Las decisiones del Gobierno que pueden marcar medio siglo para Mendoza

Las decisiones del Gobierno que pueden marcar medio siglo para Mendoza

Hay lugares que son una metáfora de la decadencia; de la Mendoza que presume ser y la que es. El gobernador Rodolfo Suarez busca tomar medidas que lo trascienden en un contexto complicado.

Pablo Icardi

Pablo Icardi

Querían que fuera un edificio modelo. Que respetara la historia y el patrimonio, pero que tuviera improntas vanguardistas. Que fuera funcional y hermoso. Lo diseñó Clorindo Testa, uno de los arquitectos más destacados del mundo. Pero ahora es un edificio en ruinas, carcomido por el olvido, la desidia y la falta de inversión. Tanto, que avergüenza y mudaron las oficinas que funcionaban allí. Lo que ocurre con el edificio del Ministerio de Turismo, que ahora buscan concesionar, es una simple metáfora de lo que le ocurre a Mendoza: pretende y presume ser  pujante y lucida, pero es una provincia que está en decadencia, corroída y nostálgica de un pasado mejor. Pero sobre todo, que no puede ponerse de acuerdo para ver cómo se construye un futuro. 

El gobernador Rodolfo Suarez puede que tenga algunos problemas para gestionar políticamente; se ha repetido hasta el cansancio. Propone, pero aún no consigue. Ahora; si llega a concretar algunas de las propuestas que inició, sus decisiones trascenderán; para bien o mal. Además de intentar reformar la Constitución tras más de 100 años y de cambiar la ley de educación luego de casi 20, esta semana tomó otra decisión osada. Envió a la Legislatura un paquete de medidas para concesionar por medio siglo bienes y servicios del Estado. Todos proyectos distintos, todos con impronta en la búsqueda de alternativas para la "pospandemia" en el área más golpeada; el turismo y la cultura. Sin embargo, las decisiones trascienden ese marco porque buscan que las gestiones privadas sobre Potrerillos, la Terminal y el edificio de Turismo sean por 50 años.

Metáforas

Otra de las metáforas de lo que "pudo ser y no es" es Potrerillos. Suarez busca autorización para concesionar tierras en el perilago para la instalación de proyectos turísticos. Y lo hace justo cuando ese dique va camino a cumplir 20 años de inaugurado. La represa es multipropósito: regular el río para administrar el agua en tiempos de baja oferta; generar energía eléctrica y crear un polo turístico. Pues a pesar de los anuncios, hoy sigue en manos de la informalidad a pesar de ser uno de los sitios más bellos del país. Durante 18 años, la ruta el perilago topaba en la montaña y ahora, dos décadas, varios pagos a consultoras y varios proyectos truncos después, intentarán concesionar las tierras para montar emprendimientos. La zona ya fue eje de lobbies por la propiedad y valor de los terrenos. Todo el perilago (la franja pegada al espejo de agua) fue expropiado y está en manos del Estado que ahora deberá gestionar con pies de plomo. 

El edificio de Turismo, donde funcionó a principios del siglo XX el Jockey Club, ha sido epicentro de la cultura de Mendoza durante décadas. La inversión privada puede revitalizarlo, pero sin perder el eje como núcleo cultural de la provincia. En el caso de la Terminal el modelo de negocio es más profundo. El consorcio que está a cargo es diverso: dos empresas que tienen el control casi total del transporte de larga distancia, una empresa de transporte local y una constructora. La pandemia complicó la ecuación económica en el corto plazo, pero el proyecto que se busca ejecutar es mucho más amplio y retoma la idea original de hacer un hotel y estirar de manera casi vitalicia la concesión. No le fue bien al lugar cuando estuvo a cargo de otra empresa grande de Mendoza como fue la cooperativa TAC. Ahora, prometen otro modelo de gestión que ya está en marcha pero que no se puede ver porque la terminal está paralizada por la falta de transporte de larga distancia. 

 Cada proyecto tiene su historia. Lo mismo con las concesiones que el Estado ha ejecutado en los últimos años y que en muchos casos han generado problemas. Dos de las concesiones de largo plazo que se ejecutaron fueron los permisos petroleros (desde 2008) y el de los casinos. En ambos casos hubo problemas. Por la falta de cumplimiento y por los negocios laterales que se generaron en el primer caso, y por las condiciones desfavorables para el Estado en el segundo. 

En el fondo el problema es del propio Estado que es rápido para cumplir el rol de poder concedente, pero flojo para cumplir el de control y exigencia. Justamente esa carencia es la que hizo crecer un callo que duele e inmoviliza: la idea de que no hay ni habrá control y por eso no se puede hacer nada nuevo. En base a esa máxima es que se construyó el "no" a muchas iniciativas. Desde la colocación de antenas de celular, hasta la minería a gran escala. Antecedentes negativos para argumentar esa postura no faltan. Pero nunca se puede empezar de nuevo. 

En San Juan se consigue

En medio del ruido y el vértigo, en San Juan ocurrió algo extraordinario. El gobernador se paró frente a todas las "fuerzas vivas" de la provincia y presentó un plan que, de concretarse, cambiará el eje de la región. No se puede evaluar desde acá, a 160 kilómetros y con la mirada de un vecino, si la gestión de Sergio Uñac es buena; mucho menos si es la mirada correcta sobre lo que hay que hacer. Más si se tiene en cuenta que esa provincia goza de algunos beneficios financieros que no tiene Mendoza. Pero al menos la intención es imitable: el Gobernador presentó un paquete de medidas de fondo que contiene cambios en la matriz productiva, en la política fiscal y política de la provincia que no tiene antecedentes. Ese plan fue producto de una discusión iniciada en junio (en plena pandemia) y en la que participaron la política, los empresarios, la comunidad y todos los actores sociales de San Juan. 

 

En Mendoza el Consejo Social aún no se conforma y ya nacerá con algunas carencias por la falta de acuerdo de la oposición. La pandemia potenció las carencias, sobre todo de ideas y falta de unión en objetivos comunes

Cuando era intendente, Suarez tomó como medida para promover la discreción política que las placas recordatorias de las obras no tuvieran su nombre ni el de ninguna autoridad. Por el contexto en el que le toca gobernar, difícilmente pueda poner alguna placa ahora. Pero en sus manos está que haya marcas propias aún más indelebles. Pero para eso no alcanza con proponer: un Gobierno se evalúa por lo que consigue, no por lo que desea

 

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