Los mendocinos del Presidente

Baglini.
Mendoza no le ha dado al país un presidente. Pero sí a muchos de quienes resultaron piezas centrales de la labor de varios mandatarios. En la más reciente etapa democrática, vale recordar algunos casos. Con Raúl Alfonsín, fue Facundo Suárez quien estuvo al frente de la SIDE. Su hijo, Facundo Suárez Lastra, fue intendente de Buenos Aires cuando eran designados por el Presidente. Otro mendocino apareció sobre el final del mandato en escena: Rodolfo Montero, padre de la senadora y vicegobernadora electa, Laura, quien fue secretario de Salud de la Nación. Cabe recordar cuando la campaña a gobernador de 1987 le pidió a Alfonsín: "Presidente, préstenos a Raúl Baglini por cuatro años". Es que "el gordo" cumplió un rol central en el Congreso y en el debate económico de aquellos años.

Eduardo Bauzá (padre).
Con Carlos Menem los mendocinos lograron transformarse en el meridiano del poder nacional. Muchos llegaron a decir que "el poder detrás de la silla" era Eduardo Bauzá. Pero compite en ese rol por figuras públicas y en las sombras. Entre las primeras, José Luis Manzano. En otros planos, el abogado Roberto Dromi (factótum de las privatizaciones de aquellas épocas y asesor de las reestatizaciones de Cristina Kirchner), Nicolás Becerra (procurador general de la Nación) y Pedro Pou (presidente del Banco Central).

Flamarique.
La llegada de la Alianza al poder mezcló mendocinos de origen muy diverso. Radicales y peronistas compartieron cartel protagónico y, entre ellos, hay que mencionar a José Genoud, presidente provisional del Senado durante la presidencia de Fernando de la Rúa y a Alberto Flamarique, su polémico ministro de Trabajo.
En el interregno de la crisis del 2001 saltó otro cuyano a las lides nacionales: fue Rodolfo Gabrielli, el exgobernador que nunca se quedó sin trabajo y que llegó a ser ministro del Interior con Adolfo Rodríguez Saá como presidente. Rodeado de grupos empresarios mendocinos a quienes respondía, llegó a tomar decisiones cruciales, pero efímeras.
Mazzón.
Ahora, si hay un mendocino que pasó por todas las épocas, ese es Juan Carlos Mazzón, operador de todos los triunfos de todos los peronismos, por más diferentes que aparezcan en cada una de sus versiones. Probablemente, sea el gran "sobreviviente" aun ahora.
Con el matrimonio Kirchner, los mendocinos -salvo este último- no tuvieron lugares protagónicos. Ni para bien ni para mal. Estuvo Juan Carlos Fábrega en el Banco Central. Manzano solía visitar despachos oficiales, pero más que para asesorar, para conseguir beneficios. En todo caso, Dromi es quien siguió vigente, en un plano absolútamente secundario y como "hombre de consulta". Entre los primeros mendocinos que confiaron en Kirchner se anotan cuatro: Celso Jaque, que lo trajo a Malargüe, Carlos Abihaggle, que luego se distanció de sus planteos hacia un peronismo más clásico, Alfredo Freddy Fernández, recientemente fallecido y Carlos Ciurca, porque su hermano, Julio, fue mano derecha de Néstor en Santa Cruz durante mucho tiempo. Ninguno de los cuatro consiguió roles protagónicos y del círculo pequeño del poder.
Hoy en día, podría decirse tibiamente que los mendocinos de Cristina Kirchner son Anabel Fernández Sagasti y Guillermo Carmona. Pero más por lealtad que por asesoramiento.
Los mendocinos de Scioli
Una recepción mendocina a Scioli.
Daniel Scioli, de triunfar, tendrá a un mendocino con quien compartir el mérito de haber seguido con la estrategia de eliminar competidores y mimetizarse con el kirchnerismo y es precisamente Mazzón. "Tiempista" como nadie más, fue echado de la Casa Rosada por negociar más las listas de candidatos en Mendoza. Se fue con el equipo del bonaerense y ahora recibe en sus oficinas a los kirchneristas que llegan a sumarse al proyecto sciolista.
Scioli con Paco Pérez.
Pero, ¿qué otros coprovincianos tiene Scioli en el directorio de su teléfono celular? Sin dudas, Carlos Ciurca, que supo ver antes que nadie para qué lado calentaba el sol y lanzó la "ola naranja" antes que ningún otro, primereando, inclusive, a los hermanos Adolfo y Alejandro Bermejo, que pretendían quedarse con la "franquicia" del sciolismo en Mendoza, y ahora van "a la cola". A pesar de las diferencias con su vicegobernador, siempre se dijo que el actual gobernador bonaerense tiene un "compromiso" con Francisco Pérez, a quien el propio peronismo marginó de los principales puestos expectantes de las listas de candidatos, dejándolo a competir en una franja incierta y de triunfo no asegurado, como es ser parlamentario del Mercosur. Pero hay quienes dicen que, porque lo quiera o porque hay un compromiso, Pérez es uno de "los hombres del presidente" Scioli, en caso de que llegue a la Casa Rosada. Con Ciurca hay dos miembros de su equipo que se creen "número puesto": Carlos Aranda y Eduardo Bauzá. Y entre los que públicamente se pavonean alardeando con su futuro político nacional son los actuales ministros Marcelo Costa y Rolando Baldasso. Vale decir que, en definitiva, Scioli puede asegurarles un destino a muchos funcionarios que, probados electoralmente en Mendoza, no funcionaron, pero que designados a dedo para funciones específicas, se tienen una fe ciega.
Los mendocinos de Macri
Pablo Priore.
El círculo íntimo de Macri parece ser bastante más cerrado o al menos, visible. Pero ya hay mendocinos que desde hace tiempo están en los equipos del jefe de Gobierno porteño. Tal es el caso de uno de sus ministros, el de Desarrollo Económico. Pero tiene una función política central: preside la Fundación Pensar y es el principal think tank del PRO. Francisco Cabrera, este ingeniero en Electricidad y Electrónica de la UNCuyo, fue director ejecutivo del diario La Nación e integró el directorio de Los Andes.
Cabrera, con Macri.
Macri como "esperanza" de gobierno en el país es una instancia nueva. Por lo tanto, es difícil conocer quiénes son sus hombres de confianza provenientes de Mendoza. Pero ha dejado indicios: por ejemplo, le encargó al ahora electo intendente de Luján, Omar de Marchi, armar su fundación aquí. Si se trata de contactos empresariales, los tiene en cantidad y puede decirse que habla con "todos". Pero de allí a que alguno acepte integrar su gabinete, hay un largo trecho. La excepción más clara a esto último es Susana Balbo. La bodeguera aceptó el pedido del propio Macri de ser candidata al Congreso y, si bien los radicales no le dieron una banca al Senado, encabeza las listas a Diputados y el dirigente porteño confía en ella y la consulta. Otros dos mendocinos vinculados al ámbito empresario se sienten parte de su espacio abiertamente: se trata de Rodolfo Vargas Arizu y Alfredo Romano. Ambos están -puede decirse- "disponibles" para conformar un equipo vinculado a un eventual gobierno nacional del PRO. A la hora del armado político, siempre tuvo un brazo local que también abrevó previamente en el Partido Demócrata: se trata del legislador electo por la amplia alianza Cambia Mendoza, Pablo Priore, pero tiene cuatro años de tarea legislativa por delante.
Hay, sin embargo, dos empresarios cuyos nombre conoce Macri y que, si bien no están en política activa, podrían ser parte de sus iniciativas. Se trata de Alberto Aguiló, cercano a Cabrera y Michetti, presidente de La Mercantil Andina y que integra el staff de la Fundación Pensar en Mendoza. El otro es Roberto Fiocchi, vinculado al mundo de las aseguradoras y que ya coqueteó con una candidatura en el sur mendocino.
Claro que, en función de la alianza que sostiene con la UCR y otros partidos, no puede descartarse que figuras como Ernesto Sanz, que abandona el Senado y que compite hoy por hoy con él en condiciones aparentemente desventajosas por la presidencia, pueda terminar en su entorno.






