Timerman en su peor momento
Hace unos años, la propia Cristina Kirchner le pidió sin demasiadas vueltas que dejara de utilizar su furiosa cuenta de Twitter, al menos de la manera en la que lo venía haciendo. Héctor Timerman solo había logrado cosechar incesantes críticas, no solo por parte de referentes del arco político, sino también de gran parte de la sociedad.
La excusa del funcionario respecto a que la invitación a los kelpers fue sorpresiva, fue refutada hace minutos por Gran Bretaña, al revelar que la Argentina conocía "desde el año pasado" que estos iban a ser invitados a la reunión que el funcionario mantendría en Londres junto al ministro de Relaciones Exteriores británico William Hague.
Es bien cierto que el planteo de los ciudadanos de las Islas es errado —hablan de un caso de “pueblo colonizado” cuando en verdad se trata de “territorio colonizado”—, pero ello no les quita legitimidad para opinar sobre una cuestión de la cual depende su propio futuro.
¿A qué se debe el temor de Timerman? ¿Pensará que el mero diálogo es vinculante de las decisiones a tomar?
Y ahí es donde aparece una curiosa contradicción: la falta de diálogo mostrada por Timerman respecto al tópico Malvinas, no se ha visto reflejada de la misma manera en torno a la investigación por el atentado a la AMIA.
En esta última cuestión, el funcionario se ha mostrado dispuesto, no solo a hablar abiertamente con Irán, sino también a ceder soberanía judicial para avanzar en la indagación del luctuoso hecho ocurrido el 18 de julio de 1994.
Esto ha despertado las críticas de la colectividad judía en particular y gran parte de la sociedad en general. Por caso, la prestigiosa ONG Human Rights Watch expresó su temor a que la comisión que establecerán Argentina e Irán se convierta en un obstáculo para los procedimientos judiciales que están teniendo lugar en Buenos Aires.
El interrogante es harto pertinente: ¿Cómo pretender que un proceso que fue frenado por funcionarios iraníes durante tantos años pueda ahora encontrar viabilidad y logre encontrar finalmente justicia? Las dudas se acumulan al paso de los días, de manera directamente proporcional al escepticismo general.
Nadie sabe qué ha pactado el Gobierno con Irán ni por qué se ha cedido a un convenio tan lesivo para la Argentina. Solo está claro que nada positivo puede surgir de ese acuerdo.
Timerman lo sabe, al igual que los funcionarios de segunda línea que lo acompañan en su tarea diplomática. Ninguno desconoce que, tanto Malvinas como AMIA, son dos bombas de tiempo que terminarán por implosionar en sus despachos más temprano que tarde.
¿Cómo pretender que un proceso que fue frenado por funcionarios iraníes durante tantos años pueda ahora encontrar viabilidad y logre encontrar finalmente justicia?
Cuando ello ocurra, es posible que el hoy verborrágico Canciller vea derrumbarse el último de los refugios que lo sostienen en su cargo.


