Encuestas (La era del Excel)
Si fuera por ellas hoy Baradel le haría un paro a Aníbal Fernández, encaramado como gobernador de la provincia de Buenos Aires. ¿Medir o tomar medidas?
Del frances enquête, este deriva del latín vulgar "inquaerĕre", y este del latín "in quaerĕre": indagar,'preguntar.
1. Conjunto de preguntas tipificadas dirigidas a una muestra representativa de grupos sociales, para averiguar estados de opinión o conocer otras cuestiones que les afectan.
2. Indagación o pesquisa.
Si fuera por las encuestas hoy Baradel le haría un paro a Aníbal Fernández, encaramado como gobernador de la provincia de Buenos Aires. El ex motonauta Daniel Scioli repetiría lo de la fe y la esperanza en cada acto oficial de la Casa Rosada y Donald Trump, en esta lógica, sería apenas un empresario más en los vaivenes de un capitalismo en crisis.
En los prolongados tiempos electorales de Argentina -demasiado tiempo perdido, hay que decirlo también- las encuestas aparecen por doquier, así como consultoras y analistas que van desde la ciencia política a la comunicación, desde la sociología a la economía. Son verdaderos buenos tiempos para esta gente.
Y en cualquier caso una próxima elección borra los pronósticos y cálculos de la anterior, hayan sido o no más ajustados a lo que finalmente se convirtió en realidad.

Encuestamos hasta la felicidad en este mundo. O mejor dicho: intentamos medir todo aquello que pueda aportar un dato cierto. Es como reafirmar una idea o una actitud o desecharla, si no coincide con el ánimo popular, el humor social. En la política nadie suele admitir que encarga y mira los resultados de estas fotografías. Es un gesto raro: hay quienes la usan hasta para vestirse con determinado vestuario e incluso hay quienes hasta deciden su situación sentimental, según lo que digan estos estudios. Incluso más: la política se ha apoderado de una herramienta usual de la publicidad y el marketing: los "focus groups".
En esta modalidad se elabora un guión. Luego se convoca a una reunión de un grupo de personas. Discutirán y opinarán en referencia al interés del que convoca. En la interacción se responden preguntas y surgen otras. La gran condición es favorecer la libertad de opinión.
Antes mencioné que las encuestas o esta clase de muestras son apenas una fotografía. Distante de la película que resulta la vida, más aún cuando la aceleración del tiempo a la que estamos expuestos es tan imponente: 5 años hoy ni se asemejan a lo que podría haber ocurrido entre 1890 y 1895.

Decía un gran poeta brasilero, Mario Quintana, que las definiciones apenas definen a los definidores.
Con las encuestas podría suceder otro tanto: nos hablan más de los encuestadores y de quienes las solicitan, que de los propios consultados.
Los políticos que se mueven entre encuestas deberían escapar a la tentación del mito de Narciso. En especial cuando cunden glorias y también cuando los papers registran un mal momento. Todo es pasajero y equívoco en este planeta de las mediciones. Varios han caído en la trampa.
Las sociedades contemporáneas nos muestran en buena parte del mundo que perciben los cambios con mayor celeridad que sus representantes. Y nadie se ruboriza ya en esta suerte de permanente mutación.

La política debería ser más que un compilado de encuestas y este asunto tendrían que ser, a esta altura, una anécdota de nuestros días.
Menos Excel y más Word. Menos cálculos y más ideas.


