Cambiar diez años de descontrol
Una vez más, grupos de policías mendocinos fueron el hazmereir del país. Una serie de incidentes bizarros que tuvo como protagonistas a uniformados y que, esta vez, el Ministerio de Seguridad no ocultó sino que colocó en la superficie, hablan por sí solo del descontrol en que se ha sumido a la fuerza en Mendoza.
Son diez años de reclamo social por la inseguridad que no se supo, quiso o pudo resolver.
Con un poco de memoria activa, se recordará que gran parte del éxito electoral de Celso Jaque fue porque la gente estaba cansada de los delitos y se notaba una policía sin saber qué hacer, además de los otros protagonistas del sistema ausente, como ha ocurrido eternamente con un Poder Judicial que se mira el propio ombligo.
Aquel triunfo llegó con una promesa sobre la que, a poco de andar, se tuvo que pedir disculpas: se le prometió en vano a los mendocinos que se reduciría "30 por ciento en seis meses" el índice delictual, algo que fue exagerado, pero que si se hubiera actuado con profesionalismo, se podría haber revertido al menos en parte, como se ha logrado en muchas partes del mundo.
La decisión fue que la Policía se autogobernara. Tras el traspié de nombrar al demócrata Juan Carlos Aguinaga en el cargo de ministro y éste, a su vez, a un policía que actualmente está acusado por delitos de lesa humanidad al frente de la Policía, el control total de los uniformados se le entregó a Carlos Ciurca, quien armó un equipo que se apoderó del área hasta ahora, ya que todavía controla áreas sensibles hasta que se termine el recambio.
El meridiano pasó por responder políticamente a los reclamos sociales, poner paños fríos y dejar que los policías se autocondujeran. No hubo plan. Así, la autoridad se relajó. Se manejó por impulsos: si pasaba algo, saltaban a dar explicaciones rápidamente, pero se instaló la idea de que hay que convivir con una delincuencia que es poderosa y contra la que, presumiblemente, poco o nada se puede hacer.
Hoy está por verse cuál es el plan. Seguridad fue una de las prioridades señaladas por Alfredo Cornejo durante la campaña y lo ha dicho adiestra y siniestra: es su mayor desafío. Fue él mismo ministro del área en dos oportunidades y tiene conocimiento en la materia. Pero si se trata de administrar solamente "mejor" el status quo, está claro que la situación podrá maquillarse, pero la verdadera cara será la que vimos en este fin de semana de Navidad: policías fuera de control usando sus armas reglamentarias para disparar al aire, bebiendo en boliches en hora de trabajo, haciendo el caldo gordo a su puesto y mierando el celular en los puestos de control.
Hay una gran tarea por delante y es muy sensible para la sociedad. De una policía profesional y activa depende la convivencia social y, muchas veces, el respaldo político a los gobiernos o, lisa y llanamente, que la ciudadanía les dé la espalda.
De allí que resulta crucial la toma de decisiones: está bien reconocer y transparentar lo que pasa, pero también habrá que investigar cómo se manejó el área hasta ahora y hacerlo en forma diferente.