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Por qué perdió el peronismo mendocino

El peronismo es inquilino de un proyecto de poder que no le es propio y quedó vacío. Los problemas de gestión y los liderazgos atomizados más la escasa calidad del recurso humano estratégico, confluyeron en un resultado esperable, y preocupante.
Foto: gentileza prensa Legislatura
Foto: gentileza prensa Legislatura

La derrota amplia del peronismo mendocino en su conjunto requiere varios niveles de análisis. Hay componentes nacionales en esta caída electoral pero también los hay locales, y son fuertes. Las culpas están repartidas en muchos dirigentes, pero no sólo en los que acompañan a Francisco Pérez. Para tratar de entender lo que pasó el domingo en Mendoza, cuando todos los liderazgos peronistas quedaron en cuestión, hay que retroceder unos cuantos años atrás y considerar los últimos seis años como un solo período. Celso Jaque y Paco Pérez son gobiernos muy diferentes, pero de un mismo peronismo. Desde allí partimos para analizar los factores críticos de esta derrota.

Como se verá en adelante, muchas de las críticas que haremos son aplicables, no solo al peronismo sino también a otros partidos políticos de la provincia pero en esta coyuntura es el PJ el que ha quedado en el centro de la tormenta, justamente por ser la fuerza que gobierna.

Clave 1: No hay proyecto propio

El peronismo, con sus detractores y defensores, tiene en sus genes ser transformador. Con la recuperación de la democracia en los ochenta, el peronismo mendocino logró ponerse a la vanguardia de muchos temas nacionales y regionales, y transmitir a toda la provincia un nuevo sentido orgulloso y progresista de ser mendocino.

Hoy el peronismo de Mendoza no tiene un proyecto propio de provincia. Tampoco uno de poder, desde hace muchos años. La crisis dirigencial comenzó a ser evidente en 2007 cuando Celso Jaque no podía dominar la agenda de su propio gabinete o formar equipos, lo que derivó en el “sorteo y licitación” de áreas sensibles del gobierno y aun organismos autárquicos, algunos de los cuales quedaron en manos de punteros con escasa capacidad o de personas inescrupulosas. Pero el triunfo de Cristina y Cobos ese año y el arrollador paso del 54 % en 2011 taparon las falencias. Al mismo tiempo la expansión de la macro economía nacional y las famosas “tasas chinas” escondieron las graves deficiencias estructurales del modelo económico mendocino.

El proyecto de poder del peronismo mendocino derivó en ser los inquilinos del cristinismo, y en hacer kirchnerismo fiel aunque los costos fuesen altos, o a cambio de poco y nada. Esto se notó más en la campaña de las PASO, en las que los principales dirigentes y candidatos del PJ avalaron hasta el ridículo mentiras nacionales como el valor real de la inflación o el congelamiento de precios. En nuestra misma radio escuchamos a una joven candidata y funcionaria decir que para ella la inflación era “cero” porque sólo consumía productos a precio congelado. El costo político que pagó el peronismo por este alineamiento acrítico quedó a la vista.

Con el principio del fin de un ciclo político marcado por la derrota del domingo en los principales distritos del país, y sin reelección posible para Cristina, el peronismo mendocino se quedó vacío. No hay un proyecto propio de provincia, de poder, que suplante al cristinista. Sí lo tienen algunos dirigentes de manera individual, que quieren el poder aunque no saben bien qué harían con él.

Clave 2: El PJ ha gestionado mal

No son pocos en el gobierno, alentados incluso por el propio gobernador, quienes creen que la derrota del domingo no tiene nada que ver con la gestión. Hay una mala noticia: sí la tiene. El peronismo mendocino gobierna la provincia desde el año 2007. No ha conseguido resolver en todos estos años problemas urgentes como la atención de la salud, la mejora en la calidad educativa, el transporte, o la atención estratégica de la producción con algo más que los subsidios por heladas o granizo o zonda o lo que fuere. A ellos se suma la crisis de los servicios públicos –especialmente en el agua, con redes de agua obsoletas y sin crédito a la vista- y el más acuciante de todos, la inseguridad y el crecimiento del crimen organizado vinculado al narcotráfico. Los mendocinos perciben que los gobiernos cambian y que los problemas centrales no se resuelven. Ni hablar de los asuntos que dependen de la Casa Rosada. El ministro de agroindustria Marcelo Barg, por caso, hace las veces de “agente de aduanas” para los empresarios que necesitan insumos importados para su producción. Divide su tiempo con el trabajo de “contador impositivo” para el cobro por parte de los productores mendocinos de los reintegros de IVA que en algunos casos acumulan dos años de atraso. El peronismo en su conjunto ha demostrado que falla en la gestión incluso de las pequeñas cosas que malhumoran a la población.

Clave 3: los liderazgos atomizados

El peronismo es un partido que se ordena con el poder. Acordado eso, es muy difícil comprender a un justicialismo mendocino que le ha negado el poder interno a sus últimos dos gobernadores. Aun para un politólogo sería difícil responder a la pregunta: ¿Quién es el jefe del peronismo mendocino? ¿Paco Pérez? ¿Carlos Ciurca? ¿Juan Carlos ‘Chueco’ Mazzón? ¿Los intendentes? ¿Los azules, la Corriente, los del sur? ¿Todos y ninguno a la vez? Eso no da resultado. En los gobiernos de Bordón, Gabrielli y Lafalla nadie dudaba de quién era el jefe. Y todos los mencionados en primer término son corresponsables de esta crisis. Incluso, hay que decirlo, por llegar a acuerdos con quienes no estaban justamente- de acuerdo; para preservar rentables porciones de poder en la época de las vacas gordas.

Clave 4: El peronismo conservador

La ciudadanía mendocina acaba de regalarles a los partidos mayoritarios, pero especialmente al peronismo, un 14 % de intención de voto a un trotskista “duro” como Nicolás del Caño. En este sentido, los dirigentes del PJ resultaron ser conservadores. No supieron captar el voto joven ni resultaron atractivos para el progresismo. La “izquierda” kirchnerista no fue creíble para una franja de la población que prefirió votar original y no copia, y otros los rechazaron y expresaron esa bronca votando a Del Caño.

Más allá de lo ideológico, el peronismo tampoco ha sabido generar ideas nuevas, creativas, para modernizar una provincia que hoy es menos conservadora que sus dirigentes.

Clave 5: No hay equipo

Hemos escrito infinidad de veces en estos años que cualquier mendocino que quiera ser gobernador debe tener un plan estratégico, un proyecto de poder, conocer muy bien cómo manejar el Estado, y contar con un equipo de 200 personas fieles y de primer nivel para ejecutarlo. Tal cosa no existe en el peronismo de hoy. Tanto Jaque como Pérez tuvieron problemas para completar sus gabinetes. Si el gobernador decidiese pedir renuncias hoy no tendría ministros de reemplazo, por muchas razones. Pero una de las principales es que el PJ, vacío de proyecto propio, no ha formado canteras de dirigentes que conozcan a fondo los problemas mendocinos. Así se ha ido degradando la calidad de la gestión política del partido del poder. Uno se puede encontrar con legisladores y concejales muy ignorantes, apenas alfabetos, a la vuelta de cualquier esquina. Es así que personas de poca talla política han terminado conduciendo bloques, o reparticiones importantes del Estado o algunas en las que incluso se imparte justicia. Hoy el peronismo tiene escasísimos cuadros técnicos que conozcan a fondo las áreas de gobierno o sepan qué se debe hacer en Mendoza en serio, a fondo. La consecuencia es que el recurso de calidad escasea y que los punteros menores, los arribistas y los que siempre están para las fotos, terminan ocupando espacios de poder importantes.

Clave 6: El Estado mendocino

El gobierno ya está promocionando un presupuesto 2014 de unos 30.000 millones de pesos que la oposición, sobre todo la radical, no quiere ceder de ninguna manera. Las últimas paritarias han disparado pagos en sectores muy sensibles por su contacto con la población que condicionan fuertemente la operatividad y capacidad de inversión. Parecen no haber advertido que el Estado crece cada vez más mientras la economía no genera nuevas riquezas y empleos genuinos y la calidad de los servicios a la población de achican. Los déficits se transforman elefantiásicos y pronto no habrá siquiera la posibilidad de tomar deuda para cubrirlo. El peronismo debe ponerse a estudiar el Estado con serenidad y profundidad para detectar los bolsones de ineficiencia y corregirlos. Esta materia no es privativa del PJ. Cualquier partido que quisiera gobernar debe ponerse a estudiar antes. El peronismo venía gobernando desde 2007 pero nunca pareció comprender la complejidad de los asuntos a resolver, que aún siguen pendientes.

Clave 7: El cristinismo

La ausencia de proyecto propio y la adopción de uno externo le costaron caro al peronismo. La gente no les perdonó a los dirigentes que siquiera hayan expresado alguna rebeldía. En este sentido, las críticas que muchos referentes hacían en privado a CFK, no llegaban al público. Jaque primero y Paco después dieron todo por Cristina y Néstor y a cambio recibieron desprecio, indiferencia, discriminación en el reparto de fondos… El peronismo local no logra resolver su relación con el peronismo nacional. Si se subordina lo castiga la gente con el voto. Si se rebela, los castiga el cristinismo con aislamiento y maltrato. El PJ apostó al utracristinismo y le fue pésimo.

Clave 8: los proyectos

¿Cuáles son los grandes proyectos de Mendoza para que lidere el peronismo? ¿Y los de la oposición, tras qué proyecto andan? ¿Cuáles son las grandes obras que pueden ser convocantes, al menos para ponerse en marcha? Lo último importante ha sido el Centro Cultural Le Parc. Las represas se siguen presupuestando año a año, pero sin inicios ni créditos a la vista. En tanto, la infraestructura mendocina va creciendo alrededor de planes muy cortos, y obras y montos pequeños. El único avance real del túnel de baja altura con Chile, el proyecto estratégico más importante de la región, todavía no puede pasar de una maqueta en el aeropuerto y reuniones binacionales donde todavía no se concreta nada.

Clave 9: el viento de cola no es desarrollo

El peronismo mendocino se confió de la economía en 2011 y creyó que vendrían muchos años de ciclos largos favorables y viento de cola. Por eso se atropellaron la verdad de frente. Una vez descubierto que deberían trabajar duro para resolver los problemas, advirtieron con dolor que el turismo requiere de largas y estratégicas inversiones en servicios, que la inflación y el atraso del tipo de cambio destruyeron el agro, la industria e incluso a la presuntamente híper competitiva vitivinicultura. Que la flecha de la economía iba para abajo en lugar de hacia arriba. Quizá hasta que no haya nuevas políticas macroeconómicas no haya una nueva posibilidad de volver a resolver estratégicamente el futuro de Mendoza pero el tiempo de ponerse a pensar, debatir y planificar es justamente hoy.

Clave 10: La frase

“Espíritu Grande” hace referencia a montones de ítems muy mendocinos, no sólo es un slogan del gobierno. El problema es que este peronismo que quedó vacío de proyecto, no fue capaz de dotarle contenido a la frase.

Epílogo: Al peronismo mendocino le faltó un poco de todo: rebeldía, autoridad, independencia, orgullo federal y provincial. Le faltó proyecto propio, estrategia, conocimiento profundo del Estado, compromiso de sus dirigentes con la cosa pública. Le faltó capacidad para anticipar la ola negativa, recurso humano suficiente, dirigentes de nivel para llevar adelante los desafíos. Tampoco tuvo espíritu de conjunto ni líderes capaces de aglutinar a todos. En el “debe” hay que anotar además los problemas de gestión asociados –otra vez- a un recurso humano en crisis que afecta no sólo a la política y al peronismo. Y no tuvieron nada para ofrecer a los mendocinos a cambio de dos mensajes más frescos. Uno, el de Cobos, aunque experto en la política; implicó un cambio de ánimo fuerte en el votante. Y el otro, el de Nicolás del Caño, el joven rebelde y trotskista que sorprendió en una provincia conservadora. Nadie puede ganar una elección sin un sueño, proyecto político, estrategias, líderes, recursos humanos, ni conocimiento del Estado. Al peronismo ahora, y en el estado en el que está, le toca conducir la provincia hacia 2015, una transición que hoy nadie puede anticipar. Por todas estas razones perdió el peronismo, pero la lección es para toda la política. Cualquiera que repita estos errores, empezando por la UCR y Cobos, va a pasar por el mismo infierno.

Se nos podrá decir, con cierta razón, que lo que hemos dicho del peronismo mendocino sería aplicable a cualquier partido y es verdad. Son contados con los dedos de la mano los dirigentes de la oposición que tienen planes e ideas y mucho menos equipos. Pocas cosas se pueden rescatar de los ocho años anteriores de gobiernos radicales, que tampoco modernizaron la provincia.

Pero estos últimos seis años han sido la etapa del peronismo mendocino y lógicamente hacia ellos ponemos el foco.

Por supuesto, no todo está perdido. El gobernador Pérez inició su gobierno con espíritu progresista y muy consciente de los errores del gobierno anterior. Tiene dos años más para poner en marcha sus ideas, generar nuevos planes y remover las estructuras anquilosadas de la burocracia estatal y las de su propio partido.

Hay muchos jóvenes que creen en el peronismo y muchos funcionarios con capacidad para empezar. No es fácil retomar el camino luego de una derrota electoral. Pero en Mendoza, la tierra de los hacedores, todo es posible.