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El segundo "primer año" de CFK y sus batallas épicas

Un balance de los años de gobierno de Cristina Fernández y los desafíos que enfrenta su gestión.
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La actitud épica será, sin dudas, lo que marcarán los libros de historia del futuro en torno a los dos períodos presidenciales de Cristina Fernández de Kirchner.

El 10 de diciembre cumple un año en el poder. Dicho en un juego de palabras, es su segundo primer año en el Sillón de Rivadavia y, si seguimos en esta línea, la tercera vez que empieza un período presidencial, contando como primera a la que inició su esposo Néstor en 2003.

No es fácil empezar una gestión. Pero, sin dudas, debe resultar mucho más difícil hacerlo una vez más. Las comparaciones están –y seguramente, lo estarán en las parsimoniosas columnas del domingo- a la orden del día. La posibilidad de que se señalen contradicciones, que se sumen errores y fracasos y que reine ese ingrato olvido sobre lo bueno que pasó, ya que siempre –siempre- la gente cree que lo bueno es obligatorio hacerlo y nunca –nunca- se detiene a agradecer, felicitar, alentar.

A la luz de la batalla por el 7D que no se sabe si será o no será, pero que todo indica que esto último reinará por decisión judicial, asestándole un tremendo revés al Gobierno, es necesario recordar la otra gran batalla de Cristina: la lucha por querer retenerles ganancias a los productores agrícolas.

En aquella oportunidad, Moyano y sus camioneros les bloqueaban el paso por las rutas a “la oligarquía del campo” y la Gendarmería se llevaba a la rastra al líder de la protesta, el entrerriano de Angelis. Se esperaba lo peor. Una “traición” –la del vicepresidente Julio Cobos- fue considerada luego como “un alivio” por los discretos y una “salvación de la patria” por los más exaltados. El Gobierno retrocedió, pero para tomar fuerzas. Perdió las elecciones legislativas luego de inventar las insólitas “candidaturas testimoniales”, una estafa política, pero luego recuperó la iniciativa a la vez que el radicalismo se deglutía al único opositor que aparecía en las encuestas, el mendocino Cobos.

Ahora se apostó todo, demasiado tal vez, a una sola fecha: el famoso 7D que no sólo ya se esfuma como idea, sino que empieza a configurarse como otra derrota en un primer año de Gobierno. No está Néstor, y eso puede ser considerado una debilidad. Pero también hay que decir que la sociedad es tan esquizofrénica que, cuando gobernaba él, acusaba que era ella, Cristina, quien le indicaba qué decisiones tomar. Y viceversa en el período siguiente.

Moyano está del otro lado y el gabinete presidencial tiene más militancia y probablemente menos peso político que los dos anteriores equipos, los de Néstor y el primero de CFK.

El domingo la militancia se concentrará y decidirá apoyar a una Presidenta a la que le quedan nada menos que tres largos años de gobierno, que debe transitarlos confiada, con fuerza, respaldo y decisión.

Pero posiblemente este segundo primer año de gestión le dejen la enseñanza de que no todo es “a matar o morir”, que las cosas no son sólo blancas o negras y que, al impulsar sus ideas con más fuerza que las que otorga la Constitución y el sistema republicano, no sólo le hace el daño calculado a sus desorientados opositores, sino que se lo hace ella misma y se lo traslada al país.