La candidata al Tribunal de Cuentas deberá controlar a "su familia"
Liliana Muñoz de Lázzaro, la candidata de propuesta por Alfredo Cornejo como vocal del Tribunal de Cuentas, no tiene forma de sentirse sola en la administración pública. La mujer tiene parientes directos en varios organismos estatales y puede quedar en una situación incómoda: como parte del Tribunal de Cuentas deberá controlar su accionar. En realidad la cercanía con ellos puede generar lo contrario, es decir que deba inhibirse de actuar en temas clave en Salud, Seguridad y también en Infraestructura y Economía. Es que justo sus parientes trabajan en áreas sensibles que son objeto de control del Tribunal porque manejan recursos y rendiciones de cuentas.
Su esposo, uno de sus hijos, su hija y hasta la nuera y una sobrina de la candidata trabajan en el Estado. En el Gobierno defienden la postulación y aseguran que en realidad no es "del riñón político de Cornejo", sino que el Gobernador confía en ella por su rectitud. Lo cierto es que desde que el mandatario tuvo cargos ejecutivos, contó con Lázzaro como funcionaria. Desde 2007 en Godoy Cruz y desde el año pasado en la provincia. Aunque, claro, ya había sido funcionaria de gobiernos radicales. El nexo con Cornejo, aseguran, fue Martín Kerchner.

Inhibida
Liliana Lázzaro era hasta ahora la directora de Administración y Control del Ministerio de Salud, Desarrollo Social y Deportes. Por ella pasaban todas las decisiones trascendentes en materia de gastos y contrataciones. Por el cargo y por su línea directa con el Gobernador. Además hay un detalle clave: se declaró la emergencia sanitaria y eso permitió realizar compras saltando los canales normales de control y las licitaciones. Además, se concentraron las compras en el Ministerio. Si es avalada en el Tribunal, deberá inhibirse de controlar las decisiones de ese ministerio.
Pero no es el único. Su hijo Diego Lázzaro tiene el mismo cargo que ella, pero en el Ministerio de Seguridad. También está en emergencia y eso implica las compras y manejos de recursos con mayor discrecionalidad que la habitual. Lázzaro tampoco podrá controlar a su hijo, por lo que las auditorías en Seguridad no podrán pasar por sus manos, al menos en lo formal.
Pero hay otro tema del que deberá inhibirse si asume en el cargo. Su esposo, Mario Lázzaro, es tesorero de Pro Mendoza, un ente mixto donde el Estado pone la mayoría de los recursos. Mario tiene a su cargo, por ejemplo, la rendición de cuentas de los subsidios que el Estado le otorga a Pro Mendoza y que deben ser auditados por el Tribunal de Cuentas. Así, por ejemplo, el 15 de noviembre del año pasado Cornejo le otorgó un subsidio de 4 millones de pesos a Pro Mendoza a través del Decreto 1.651. En el texto de la norma se designan a los encargados de rendir cuentas. "La persona responsable de recibir el subsidio de referencia es el Licenciado Jorge Ernesto Pérez Cuesta... y la rendición de cuentas documentada a cargo del Vicepresidente 1° y de los señores Mario Horacio Lázzaro en su carácter de Tesorero y Fernando Luis Urdaniz en su carácter de Gerente, todos de la "Fundación PROMENDOZA", dice el Decreto. Lázzaro también hace las veces de asesor. Desde el Ministerio aseguraron que, como ocurre con muchos funcionarios, él cumple otros roles.
Pero Liliana Lázzaro también tiene quien la reciba en el Tribunal de Cuentas. Es que en esa repartición del Estado también tiene familia. Su hija Natalia Lázzaro es Admnistradora del sistema de calidad del Tribunal de Cuentas al que Liliana aspira a llegar. Según explicaron, la joven ingresó a través de la UNCuyo, en particular de la mano de José López, ex decano de la Facultad de Ciencias Económicas. Desde el Ejecutivo explicaron, ante la consulta de MDZ, que la intención es que sea adscripta a otra repartición para evitar que trabaje junto a su madre. También hay parientes en cargos menos ejecutivos. La nuera de Lázzaro trabaja en el Ministerio de Infraestructura, (según figura en la declaración jurada de su hijo Diego tiene una clase 13 en esa dependencia. Desde el Gobierno aclararon que ella trabaja en el Poder Judicial.
Todos los vocales del Tribunal de Cuentas tienen compromisos políticos que los complican. Le ocurrió a Héctor Caputo, que no pudo abordar el control de decisiones en el Ministerio de Obras ni del Casino porque él había formado parte. Y también a Ricardo Pettignano porque había sido parte del Casino.
Si Lázzaro no puede controlar las reparticiones donde trabajan sus parientes va a quedar fuera de su alcance más del 46% del Presupuesto de la provincia (que es lo que manejan los ministerios de Salud, de Seguridad y de Infraestructura y Economía).
La "mala"
Lo que más ruido hace de la postulación de Lázzaro es la cercanía que tiene con el Gobierno al que deberá controlar. Cornejo, aseguran, evaluó el costo político que tenía al nombrarla. Y con el resultado en la mano avanzó. "No va a tener preferencias. Va a hacer el trabajo como corresponde y como lo ha hecho hasta ahora. No se casa con nadie", aseguran en el Gobierno. Justamente Lázzaro tiene fama de "mala" y ese concepto informal es el que buscan capitalizar.
El nombre de Lázzaro fue guardado con celo en el Gobierno. Ella sí comenzó a tener contactos con su "futuro trabajo". La semana pasada, con la propuesta de Cornejo ya confirmada, hizo los primeros contactos en el Tribunal de Cuentas.


