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Murió Strassera: viva la independencia judicial

El próximo domingo, los tres poderes tienen la oportunidad de rendirle tributo reivindicando la vigencia de la República y evitando las tentaciones.
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 Julio César Strassera, el fiscal que acusó a las Juntas Militares responsables de los secuestros y asesinatos de la última dictadura, murió peleando por la independencia judicial frente al poder político de turno.


Aquel que pronunció la frase histórica "Nunca más" al acusar a los que resultaron culpables del horror, treinta años después siguió su lucha.

Es fuertemente simbólica su desaparición física en estos momentos del país, en que se vive una abierta pelea de posiciones dentro del Poder Judicial que él honró, con la fuerte implicancia de los otros poderes.

Y justamente el domingo próximo, en coincidencia con la apertura de sesiones del Congreso de la Nación, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner tendrá la oportunidad de rendirle homenaje.

Strassera no bajó un cuadro en plena democracia: su compromiso con los principios de la Constitución fueron bastante más allá. Fue quien mandó a la cárcel a los genocidas, cuando todavía mantenían intacto el sistema represivo que el primer gobierno después de la dictadura tuvo que desactivar, a pesar de que el justicialismo había llegado a la competencia por el poder prometiéndoles una amnistía general.

Strassera fue quien llevó a los estrados tribunalicios, en medio de un juicio de características inéditas en el mundo, las conclusiones de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (la Conadep) que lamentablemente el justicialismo se negó a integrarar y que conformaron Ernesto Sábato, Ricardo Colombres, René Favaloro, Hilario Fernández Long, Carlos Gattinnoni, Gregorio Klimovsky, Marshall Meyer, Jaime de Nevares, Eduardo Rabossi, Magdalena Ruiz Guiñazú, Santiago Marcelino López, Hugo Diógenes Piucill y Horacio Hugo Guarte.

De esa camada fue "el fiscal de la democracia". A él le debemos gran parte de la consolidación de los cimientos de los días que vivimos, con sus cosas buenas y malas, pero sobre todo, con la libertad y el espíritu republicano de división de poderes que no debe dejar de caracterizarnos como país en el contexto internacional.