Mendoza al límite y un verano a oscuras
Consumir, esa es la cuestión. Cada vez más, de manera voraz por momentos. Pero algunos costos tiene ese modelo. Uno de ellos es el consumo de energía, un recurso que (con la matriz actual) es finito, más si el ritmo de consumo no es acompañado con inversión que extienda las posibilidades de ampliar las redes existentes.
Bueno, el modelo energético mendocino está en su límite y al borde del colapso. Los números son claros: la demanda de energía creció más del 70%, pero la ampliación de la red que contiene a esa necesidad casi no ha crecido. Aunque Mendoza generaba energía para autoabastecerse, en los últimos años la tendencia se revirtió. Pero el problema está, según opinan los especialistas, en el transporte y la distribución, áreas donde la inversión ha sido prácticamente nula.
Así, Mendoza afronta una temporada crítica: con la llegada de las altas temperaturas, y el consecuente aumento del consumo de energía, se cree que puede haber cortes frecuentes en esos picos de demanda. “Estamos sin colchón”, aseguran desde las distribuidoras y las transportistas. Una muestra de lo que puede venir ocurrió el viernes pasado. Con 40 grados de temperatura, varias zonas el Gran Mendoza quedaron sin elecrticidad por colapsos parciales.
88% es lo que aumentó el requerimiento máximo de energía. La demanda también creció a un ritmo del 5% anual en los últimos 10 años.
En marzo de este año se batieron todos los récords de demanda energética en la región, llevando el aumento de esa necesidad a casi el doble respecto a 1995. En ese año el máximo requerido fue de 705 MW. Y en marzo del 2012 fue de 1.326 MW (un 88% más). “Estamos al límite, no hay resto ni auxilio. La demanda ha ido creciendo a un ritmo del 5% anual. En momentos de picos de consumo pueden aparecer problemas”, dijo Gustavo Dondero, de Distrocuyo.
Sin colchón
Mendoza es una provincia históricamente identificada como generadora de energía, gracias a la potencia de sus ríos y principalmente a la central térmica, donde se genera más del 60% de la energía. Pero el consumo va ganando la carrera. Tanto que por momentos la provincia se transforma en “importador neto”. En los últimos años el aumento más fuerte se dio en el uso domiciliario y el en riego agrícola.
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Para esa situación ayuda también la crisis hídrica que va camino a cumplir tres años y que hace disminuir la generación hidroeléctrica. “Realizando un análisis de los últimos años, Mendoza desde 1998 fue “exportador” neto de energía eléctrica, alcanzando un pico en 2006 en el cual se “exportaron” 1.204,1 GWh (casi un 20% de la generación local). Como consecuencia del incremento de demanda del período y la reducción en la generación local, las exportaciones cayeron al punto tal que en 2010 se exportó menos del 1% de la generación local y en el año 2011 se importaron 611 GWh, cerca del 12% de la generación local del período”, indica el informe anual del Ente Provincial Regulador Eléctrico (EPRE).
Mendoza era "exportador" de energía. Pero el aumento de la demanda y la crisis hídrica revirtieron la situación.
Debido a la crisis hídrica, el año pasado las represas del Nihuil redujeron su generación en un 27%, las del Río Diamante un 25%, las del Río Mendoza un 34% y la del Río Tunuyán un 37%. En promedio la generación hidroeléctrica bajó un 28% y la generación térmica (más cara y contaminante) subió un 4%.
A pesar de que la caída en la generación trae inconvenientes, los problemas más críticos del sistema son otros: el transporte y la distribución. Allí, explican, la inversión ha sido prácticamente nula respecto a las necesidades. Es decir, energía hay, el problema es llevarla a donde se necesita y generar condiciones para que en los momentos de consumo alto haya una rueda de auxilio, algo que hoy no existe. Por eso, durante el verano es probable que haya cortes de electricidad. Las zonas más críticas, según explican desde Distrocuyo, son amplias: el Gran Mendoza, San Rafael y el Valle de Uco.
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Hasta el 2010 el promedio anual de crecimiento de la demanda energética era del 5%, luego bajó el ritmo, pero siempre en sentido ascendente. Y generando picos de consumo cada vez más altos. Así, explican los técnicos, toda la infraestructura está en servicio, es decir que cuando aparece un inconveniente, lo que se sigue es el corte inmediato del suministro. Por eso habrá que estar preparado para pasar el verano.
Uno de los problemas es la falta de inversión. Las distribuidoras se quejan porque aseguran que la tarifa está retrasada y por eso no llegan las inversiones necesarias. En el Estado patean la pelota para adelante. Pero las obras esperan. El problema es que en la mayoría de los casos se trata de obra de al menos dos años de ejecución.
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La principal distribuidora, EDEMSA, está en manos privadas desde el año 1998 (hoy está en manos de Andes Energía, del grupo Vila – Manzano). Desde esa fecha la inversión en ampliación real y seguridad de la red ha sido muy baja.
Algunas de esas obras prioritarias son la línea de alta tensión Cruz de Piedra – Gran Mendoza; la estación transformadora Capiz; la línea de alta tensión El Marcado con la adecuación de la estación transformadora; la línea Nihuil IV, la segunda alimentación definitiva para Edemsa, entre otras. Todas obras millonarias el dólares y que en gran parte figuran a ser pagadas por los usuarios. “Ningún gobierno se quiere hacer cargo y por eso se demoran las obras indispensables. El problema es cuando se quede a oscuras Mendoza”, se quejó el representante de una distribuidora que reclama por más aumentos en la tarifa.
El Gobierno acaba de autorizar una actualización del VAD (que repercute en un aumento en la tarifa) y la intención es seguir haciendo "retoques". Pero el año que viene se realiza una revisión a fondo con un coctel complicado: crisis latente en el sector, tensión y presiones con las empresas y año electoral.





