Obediencia total, siempre. 

La actual senadora Anabel Fernández Sagasti tuvo esa ventaja: con pocas horas de vuelo como militante, creció desde el poder y los cargos. Pero, vale decir, aprovechó la oportunidad. Comenzó a construir una estructura, se formó como cuadro político y armó una red de alianzas internas que la llevó a ser candidata a gobernadora. Siempre atada a Cristina, y ahora a Alberto, se transformó en una especie de delegada fiel del Gobierno nacional. De ese primer lote de elegidos y elegidas, no todos avanzaron al mismo ritmo.

Es la dirigente más influyente, y ostenta un poder tácito dentro del peronismo. Intentó posicionar a alguien que le responda dentro del partido, pero no funcionó y ahora se expondrá ella como presidenta del PJ en una alianza por conveniencia con casi todos los intendentes. Detrás de escena hay otro juego. El de Carlos Ciurca como armador. El de Omar y Emir Félix como disidentes del "condado" de San Rafael. 

Los intendentes que la respetan pero no le responden toman aire y se resignan: creen que para intentar ser competitivos electoralmente, el peronismo no puede dividirse. Por eso repartirán las segundas líneas de la conducción y se muestran como equipo. Aún así puede que no consigan unanimidad y se fuerce una elección. Un grupo de peronistas no kirchneristas insiste en presentar una lista alternativa para disputarles poder. 

Los desafíos

Fernández Sagasti pondrá a prueba su liderazgo y también la pericia política para conducir fuera del cascarón cristinista. En realidad conociendo la trayectoria política de ese sector es probable que la intención sea "captar" al PJ hacia ese lado más que abrirse. 

Lo mismo para el resto del PJ que se alió a ella. No fueron pocas las veces que los peronistas locales tuvieron fuertes diferencias con la conducción nacional. Pero nunca tuvieron el coraje para marcarlas. Ni en 2008 con la crisis del campo, ni en 2015; ni siquiera hubo reclamos cuando Cristina abandonó el PJ para ser candidata por "Unidad Ciudadana"; desfinanciando al PJ que ahora busca liderar. Un dato extra: en ese contexto, en Mendoza Unidad Ciudadana fue dentro de la orgánica partidaria del peronismo.

El PJ Mendocino quedó mareado por la cantidad de golpes electorales y los problemas de liderazgo. Desde 2013 que no gana una elección provincial y nadie logró ordenarlo con entusiasmo. Por eso el desafío de la Senadora nacional es primero reconstruir la orgánica interna, los liderazgos y un proyecto de poder. De hecho, Mendoza necesita que los partidos políticos sean competitivos.  

Como le ocurre a buena parte de los y las dirigentes que se construyen como renovación (en todos los partidos), Anabel tiene un pacto de fidelidad absoluta con sus mentores. Cristina es intocable. No se equivoca, aún cuando se equivoca. No hay "revolución de coroneles". Incluso para ella es un peso: Cristina la potencia, pero la limita. Lo dicen todas las encuestas y lo sufrió en la campaña para la gobernación.

A pesar de ese sesgo, hubo cambios y señales de apertura. Ocurrió cuando negoció con Cornejo la ley de Juicios por Jurado. También con la redacción en conjunto con Julio Cobos del proyecto de ley de etiquetado. Suarez la consulta, los intendentes le piden favores. Claro, el modelo de peregrinaje de los dirigentes para conseguir ayuda está edulcorado respecto a los años de Cristina presidenta, pero no desapareció.

La dependencia de Cristina no parece ser un problema, pues en realidad es su base de llegada al poder. Hoy es la senadora más influyente. Alcanza con ver que es quien tiene a cargo la estratégica tarea de conducir los nombramientos y castigo a los jueces, uno de los temas que más interés tiene para la vicepresidenta. 

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