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Gallardo tiene los votos y eso es todo lo que importa

El gobernador enviará esta semana al Senado el pliego de su candidata para la Corte. La elegida es una militante peronista, pero Pérez no necesita el consenso opositor: con las bolillas blancas del PJ le alcanza. El gesto a los azules y su "desprendimiento" personal.
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Con la confianza de que su candidata tiene los votos mínimos y necesarios prácticamente asegurados, el gobernador Francisco Pérez enviará esta semana a la Legislatura el pliego de Miriam Gallardo con el objetivo de hacer que ocupe el cargo que dejó vacante Carlos Böhm en la Corte provincial.

Gallardo es militante del PJ y la lógica de su designación elude el viejo debate acerca de la independencia política de los miembros de la Corte. El gobernador se ocupó el año pasado de realizar un tranquilo sondeo entre los referentes de su partido. Como el PJ es fuerte en el Senado, le alcanzaba con averiguar si Gallardo podía recibir bolillas negras desde la bancada oficialista. Ese peligro está prácticamente descartado. Punto y aparte para el asunto.

Con aliados asegurados, Gallardo conseguiría 19 votos. Es decir, la mitad de la cámara. Pero el peronismo confía en que también apoye a su candidata el senador del Frente Renovador, Gustavo Valls. Hasta el macrista Gustavo Cairo genera algún tipo de esperanza. Si no, no hay problema. El eventual desempate de la votación estará a cargo del vicegobernador Carlos Ciurca y nada bloqueará el arribo de Gallardo al máximo tribunal provincial.

Nadie se preocupa hoy en buscar consensos más amplios en este tema: impera el pragmatismo de los votos. El radicalismo ya tiró los primeros cuestionamientos: tan peronista es Gallardo que hasta es la apoderada del partido. No está de acuerdo la UCR con el perfil de la candidata, pero es difícil que consiga las suficientes bolillas negras para rechazar su pliego.

Al fin y al cabo, la política siempre está. Cuando Paco Pérez eligió a Omar Palermo para la Corte, su simpatía con el kirchnerismo fue una cuestión de peso. Palermo, de todos modos, ya era magistrado y había tenido un desempeño destacado en ese ámbito. Por eso superó la votación en forma holgada.

En cambio, con la designación de Gallardo, Pérez retrocede a las épocas de Celso Jaque, quien eligió para la Corte a su propio ministro de Gobierno, Mario Adaro. Y es posible que, por lo tanto, el ingreso de la concejal de Maipú a la Corte tenga las mismas complicaciones.

No hay problema. Apegado a su resultadismo, para Pérez es lo mismo hoy que Gallardo gane por tres votos, como Adaro (21 a 18), o por una amplia diferencia a su favor, como fue el caso de Palermo (26 a 5). Como la cantidad de goles en el fútbol, el dato de los votos quedará sólo para las estadísticas.

Los gestos de Pérez

La preocupación en este caso para Pérez no fue el consenso. Pasó por un lado completamente diferente. El gobernador buscó complacer a un sector fuerte del peronismo y, a la vez, mostrar que era capaz de tener un gesto de desprendimiento.

El sector peronista beneficiado por el gobernador fue nada menos que el azul, comandado por el operador Juan Carlos Mazzón. Habrá que ver si esto genera una devolución de los azules de Mazzón cuando los paquistas salgan a disputar poder en la pelea de las candidaturas.

Pero en la elección de Gallardo hay un gesto más amplio para el peronismo. El gobernador razonó que el próximo candidato para la Corte no podía ser "suyo", como ocurrió con Palermo. Por eso abrió el juego al peronismo. Esto puede tener impacto en aquellos compañeros que lo consideran un dirigente demasiado individualista, siempre más preocupado por él que por su partido.

Mientras tanto, es incierto el destino de otros puestos vacantes en órganos extrapoder. El más importante es el del fiscal de Estado, cargo que ocupa en forma transitoria Javier Fernández tras el jury que derivó en la destitución de Joaquín de Rosas.

No hay definiciones en ese sentido. El candidato más firme parece ser el senador Fernando Simón, pero algunos no están convencidos de que tenga amplio consenso en el PJ, que es todo lo que interesa hoy, más allá del análisis de capacidades.

Agenda

Durante los primeros 30 días, el pliego de Gallardo ocupará la atención de los senadores provinciales en un retorno a la actividad de la Legislatura que estará marcado, por lo menos a lo largo de todo febrero, por la definición de los candidatos para los PASO provinciales.

De cualquier modo, el oficialismo apuesta a que al menos un proyecto se discuta en serio. Se trata de la ley de Educación provincial, que obtuvo media sanción de Diputados y ahora debe tratarse en la Cámara Alta.

Pérez tuvo una larga reunión en la semana con el vicegobernador Carlos Ciurca y el presidente provisional del Senado, Eduardo Bauzá. Tras esa reunión quedó claro que el oficialismo apuntará a que la ley de Educación obtenga sanción definitiva antes del inicio de clases. Será una forma de demostrar que las elecciones no son el único tema.

En febrero se reanudarán también las negociaciones con el PJ por el presupuesto 2015 en el Senado. La pauta de gastos generó un escándalo a fin de año en Diputados, ya que el radicalismo consiguió imponer su presupuesto al PJ. 

Sin ánimo de elevar el nivel de confrontación, el senador Simón propone ahora buscar puntos de encuentro que necesariamente deberían arrancar con la modificación del artículo 1, donde la UCR obligó a Pérez al pago de las campañas electorales de todos los candidatos. Si no hay acuerdo, se seguirá gobernando con el presupuesto del año pasado, lo cual está habilitado por la sanción de la ley de administración financiera.

Difícil es que el radical Alfredo Cornejo vaya a renunciar a la bandera del financiamiento estatal de campañas. Los peronistas, de todos modos, siguen planteando el problema de la falta de recursos económicos. "No es poco que haya 40 millones de pesos más para créditos de cosecha y para pagar excedentes vínicos. Se debe aceptar que el financiamiento de las campañas sea parcial y que los partidos se autofinancien", planteó antes del fin de semana el senador Simón, quien precisamente fue impulsor de una reforma electoral que ahora sólo podría aplicarse de forma parcial.