El peligroso juego de apostar al fracaso de Mendoza

El peligroso juego de apostar al fracaso de Mendoza

Mendoza tendrá nuevamente un Presupuesto "testimonial" y el Gobernador se quedará sin herramientas para gestionar en medio de la crisis. El PJ y el oficialismo sobreactúan. La falta de músculo para negociar que perjudica a todos.

Pablo Icardi

Pablo Icardi

No era un texto, apenas una minuta. Un punteo de temas. Una improvisada carta de defunción para el Presupuesto 2021 enmascarada en propuesta. Tan curiosa que pedía, entre otras cosas, bajarle impuestos a los que más tienen. El acting del peronismo fue seguido por la sobreactuación del oficialismo para culpar a la oposición por el fracaso que viene. Fracaso al fin.

La Cámara de Diputados aprobó un Presupuesto que es un texto testimonial. Es que hay incertidumbre sobre qué puede pasar el año que viene y, en ese sentido, es relativa la proyección de recursos y gastos. No se sabe si la Provincia podrá recaudar lo que se proyecta, menos lo que la Nación transferirá lo prometido. Y lo peor: si la economía se reactivará. De hecho, los recursos del Estado dependen en su mayor parte de que la actividad privada funcione. El principal impuesto provincial es Ingresos Brutos y el principal tributo nacional es el IVA. Ambos atados a que la economía funcione.

Pues en ese contexto, la ley de Presupuesto provincial pasa a ser una guía instrumental que ahora está acotada. Rodolfo Suarez no tendrá dos de las herramientas de maniobra que necesita para gestionar una provincia en vías de desarrollo, con una crisis crónica para generar riqueza y un problema agudo por la pandemia. 

Juega a perder

El proyecto de presupuesto se negoció a fuego lento. El Gobierno cumplió con la formalidad de presentarlo por mesa de entradas de la Cámara de Diputados "en tiempo", pero sin una estrategia política clara incluso puertas adentro del oficialismo. Las claves de esa pautas era (porque ya no lo son) los pedidos de autorización para poder bicicletear la deuda y tomar nuevos créditos para obras. Suarez, como ocurre con todos los Gobiernos, pide la herramienta para acceder a créditos en caso de avaluar "mérito y oportunidad". En el mismo texto se incluyó un paquete de 50 obras prioritarias pero que no tenían financiamiento asegurado y, en ese sentido, dependían de la aprobación del endamiento. 

Había señales alentadoras. El Gobernador hizo acto de presencia para apoyar la renegociación de la deuda nacional. Juntos por el Cambio no votó en contra el Presupuesto nacional y hasta se prestaron los avales federales para un crédito de fondos árabes. Pero no pudo ser. 

Es imposible escindir el proceso interno del PJ de lo que ocurre en la Legislatura. La cuota de poder que le queda al peronismo desde que perdió el gobierno se reduce a los votos que puede aportarle o negarle al gobierno para autorizar o no el endeudamiento. La cláusula que obliga a que esos procesos sean aprobados por los dos tercios le otorga un protagonismo exclusivo en cada fin de año. Ahora, además, se agrega el proceso interno afecta todo. El PJ busca ungir a Anabel Fernández Sagasti como presidenta del partido, aunque no tenga unanimidad de apoyo. Las diferencias con el bloque sureño de legisladores (comandado por Emir Félix) generó distorsión. 

Con la negociación estancada, hubo una primera sobreactuación: plantear un plan de obras acotado y hasta cambios impositivos que difícilmente hubieran pasado un filtro ideológico a nivel nacional. Proponían, por ejemplo, bajar los impuestos inmobiliario y automotor (patrimoniales). 

El PJ no ha superado el complejo que les creó Cornejo. Cuando el actual diputado nacional era el jefe de la oposición de Francisco Pérez, ahogó políticamente al Gobierno y le cerró todos los grifos de ayuda. Al final del mandato del propio Cornejo, el peronismo buscó la misma estrategia. De hecho, el único punto común que encontraron era oponerse y tratar de apretar el torniquete. Con Suarez ocurrió lo mismo y, peor aún, no hubo aval para darle herramientas de gestión aún con la elección fresca. La idea de que el fracaso del otro genera una oportunidad para otros es dañina. La pandemia logró destrabar algunos acuerdos (como la declaración de emergencia total).

La respuesta fue en el mismo tono. Rodolfo Suarez tiene una filosofía política particular. Propone, deja que se disponga y trata de transferir los costos si las cosas no salen. Así como ocurre con otros temas como la Reforma Política, con la falta de aprobación de recursos para obras quiere que la población entienda que Mendoza agudizará la crisis por culpa del PJ. Por eso los funcionarios, incluso algunos con poco protagonismo y expertis político, salieron a coro con el mismo discurso. Acusan al PJ de estar coptado por La Cámpora. 

El oficialismo ilustra su postura de diálogo, por ejemplo, con lo que ocurre en municipios del PJ, donde el radicalismo avala que los intendentes contraigan deuda para obras (como ocurrirá, dicen, en Maipú). 

Ambas fuerzas entran en un juego peligroso. Juegan a perder; apuestan al fracaso como estrategia para culpar al otro. El problema es que no se trata del fracaso de la provincia, no de sus fuerzas políticas. Todo ocurre en una provincia donde, como informó MDZ, la desocupación supera los 15 puntos; donde hace 10 años que no se genera empleo en la actividad privada (y donde el Estado tiene 11% más de empleados) y sin perspectivas de crecimiento. 

La dirigencia política ha perdido el músculo de la negociación; de buscar ponerse de acuerdo; de ceder para buscar el bien común. O probablemente es peor: se desdibujó cuál es el bien superior a cuidar. El 2021 será un año con mayor incertidumbre para Mendoza. 

 

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