Cuesta mucho la revolución de lo sencillo
Luego de 19 meses en el poder, Alfredo Cornejo finalmente pudo este viernes hacer su primer anuncio relevante respecto del transporte público de pasajeros.
La realidad indica que le tomó más de un tercio de su gestión cumplir con una promesa de sus antecesores, que había sido acercar algún tipo de solución para las personas que sufren a diario para conseguir cargar la tarjeta que les permite viajar en colectivo.
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Muy poco para el balance histórico de, por lo menos, las tres últimas administraciones. Mucho para Cornejo, en cambio, cuyo lema es "la revolución de lo sencillo".
El gobernador está a 15 días de enfrentar una elección. Acorde con el libreto y sus necesidades, enfrentó las cámaras para dar buenas noticias. Desde ahora, los usuarios bancarizados de la red Link tendrán la posibilidad de cargar la tarjeta Red Bus a través del cajero automático y el home banking de las computadoras y los celulares.
No hubo mucho detalle en las explicaciones oficiales, pero hay que decir que los pasajeros de colectivos deberán ser precavidos. El sistema electrónico no salvará a nadie de alguna urgencia, dado que el crédito en la tarjeta Red Bus no será automático: se acreditará recién 48 horas después de que se realice la operación.
Sin embargo, a la par, el Gobierno anunció este viernes algo más. Se trata de la ampliación real de los puntos de carga de la Red Bus.
Terminó siempre en fracaso el propósito de convencer a más pequeños comercios de que vendan y carguen la tarjeta. Por eso se hizo necesario poner plata: el Gobierno compró máquinas similares a los cajeros automáticos, pero que sirven específicamente para pagar viajes en colectivo en forma anticipada.
El vértigo de la campaña ha apurado todo y por ello, ayer, hubo más de un acto para presentar máquinas de recarga Red Bus. Cornejo fue a uno.
Se trata de 11 aparatos en total que la Secretaria de Servicios Públicos compró "gracias al cobro de las multas que antes no se cobraban", según explicó su titular, Natalio Mema. Costaron 10 mil dólares cada una, o sea, unos 180 mil pesos por unidad.
Ayer se inauguraron cuatro máquinas. Ya hay aparatos de este tipo en los hospitales Notti y Lagomaggiore, en las comisarías de los barrios La Estanzuela, La Gloria y La Favorita; en el Círculo de Empleados de Comercio, en las oficinas de la ATM de la Casa de Gobierno y en el concurrido comedor de la UNCuyo, entre otros sitios.
El Gobierno colocará 15 máquinas más, cuyos emplazamientos no han sido informados aún, porque las quieren probar antes. El manual de la "revolución de lo sencillo" exige evitar hacer anuncios que después no se cumplan, o que las cosas no funcionen del todo bien después de la inauguración. No quieren vender humo, para "evitar semejanzas con la gestión anterior", explican.
Los taxis, también
La tecnología también está a punto de llegar a los taxis, donde ya se están probando aplicaciones ligadas a un sistema de pago con tarjetas de crédito.
Una vez más, no es novedad, porque la promesa ya existió antes. Todos coinciden desde hace mucho tiempo en que evitar el uso de dinero en los taxis, como en los micros, ayuda contra la inseguridad.
Se trata, simplemente, de hacer realidad lo que otros gobiernos no pudieron concretar o terminar.
Para que los mendocinos valoren lo que hace este gobierno, tienen que necesariamente ponerlo en el contexto de inacción y demoras de los anteriores. Pero ese enfoque oculta las necesidades del mediano plazo.
Al margen de las deficiencias del servicio y sus costos, el colapso del tránsito en las zonas urbanas de Mendoza y los problemas ambientales requieren que el transporte público brinde más soluciones que las que ofrece ahora. Y apenas hay trazos gruesos sobre lo que está planificando el Gobierno para que eso ocurra.
Hay solo esbozos del futuro concreto del transporte. El contrato actual de las empresas de transporte público del conurbano data de 2005. Duraba diez años, pero Cornejo ya lo prorrogó al comienzo de su gestión, a pesar de sus críticas al sistema.
El gobernador y sus funcionarios hablan de la modificación de los recorridos de los colectivos, prometen líneas troncales para facilitar conexiones, sueñan con modernos vehículos eléctricos (que se sumarían al Metrotranvía) y repiten que se eliminará el sistema de pago por kilómetro recorrido, que garantiza la ganancia empresaria sin riesgo.
Postergan todos estos cambios para 2018, a pesar de que el nuevo año comenzará apenas dentro de cinco meses. Poco tiempo hay para evitar que la revolución de lo sencillo se estanque.