Presenta:

El país, bajo una mirada empresaria

Un nuevo grupo de poder, surgido del empresariado pero con presumidos valores republicanos, asumirá la conducción del país.
Foto: Clarín
Foto: Clarín

 "Si quieren hacer política, ármense un partido y participen de las elecciones", los desafió Cristina Kirchner. Lo hicieron, se presentaron y ganaron. Dirigirán los destinos del país por primera vez mediante el voto popular.

Un núcleo de argentinos unidos por sus ideas liberales en lo político y en lo económico, liderados por el hijo de uno de los otrora denominados "capitanes de la industria", Franco Macri, Mauricio, se embarcaron en la utópica decisión de presentarse como alternativa política para la Argentina. Muchos de los propios desconfiaron de las formas: la democracia y el republicanismo como bandera, cuando antes habían accedido, de igual modo y en las sombras a los círculos del poder gracias al amiguismo o los contratos con quien fuese que gobernara, se tratara de un civil democrático o de algún militar aventurero. La cuestión moral no estaba en agenda.

Hoy nace lo que pronto comenzará a llamarse, tal la costumbre en nuestro país, como el "macrismo" y se nutrirá no sólo de aquella nueva generación de empresarios que sí miró las formas y que sí supo sintonizar ya no solo con el presente político, sino que se atrevió a mirar el mundo y al futuro. Con ese bagaje, gobernaron con pragmatismo la Ciudad de Buenos Aires y esa fue la plataforma pública que exhibieron: la gestión.

Junto a ellos, se suma al equipo construido no sin esfuerzo y dificultades, un sinnúmero de "ganadores" que llegaron a rodear a Macri no sin reparos y que el tiempo dirá si pierden rápidamente sus primeros reflejos y se adaptan a la ola triunfalista.

Así como su máxima capacidad exhibida pretendió ser la gestión, sus valores alegados deberán verse con contundencia en el desempeño de la labor pública. Cuando se pidió que "cambiemos", se reclamó respeto por la división de poderes, transparencia, humildad, honestidad, rendición de cuentas.

El triunfo no era el único objetivo: aquí recién empieza un desafío monumental y es que puedan constituir equipos capaces de hacer lo que prometieron, con los métodos que dieron a entender que usarían y "resistiendo la resistencia" que obviamente ejercerá el peronismo fuera del poder. El verdadero objetivo debiera ser que una legítima democracia participativa no sea solamente un presidente hablándole a dos mil militantes en el balcón de algún patio de la Casa Rosada en cadena nacional, sino que incluya mecanismos nuevos de acción directa por parte de la ciudadanía, como la revocatoria de mandatos y la exclusión del clientelismo electoral, entre muchísimas otras cosas.