¿Sólo se aumentaron las dietas?
Una cosa fue la actualización salarial de los legisladores en febrero, ya que viven en el mismo país que todos con la inflación (negada o admitida) que sufrimos parejo y otra distinta es que, sigilosamente, se hayan escudado en el increíble acuerdo salarial entre el Poder Ejecutivo y los gremios de trabajadores estatales para incrementar sus dietas en 35%.
Las diferencias deben ser marcadas. Ambas, a nivel social, pueden ser sentidas por los más desfavorecidos como "dietazos", sin distinciones. Pero eso ocurre por la oscuridad en la que el Poder Legislativo parece moverse y su poca habilidad para defenderse. Allí, uno tras otro, los legisladores de diferentes bloques políticos caen ante sus zancadillas cruzadas. Acostumbrados a ese tipo de porrazos -de los que, al final, viven- no dimensionan el impacto que ello ocasiona en una sociedad que los tiene bajo sospecha.
No ha habido forma de que la Legislatura no solo sea transparente sino que lo parezca.
Detrás de sus muros, se presume que hay intecambio de favores, nombramientos, contratos en planillas que nadie alcanza, parientes beneficiados por legisladores de otro partido, "para que no se note", becas, viáticos, pasajes, viajes insólitos, silencios profundos sobre áreas pútridas a cambio de canonjías y poca eficacia legislativa a la vista sumado a mucha demagogia municipal de buenas intenciones que alcanzan para nada: diplomas, actos, declaraciones "de interés", decenas de premios "porque sí"...
No hay indicadores, hasta ahora, que permitan medir y demostrar que todo esto que se piensa sobre la Casa de las Leyes es un mito. Les ha pasado algo terrible: se les ha invertido la carga de la prueba y deben demostrar que son inocentes todo el tiempo.
Así, luego de que el periodista Santiago Montiveros contara en MDZ que los "rebeldes antisistema", los del FIT, son los que más cómodos se encuentran con el sistema de viáticos y pasajes para hacer política, recién se dio a conocer el incremento de las dietas en 35%. Pero la venían cobrando desde hace dos meses todos, inclusive ellos.
Por su parte, la izquierda salda su deuda con los de aplauso fácil en la superficie denunciando, tarde, este aumento. Pero hizo todo lo que el manual de la vieja política dice que hay que hacer a la hora de avalar el acceso de funcionarios políticos planta permanente y fueron útiles para el oficialismo cuando quisieron contar con leyes o designaciones polémicas. Gritan afuera, acompañan adentro. Aliados: dos caras de una misma moneda.
Por cierto, nadie les puso un arma en la sien a los legisladores para que votaran a favor del aumento tal como venía. A nadie se le ocurrió un gesto de austeridad de, por lo menos, bajar esos montos a lo que realmente dictará la inflación y ni hablar de lo que dice el índice oficial de incremento del costo de vida. Eso hubiera sido interpretado como un gesto, pero hecho en tiempo y forma, no ahora.
La agenda trastocada por sus pequeñas venganzas internas tampoco aporta a que cambie la matriz de funcionamiento de un diálogo político basado en las prebendas y no en la disputa de mejores ideas y propuestas. Ese será el gran desafío de la futura vicegobernadora, Laura Montero: conservar esto que hay y que no le aporta "octanaje" al sistema democrático o encararlo como nos merecemos.

