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La "naranja" pesó más que el discurso

Ciurca volvió a adueñarse de la política. Hoy, el gobierno fue sciolista aunque muchos funcionarios no están convencidos del salto. La cosmética naranja dijo mucho más que el color político del acto y resaltó más que el discurso.

El discurso de apertura de sesiones ordinarias 2014 que hizo esta mañana el gobernador Francisco Pérez pasará pronto al olvido. No tanto las imágenes de la banda de Policía de Mendoza rodeada de carteles naranjas “Scioli 2015”, o las bandejas de la Legislatura embanderadas con los colores del gobernador bonaerense y leyendas presidenciales. Sólo un cartel perdido de Paco Pérez y otro de la insólita fórmula Giménez-Tanús completaron las gradas. Y ni una sola alusión a Cristina, la gran olvidada en la tercera apertura de sesiones que le tocó hacer al gobernador. Ni en los carteles, ni en los cantos, ni en las palabras del gobernador. Para el peronismo mendocino, Cristina se fue esta mañana y le queda la formalidad de entregar el poder.

Es importante –en lo político- lo que pasó hoy. La prensa gráfica nacional de mañana dirá que el peronismo mendocino se pasó al sciolismo. Las caras de disgusto de muchos referentes kirchneristas más puros como el diputado Guillermo Carmona, Anabel Fernández Sagasti, Lucas Ilardo y Marina Femenía fueron evidentes, tanto como las risotadas de la barra cuando el senador radical Juan Carlos Jaliff pidió retirar la estética naranja, caso contrario él hubiese puesto una solitaria bandera de Cobos.

No es una anécdota de viveza criolla lo que pasó hoy en la Legislatura. Desde la Avenida San Martín hasta a calle Perú, los colectivos de militantes lasherinos vestidos de sciolistas dieron el tono político del acto institucional anual más importante del gobierno. Ello, apenas horas después de haber destrabado un conflicto sindical de proporciones bíblicas. En vísperas de la fiesta, el ministro de Salud, Matías Roby, ha probado anoche el sabor metálico de la derrota política, porque muchas de sus banderas de transformación fueron entregadas para levantar el acampe que pudo costarle el peor mal trago del año a su amigo de la vida, el gobernador Pérez.

El vicegobernador Carlos Ciurca volvió a demostrar hoy que es el jefe político con más poder en el peronismo. Desactivó una bomba a punto de estallar aún con altísimos costos internos para un par de ministros y tal vez para el propio Pérez, y vistió de naranja la Casa de las Leyes para demostrar quién tiene el territorio y la militancia sciolista en Mendoza. El candidato que mejor mide en el peronismo es Scioli, y en Mendoza Scioli es Ciurca. Sumemos dos más dos: No hubo ni un solo cartel ni alusiones a Cristina. Y queda un año y medio de gobierno. El paso al sciolismo en poblado y en banda no le será gratuito a Pérez, salvo que explique en Buenos Aires que lo que pasó hoy es sólo una expresión sectorial de una parte del peronismo. Pero la verdad es que Ciurca se quedó con el sciolismo y con la política en esta mañana de 1 de mayo, Día del Trabajador.

No hay mucho que agregar sobre el discurso de Francisco Pérez. Tuvo la virtud de no abundar en promesas –pecado venial cometido en los dos anteriores en 2012 y 2013- y puso de relieve una serie de obras menores, iniciativas del gobierno en infraestructura, acción social, educación, que admiten distintas miradas. Defender con un énfasis digno de mejores causas el que los chicos hagan la secundaria del plan FINES -la secundaria express- es condenarlos a mayores exclusiones. Mañana no serán más que empleados de segunda, si tienen suerte. No hizo Pérez un discurso transformador, ni dio pistas sobre el rumbo de Mendoza. Mientras tanto, el peronismo se preparó para la próxima etapa y los embarcó a Pérez y su gabinete en ella, les guste o no. Esos tiempos por venir, al menos en el PJ, serán naranjas. Y en Mendoza el “dador” de tal futuro político se llama Carlos Ciurca.

¿Les quedó claro?