El Papa hace lío en la política argentina: además de Bonafini, más visitas
"Hay que hacer lío, hay que salir de las iglesias", le dijo Jorge Bergoglio ya en el rol de papa Francisco a los jóvenes en Río de Janeiro. Y el primero en hacerlo es él. Aunque en su entorno se niegue que pretenda entrometerse en la política argentina, agobiado por su liderazgo a escala global, no hay ninguna duda de que su hobbie es, precisamente, hacer eso: lío en su lugar de origen.
El papa Francisco recibe miércoles a miércoles (día de audiencias) a decenas de personas que lo llaman "Jorge", el trato con el que intercambiaban opiniones sobre la realidad argentina en Buenos Aires, años atrás.
Bergoglio, en definitiva, disfruta de seguir aconsejando a unos y otros. El besamanos de los días de audiencia pontificia es, con el pontífice argentino, más que nunca, un "lleva y trae" de versiones y opiniones. Unos y otros pasan por ahí y después dicen lo que quieren. El propio Papa cuenta a su favor el halo religioso del cargo que ejerce, su liderazgo sobre los católicos y el secretismo que lo rodea, ya que nadie sabe a ciencia cierta qué es verdad y qué mentira de lo que refieren haber dialogado con él sus visitantes.
En 2014, cuando MDZ fue recibido por el pontífice en el aula Paulo VI del Vaticano, estaba presente el dirigente gremial argentino Julio Piumato. El pontífice le dio la mano durante unos 70 segundos. Al volver, ofreció durante horas supuestas versiones en torno a qué le había recomendado hacer el "santo padre" y larguísimas supuestas parrafadas intercambiadas, cosa que nunca ocurrió, pero que resultaban una mentira piadosa en boca de un acólito y amigo, como se considera uno de el otro.
No será el caso de Hebe de Bonafini, que lo verá el 27 de mayo y no es ni amiga ni acólita. De allí las dudas y especulaciones en torno a los por qué de la entrevista. El propio Piumato le dijo a Infobae TV que "quizás se vaya a confesar por la estafa de Sueños Compartidos", una chicana que vale 100%, ya que coloca a la admirada figura del sindicalista en el aprieto de estar recibiendo a una sospechada de delitos.
"Macri y Bergoglio son fascismo, son la vuelta de la dictadura". Bonafini, 2007.
Sin embargo, si le cabe el rol de amigo a otra visita que tendrá Bergoglio. Será exactamente una semana antes, cuando tiene "turno" con el Papa el dirigente peronista "clásico" Julio Bárbaro. Se trata del primer allegado a Sergio Massa con llegada al Vaticano, ya que es conocida la mala opinión que tiene el Papa del dirigente tigrense, desde los tiempos en que era e jefe de Gabinete del gobierno nacional. Según confirmó el propio Bárbaro a MDZ, hay una diferencia y un deferencia en ambas visitas: "A mí me recibirá en su casa de Santa Marta; somos muy amigos", contó Bárbaro, que durante la gestión de Néstor Kirchner -que lo tuvo como titular del Comité Federal de Radiodifusión- ofició de vínculo con el Arzobispado porteño en los momentos más mañosos de la relación entre ambos polos de poder.
Bergoglio es como Perón, entonces. Abre los brazos y acoge a los enfrentados, por turno. Pero como su misión en la Iglesia Católica es evitar el colapso al que parecía predestinada durante el fracasado papado de Benedicto XVI, acosado por denuncias contra su jerarquía y sus sacerdotes en todo el mundo, Francisco no echará a nadie de la plaza de San Pedro, por más "imberbe y estúpido" que parezca.

