Un misterio: quién es prominero y quién no, en el oficialismo y la oposición latinoamericana
Los canales “hegemónicos” transmiten casi en cadena nacional las protestas antimineras en seis puntos del país, en simultáneo. Apostaron periodistas y cámaras en esos sitios y le dan un espacio impensado en otro momento a sectores populares.
Los medios oficiales y oficiosos, a la vez, hablan de la inédita inversión minera en el país o bien, callan, directamente, para no generar más ruido del que hay.
Los partidos de la oposición, sin unirse, se amontonan por aparecer en cada una de las luchas iniciadas por los habitantes de los pueblos que rechazan la minería que, hay que decirlo, no son todos en donde esa actividad se ha radicado.
Es que la cadena montañosa sobre la que nos recostamos como subcontinente representa una tremenda tentación tanto por las riquezas de sus entrañas como por sus glaciares. Reservas de materias primas para el mundo: para vivir y para moverse, minerales y agua. Latinoamérica está en la mira y su endeblez política facilita las cosas. Quien se concentra demasiado en el Ande descuida el Amazonas. Quien se despista en esa geografía, pierde de vista la Patagonia, los humedales, las pampas…
Mientras tanto, en el capítulo local de esa situación gemela en toda la región no hay debate: hay disputa. No hay discusión: hay contraposición de imágenes que chocan, que confrontan, que dicen cosas diferentes. Si los televidentes no hacen zapping, creerán una u otra versión. Estarán convencidos que el país está siendo saqueado por las empresas multinacionales que raspan y lavan la tierra para sacarle provecho. O de todo lo contrario: aquí no pasa nada.
Por eso, por la magnitud de los intereses en pugna, quien ayer desde la oposición se mostró como defensor del agua y contrario a la megaminería a cielo abierto, frente a las chances de llegar al poder (o bien, tras acceder a él) cambian su postura, cueste lo que le cueste en materia de credibilidad, cambiará de opinión inmediatamente. Los canales no se cansan de mostrar al gobernador de La Rioja, Luis Beder Herrera, criticando la minería en tiempos de campaña y gritando “¡La Rioja es minera!” en un spot que paga el propio gobierno provincial.
El caso es muy fuerte: la explotación minera amenaza con reventar al cerro Famatina, el mismo que ilustra (mientras exista) el escudo provincial.
La hipótesis planteada por el famoso Teorema de Baglini encuentra con este tema su comprobación: mientras más lejos (o enfrentado) al poder se está, más irresponsables son los enunciados políticos; cuanto más cerca, se vuelven más sensatos y razonables.
Con los movimientos opositores -políticos o mediáticos- a la mayoría de los gobiernos latinoamericanos pasa lo mismo que en la Argentina. Frente a gobiernos abierta o sesgadamente promineros, una reacción radicalmente antiminera. Y en el medio, se ubican los grupos poblacionales realmente afectados y aquellos que prefieren vivir un eterno presente, con tal de conseguir un empleo.
¿La oposición ha encontrado en las luchas antimineras un espacio de existencia o realmente creen que la minería es inviable en la Argentina y Latinoamérica?, le preguntamos a periodistas que observan al continente desde sus posiciones en medios extranjeros.
Oposiciones y posibilidades
Para Sebastián Lacunza es periodista del diario Ámbito Financiero y corresponsal en la región del diario italiano Il Manifesto. Considera –en diálogo con MDZ- que “si hablamos de los principales grupos de la oposición de América Latina con alguna chance de ser alternativa de gobierno, pensaría lo primero”. “Las oposiciones más orgánicas en Ecuador, Bolivia y Perú –sostiene- no sólo no tienen cuestionamientos de fondo a la minería sino que profundizarían el esquema basado en la hiperredituable explotación privada”.
Lacunza sostiene que “en Argentina y en Chile, depende de quién hablemos, pero en general todos van por el mismo camino. Ello no niega que haya importantes comunidades, partidos políticos y organizaciones civiles y populares dispuestas a resistir la minería, y que incluso puedan torcer el brazo a algún gobierno, al menos en temas puntuales, dado que hay aspectos del negocio que se presentan muy irritantes para la población local”.
Pero advierte: “En los países andinos, el tema puede ser explosivo y está abierto. En general, hay muchos motivos para dudar de que las proclamas antimineras que se oyen sean llevadas a cabo si algunos de los que las enarbolan llegan al Gobierno”.
José Vales trabajó para la agencia española EFE y fue jefe del servicio en español de la italiana ANSA. Es corresponsal del diario mexicano Reforma y en 2001 recibió el premio Ortega y Gasset de periodismo en el 2001, por su investigación sobre el represor argentino Ricardo Cavallo, hoy detenido en España.
Señala que los partidos de oposición “evidentemente tienen un 'dossier ' importante para comenzar a remontar políticamente. Más cuando la oposición en la mayoría de los países de la región demostró que carece de alternativas. Pero no veo, hasta ahora, que con el tema de la minería tengan en su mayoría una política definida para oponerse a las políticas oficiales”.
Gobiernos mineros, ¿gobiernos antimineros?
|
|
Como una “Maldita bendición” calificó el mismo diario a la situación por la que vive la economía y la política latinoamericana aquí, en donde los recursos mineros atraen a los inversores globales como la basura a las moscas.
Y reportó en ese artículo que "el 27% de las inversiones mundiales en exploración se entierran en este subcontinente cuya columna vertebral son los Andes. A su vez, se incorporan más países a la actividad, como Colombia, Guyana y Surinam, según Lardé. En 2000, Brasil, Chile, México y Perú concentraban el 26% de la inversión minera mundial. En la actualidad, el 40%. Latinoamérica produce el 52% de la plata del planeta, el 45% del cobre, el 32% del molibdeno y el 22% del zinc. Lardé destacó que el sector tiene "beneficios extraordinarios", incluso si se tienen en cuenta los costes de reposición del metal en el largo plazo y los incrementos de los salarios de los trabajadores y de los precios del combustible, los insumos y el acero. La región también capta un tercio de las rentas mineras del mundo, según la Cepal: unos 65.160 millones de euros en 2009, poco menos que el PIB de Eslovaquia".
En Ecuador el movimiento que hizo triunfar a Rafael Correa estuvo sustentado en el indigenismo. Pero el gobierno ya en el poder hizo crisis cuando tuvo que elegir entre su plataforma de pueblos originarios y las inversiones de la minería a gran escala. Ganó esta última. Eso provocó el quiebre de la alianza de gobierno y la salida de ministros como Alberto Acosta, a cargo de Minería y Energía, quien giró su posición más hacia la izquierda.
La trampa de la Ley de Minería ecuatoriana que generó el duro quiebre es que indica que los pueblos aborígenes deben ser consultados cuando se quiera emprender un proyecto minero, pero no habla de que deba existir un consentimiento previo.
Miradas a vuelo de pájaro
El corresponsal del diario de izquierda romano, Lacunza, responde lacónicamente que “no” cuando se le pregunta si hay algún gobierno antiminero en Latinoamérica. “Sí implicó una novedad significativa –acota- la asunción de Evo Morales en 2006 en cuanto a lo que recibe el Estado por la extracción de los recursos naturales. Por supuesto que hay críticas y resistencia incluso en grupos indígenas, pero negar que Morales cambió la ecuación en la política de recursos naturales impediría analizar su supervivencia como gobernante”. Agrega al respecto que “es evidente que el proyecto político del MAS está en un punto de inflexión”.
Igual opina Vales. En su análisis, “todos están seducidos por mostrar inversiones aun cuando el rédito para los países sea mínimo. Humala llegó con un discurso antiminero, empezó aumentando el canon a las empresas, pero hasta acabo con el gabinete más democrático de las últimas décadas, que había nombrado meses atrás, para avanzar con el mega proyecto en el Amazonas”.
Por ello, indica que “evidentemente estos gobiernos que adscriben al progresismo, prefieren la minería a medio ambiente. Aunque hay que decir que no son solo los progresistas, Colombia y Chile, también se suman a la cadena de gobiernos que le abrió las puertas a los capitales extranjeros”.
“Es llamativo -dice Vales- que nadie salga con una frase del tipo tan kirchnerista -por lo menos en Argentina-, 'vienen por los recursos naturales...´."
Una Argentina prominera
No hay dudas. La Argentina tiene un gobierno absolutamente abierto a la explotación minera. El discurso oficial, como lo ha dicho José Vales, no incluye a la minería en la serie de males que aquejan al país ni llama a los empresarios del sector “cipayos”, como sí lo hacen con todo aquel que se anime a opinar en contra de sus proyectos y principios.
|
|
Por su parte, Lacunza indica que el Gobierno nacional “por lo visto, es a todas luces prominero, y estimo lo seguirá siendo mientras las críticas no erosionen su base electoral”.
“Habrá que ver –agrega- si profundizan su cuestionamiento los soportes de centroizquierda del kirchnerismo. También podría calificarse como prominero al principal partido de la oposición, la UCR, si nos guiamos por la única oportunidad reciente que tuvo de sentar precedente, con Brizuela del Moral en Catamarca. Del lado del peronismo no kirchnerista o el Pro, creo que nadie podría asegurar que irían por otro camino. Y sobre el Frente Amplio Progresista, está por verse”.
El Caballo de Troya
Así como están planteadas las cosas, la dirigencia política que se ha refugiado en el Caballo de Troya virtual de la antiminería para trasponer los muros que les han impuesto los votantes, fácilmente pueden traicionar sus efímeros principios. Ya pasó. Nada indica que no vaya a volver a suceder.
Por ahora, las oposiciones latinoamericanas (aunque como lo advierten algunos de nuestros entrevistados, no en todos los países) han encontrado un eje sobre el cual hacer girar su micromundo y justificar su existencia.
Pero no.
Costará conocer la verdad tras el debate: quién está en qué posición y por qué. Y costará también arrancarle a los gobiernos un compromiso por el medio ambiente: les va demasiado bien con el silencio.
No hay una conclusión posible, más que discutir el tema con la mayor seriedad que se pueda conseguir, con aquellos que manifiesten esa condición, para saber cuán posible será vivir en un territorio bajo disputa y sin saber quién sostiene su soberanía.