Subsidios (el camino más corto al fracaso)
Del latín subsidium: ayuda, auxilio.
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1. Prestación pública asistencial de carácter económico y de duración determinada. Subsidio de desempleo.
2. Contribución impuesta al comercio y a la industria.
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Mientras buscaba una estadística sobre el monto de subsidios en distintas áreas, en los últimos 10 años, encontré este relato. Explica en buenos términos el núcleo de esta herramienta que ha sido motivo de abuso y discrecionalidad en la economía argentina. A alguno le podría parecer un chiste. Me resulta muy convincente como introducción al tema "subsidios", que, por definición, se trata de "duración determinada".
"Hace unos años tenía un drugstore. Un día vino Miguel. Dijo que no le alcanzaba para la Coca-Cola, la cual estaba a $30. Le dije: bueno, Miguel, como sé que es fundamental la Coca-Cola en tu vida, te hago un subsidio, de onda, por más que yo pierda ganancias. Me la vas a pagar $5, a partir de hoy. Y cuando estés mejor te la cobro al precio del momento.
"Al tiempo me dijo que a pesar del bajo precio de la Coca-Cola, tampoco le alcanzaba. Le dije: bueno, Miguel, para ayudarte todos los meses te voy a dar una ayuda económica. No es necesario que trabajes para mí. Lo hago para ayudarte a salir adelante. Podes estudiar, trabajar, buscar una alternativa de progreso. Y el día que mejores me pagas el precio de la Coca Cola en ese momento.
"Al tiempo Miguel fue papá. Y tampoco le alcanzaba. Así que decidí ayudarlo con una asignación, una especie de sueldo por cada uno de sus hijos. Estaba contento. Pasó el tiempo y un día Miguel me dijo: Che, mi mujer no tiene laburo y no nos alcanza. Te ayudo con lo de tu mujer también, dije. No solo le estaba subsidiando la Coca-Cola, sino que lo estaba ayudando mensualmente a él, a sus hijos y a su mujer. Sin pedirle nada a cambio. Y lamentablemente Miguel no podía salir adelante.
"Un buen día el drugstore bajó las ventas. No supe administrarlo y tenía deudas con todo el mundo. Me cansé. Y como no sabía manejar la situación vendí mi drugstore. Lo compró un tipo de ojos claros. Apenas lo reabrió cambió el celeste descolorido de la fachada por un amarillo rabioso. Empezó a organizarse. Obviamente la Coca-Cola la vende a $40, que es el precio de mercado. Y decidió sacar el subsidio que yo le daba a Miguel y con eso sustentar las pérdidas que yo había generado. Obvio que Miguel se enojó mucho. y sigue pensando que la culpa de su situación es la llegada del tipo de ojos claros y no mía".
En 2015, el Estado nacional subsidió a los trenes y a los aviones argentinos, lo que por día (o sea cada 24 horas), nos costó 154 millones de pesos. En total, en el año, significó una "inversión" de 56 mil millones de pesos, vía ministerio de Transporte.
Sólo este subsidio fue el doble del presupuesto asignado para Salud, 25 veces el de Cultura y casi la misma proporción lo que se "invirtió" en Educación.
Se tiene la sensación que algunos políticos de cabotaje apenas sí entienden de cuentas electorales. Del resto, poco y nada, más bien tirando a nada.
En 2015, cada 24 horas, el Estado argentino invirtió en trenes y aviones 154 millones de pesos. Así todos los días del año, hasta llegar a 56 mil millones de pesos en 12 meses
La "cultura" del subsidio, en las presidencias Kirchner, hicieron de lo que es un herramienta estratégica, un abuso del recurso. En pocas palabras, y gracias a esta visión cortoplacista y complaciente, aquello que nos parecía barato hoy nos sale muy caro. Nada que la Argentina no haya vivido desde el declive histórico en la que se ve sumida hace décadas.
Un economista, cualquiera, alguien que entiende de esta ciencia, sabe que el subsidio es apenas una herramienta, sumamente legítima, pero jamás un sistema en sí mismo. Es decir: cuando funciona como sistema, algo no va a funcionar del todo bien a mediano plazo. Somos varios millones de argentinos los que podemos dar cuenta, por si alguien está distraído o todavía encandilado por esa mentirosa "redistribución de la riqueza".
Durante el kirchnerato, sin ir más lejos, según datos del INDEC de 2012 (Moreno debe haber estado durmiendo, supongo), los sectores de altos ingresos ganaban 8.8 veces más que los bajos. Y en ese mismo año apenas se generaron 9 mil puestos de trabajo en el sector privado, mientras que el empleo público creció un 4,1 %.
¿Por qué una política de subsidios no es un sistema?
Porque no promueve la competencia, al decir de cualquier persona, más si el que responde es un liberal. Porque institucionalmente promueve los entes intervenidos, con "estatización" ineficaz. Porque es un riesgo para la transparencia en el manejo de lo público, debido a la discrecionalidad. Porque para el caso de tarifas de servicios públicos las coloca por debajo de los costos de largo plazo. Y, porque, y esto es lo más dañino, no incentiva la inversión ni la eficiencia productiva.
Nuestra cultura del subsidio nos ha dejado un cuadro delirante, no sólo en lo económico, sino en lo cultural: somos hijos de la dádiva, creemos que es bondad y amor no pagar lo que valen las cosas, pensamos que lo gratis es gratis y que no lo paga nadie, nunca. Nos quemaron la bocha con este discurso. Y medio embriagados y medio remolones aceptamos una situación que, una vez más, hizo que la Argentina perdiera una oportunidad histórica para crecer en un sentido estratégico, visionario, perdurable.
Preferimos, una vez más, la histeria, lo chiquito, la especulación. El griterío antes que la reflexión, la fiesta antes que un buen desayuno.
Miles y miles de compatriotas necesitan subsidios para encarar una vida de mejor calidad. Otros, quizá, para darle dirección a sus ideas. Pero resulta imposible hacer de esta práctica una realidad eterna, omnipresente. Más que imposible es ridículo: allí es cuando la herramienta vira en condena. Socializamos las pérdidas, privatizamos las ganancias. Ridículo, además de antiguo, de escaso pragmatismo en una línea de tiempo generosa.
Ojalá alguna clase de lección nos esté dando la realidad, mezclada con la historia y con la economía. Lo peor sería que todo haya pasado en vano.