Justicia (La corrupción de Brasil atravesó Cuba, Angola y Perú)
Del latín iustitia.
1. Principio moral que lleva a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece.
2. Derecho, razón, equidad.
3. Aquello que debe hacerse según derecho o razón. Pido justicia.
4. Pena o castigo público.
Si existe la grieta pongan de un lado a tipos valientes, muy sólidos en su trabajo de investigación, formados y especializados en este fenómeno de la corrupción, para que al otro lado del río se ubiquen los mismos de siempre: aprovechadores del poder, con nuevo ropaje que roza lo anti democrático.
La justicia es el único reaseguro para que después podamos hablar de las grietas inventadas, las artificiales, las necesarias para correr el foco en temas que realmente existen más coincidencias que diferencias.
Brasil, pese a soportar una crisis económica y política que azota a ese verdadero continente en forma de país, exhibe un valor que minuto a minuto está dejando sin aliento a los mismos de siempre. Es que un grupo cada vez más numeroso de jueces y fiscales se han mostrado decididos para desnudar y castigar un sistema ilícito, instalado en la gestión pública de distintas administraciones en el mundo. Y van marcando un camino que podría darnos una transparencia inédita por parte de nuestros gobernantes.
Después del Lava Jato nada volverá a ser como antes en Brasil. Y quien posea aspiraciones legítimas de ocupar el poder de modo democrático sabrá que, al menos, hacer "lo mismo de siempre", puede convertirse en la peor condena.
No estaría mal que esta actuación judicial, amparada en el coraje de quienes aborrecen la impunidad y los arreglos bajo cuerda, y que simplemente hacen su trabajo, se expanda a otros países. Como vecinos y pretendidos socios comerciales, Argentina debería poner la lupa allí, en cada instancia que descubre un "modus operandi" que nos ha dejado indefensos ante tanto fuero parlamentario, tanta "intocabilidad" con los corruptos, tanto toma y daca a oscuras.
La corrupción es parte de nuestro sistema político. Hay que admitirlo de una buena vez, más allá de las buenas intenciones.
Millones de argentinos han dejado a este cáncer crecer, en nombre de otras prioridades que asoman como de dudosa inteligencia y sentido común, desde lo colectivo. Casi como los tipos que estuvieron cerca del horror protagonizado por el hincha de Belgrano, en Córdoba, y que terminó con su vida. Casi como el que prefiere viajar a Chile en busca de no perder cierto status mediante compras, pese a no ayudar a buscar soluciones aquí, puertas adentro.
La conveniencia y la urgencia argentina talaron el bosque. Descuidamos el gran bosque y nos subimos al primer árbol que encontramos como si con eso bastara para salvarnos.
En estas décadas perdimos otra batalla cultural profunda: pensar en ser parte de un gran país, ser motores transformadores, protagonistas de una historia que ponga freno a una decadencia que ni siquiera es la nostalgia de los portugueses por haber perdido casi todo lo que ayudaron a descubrir y desarrollar en sus expansiones (y hasta utilizaron el tráfico de esclavos, de lo peor para quien propone un modelo de civilización).
Si hablamos de nosotros también hay que admitir que Buenos Aires es la capital de un imperio que jamás existió. Esa construcción mítica, caprichosa, sesgada y egoísta, también debería ser reemplazada por un paradigma que ponga blanco y negro. Es una deuda para repensar un país en serio.
Vuelvo a Brasil (yo creo que nunca me fui de allí). Las grandes y recientes novedades del Lava Jato ofrecen datos que no deben dejarse de lado. Lo reveló el diario Estado, hace horas. Existen 25 peticiones formuladas por la Procuradoría General de la República (PGR) que permanecían en secreto por decisión del ministro Edson Fachin, del Supremo Tribunal Federal. Lo revelador es que en este nuevo enjambre aparecen más sospechas de delitos, que cruzan a dirigentes de partidos políticos del PT y el PMDB.
En la lista surge el ex-presidente Luiz Inácio Lula da Silva, el ex-ministro Antonio Palocci, el senador Edison Lobão, el ex-presidente de la Cámara, Eduardo Cunha, y el ex-ministro Henrique Eduardo Alves. No son los únicos pero si los más encumbrados.
La investigación completa se mantuvo en secreto para no entorpecer el proceso judicial. Se basan en los testimonios recogidos entre ejecutivos y ex-ejecutivos de la constructora Odebrecht.
- Los testimonios concluyen que hubo pagos (coimas) indebidos en nueve campañas electorales, por un total de más de 5,5 millones de dólares y que parte de ese dinero fue pagado en la moneda norteamericana.
- Lula es citado en relación a las operaciones de Odebrecht en Cuba, en la construcción del Porto de Mariel (a 40 kilómetros de La Habana). Y en Angola, a raíz de un contrato entre Odebrecht y la empresa Exergia, cuyo dueño era sobrino de la primera mujer del ex-presidente. Los testimonios de los arrepentidos afirmaron que Exergia no poseía experiencia en el rubro de la construcción. Lázaro Báez, si leyera esto, acaso se sentiría menos huérfano. Ni hablar de lo que podría aportar el actual legislador Julio De Vido.
- Antonio Palocci es otro de los comprometidos y en prisión no recibe buenas noticias: las afirmaciones de los arrepentidos aseguran que el ex-ministro de Hacienda de Lula y Jefe de Gabinete de Dilma realizó pedido para pagar campañas electorales a la presidencia de Perú y El Salvador.
- Misma mecánica para darle una "mano" de 3 millones de dólares para la candidatura de Ollanta Humala a la presidencia de Perú.
- En Cuba, según el ex-presidente y heredero del grupo industrial, Marcelo Odebrecht, Lula y Fernando Pimentel, ex-ministro y actual gobernador del estado de Minas Gerais, actuaron como lobistas para la obra Porto de Mariel.
- Otro dato surgido es una importante "contribución" de Odebrecht para distintas campañas locales, a lo largo de todo Brasil.
Nada volverá a ser antes en Brasil. Ojalá estos jueces contagien su espíritu por la región, para desarmar todo un andamiaje de privilegios, tan abusivo como intolerable. Los sospechados, los procesados y hasta los detenidos por el Lava Jato confunden la utilidad del sistema democrático, empobrecen a los pueblos y se manifiestan como la decadencia de una clase que nada envidiaría a los zares rusos de principios del siglo XX.