La picardía mendocina para ocultar las compras en Aduana
"No son autos, son carritos de supermercado". Con esa frase, uno de los trabajadores de la Aduana intenta graficar lo que ve todos los días en el Paso Cristo Redentor. Vehículos cargados, productos de todo tipo escondidos, saturación del sistema y un pronóstico peor: hoy las demoras promedian las 4 horas y en verano podrían ser 10 horas, según los cálculos de los propios aduaneros. La saturación se debe al auge de las compras en Chile, que ha desbordado el sistema sin que haya infraestructura y personal para contener esa demanda.
Los viajes de compras se incrementaron desde marzo, pero explotaron en septiembre, con la apertura del paso las 24 horas. Para tener una idea de la magnitud del fenómeno hay que mirar algunos datos. De cada 10 autos que cruzan 7 tienen exceso de "equipaje"; es decir los viajantes compraron más de lo que la reglamentación permite y por eso deben pagar. Pero la mitad de esos viajeros oculta lo que compró, por lo que los controles se complican. Así, un control de rutina convencional demora 6 minutos, pero ahora llega a la media hora por vehículo. "No hay forma de contener lo que está pasando. Estamos desbordados. Se trabaja hasta 15 horas seguidas. Esto ya explotó y va a empeorar. Hemos pedido refuerzos de personal, pero no nos responden", explicó uno de los aduaneros que trabaja en Alta Montaña.
En los puestos de control se ven situaciones insólitas, como niños con celulares de alta gama pegados al cuerpo, cajas de televisores con "dos unidades", camuflajes extraños en los vehículos y una enorme diversidad de mercadería. Si antes era común comprar elementos de electrónica, ahora eso se diversificó: hay desde grifería para el baño, hasta computadoras último modelo; desde "compras de supermercado", hasta sábanas, camisetas y zapatos. Los viajes por un día son los más comunes, al igual que los turs de compras. "En los controles nadie quiere reconocer lo que lleva. Entonces se demora mucho más todo y hay conflicto. En general los que más se quejan, son los que más tienen para ocultar", explicó otro aduanero.
Millones en la frontera
Los excesos crecen. En el primer semestre del 2014 se habían pagado $6,1 millones por traer mercadería por encima de lo permitido. En el primer semestre del 2015 la cifra subió a $19,3 millones. Este año en los seis primeros meses se pagaron $54 millones. Solo en septiembre los mendocinos que viajaron debieron pagar $12,6 millones por comprar más de lo permitido (el año pasado habían sido $3 millones en el mismo mes). Los datos provienen del sistema de la Aduana. Pero hay otro cálculo que impresiona: durante este año pasaron por la Aduana productos comprados en Chile por cerca de $800 millones. El intento de contrabando de mercadería no permitida también se multiplicó. El año pasado se hicieron algo más de 200 actas. Este año ya van 1000. "Los depósitos de secuestros están colmados. Esto va a fundir a los comerciantes chicos de Mendoza, porque se compra de todo", explican.
La infraestructura de la Aduana quedó obsoleta. Los visitantes lo saben, pues, por ejemplo, durante la madrugada no hay agua ni baños limpios por ese mismo motivo. Y los trabajadores peor: pasan una semana alojados hacinados. La Auditoría General de la Nación advirtió en un informe sobre las falencias del lugar y también lo hizo una consultora contratada por el Banco Interamericano de Desarrollo. "Insuficiencia de espacio en las Áreas de Control Integrado por problemas de diseño y/o de capacidad; Obsolescencia de instalaciones y falta de mantenimiento; Infraestructura no adecuada que deriva de la dificultad de introducir modificaciones en etapas del Proceso de Control, Deterioro de pavimentos en complejos fronterizos y falta de delimitación, señalización e iluminación de predios; Ausencia de infraestructura de protección de factores climáticos y ausencia de servicios para usuarios externos; Equipamiento insuficiente y Falta de tecnología informática", explica el informe.
En ese estudio se calculaba una expansión del tránsito de vehículos particulares hacia el 2018. El cálculo era que para ese año cruzaran 202.000 autos. Pues se quedaron cortos: este año ya superaron los 300 mil.
En el Gobierno de Mendoza se la ven venir. Ya hubo varias reuniones binacionales para agilizar los trámites, pero creen que el problema de fondo no se solucionará a corto plazo; menos con una variable que no pueden controlar: la enorme diferencia de precios entre ambos países que genera la "emigración comercial" de argentinos a Chile.