Timerman, el yo-yo de Cristina
Héctor Timerman no es Jacobo. Pero él no lo sabe. A la prensa inglesa le concedió entrevistas (como no lo hace en la Argentina) y ante las preguntas indiscretas de The Independent y The Guardian respondió: “Soy una víctima de la dictadura, tómenme en serio, por favor”. Pero Héctor no fue víctima de ninguna dictadura, sino su padre, Jacobo. Héctor, el actual canciller de Cristina Fernández de Kirchner dirigió el diario La Tarde, creado para ensalzar a la dictadura. Todo lo contrario a lo que el relato creado para construir su imagen sostiene.
Es difícil quemar los archivos cuando son públicos y por eso debe entender el canciller que cada vez que afirma algo, se lo escuche con dudas en torno a la veracidad.
De allí que su defensa del acuerdo con Irán para sacar del ámbito argentino la investigación por el atentado contra la AMIA genere el escándalo que está generando. Primero, porque resulta increíble que la Argentina (cuyo gobierno insiste en el uso del término de la palabra “soberanía”, tanto para lo financiero, el petróleo o Malvinas) renuncie a la soberanía judicial ante un tema tan grave e histórico como aquella masacre.
Luego, las ideas y vueltas de un canciller que habla siempre en primera persona, dejan en claro que actúa por sí mismo y no en nombre del país: “Yo dije”, “yo conseguí”, “yo propuse”, “yo planteé” y muchísimos “yo” y “yo” más que terminan por configurarlo como el último escudero de Cristina, la Presidenta, que hasta es capaz de entregar su identidad para conservar el cargo propio, creyendo que le hace un gran favor a su mentora.
En esa tarea, Timerman cree resumir al país en su persona y a la comunidad judía, a la que pertenece, también.
Pero reducir el tema Amia a una colectividad no sólo es equivocado, sino discriminatorio: el atentado contra la Amia fue un atentado contra la Argentina.
Timerman entró a la política vía Elisa Carrió y fue un ferviente antikirchnerista, hasta que el kirchnerismo lo habilitó a ser parte de la dramaturgia de esta época.
En sus intervenciones ante el Congreso, como la de hoy, Timerman hace agua. Debe recurrir a la agresión y a la crítica a los gobiernos anteriores, sin concentrarse en los últimos 10 años de gestión de la que fue parte.
El ex canciller Dante Caputo dejó, en estos días, una lista de preguntas en torno al acuerdo con Irán por el que tanto se juega el Gobierno en este momento. Pero la más clara y la que menos respuesta ha conseguido es una sola, la que le dio el título a su columna en el diario Perfil hace un par de domingos: “¿Por qué tanto apuro, señora Presidenta?”.
Además, enumeró, dirigiéndose a la verdadera “dueña” de las palabras del canciller:
- “¿Usted cree que Irán va a permitir que actúe la Justicia si la Comisión de la Verdad sostuviera que hay sospechas fundadas contra alguno de los entrevistados?”.
- “¿Por qué usan la palabra interrogar cuando el texto que es tomado como válido dice en inglés preguntar?”.
- “¿No cree que hay mala fe en hacer creer que la Justicia argentina va a actuar, cuando no habrá interrogatorio y la ley iraní prohíbe que un ciudadano de ese país sea sometido a indagatoria por una autoridad judicial extranjera?”.
Ante las comisiones legislativas, conducidas desde la lealtad partidaria y no al país, Timerman se ríe, critica, ataca, exige silencio, y pronuncia su larga lista de “yo”, “yo”, “yo”.
Lo que no se está entendiendo en medio de un debate virulento sobre un tema clave es que se está rifando una soberanía que nos comprende a “nosotros”, el resto del país, todo aquel que circula alrededor de Timerman y Cristina Kirchner.

