Historia del recule radical: dudas, contramarchas y esperanza en la campaña de Iglesias
Interna o acuerdo de cúpulas. Boleta completa o corte. Con Duhalde, Binner y Lilita. O con ninguno. Marchas y contra marchas; idas y vueltas. La campaña electoral del radicalismo ha tenido tantos vaivenes que marea. Y los propios candidatos han tenido que repartir el tiempo entre las indefiniciones y la campaña.
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El último recule de los radicales fue el amague a ir con la boleta separada, opción que descartaron luego de que la Junta Electoral rechazara que todos los partidos presenten ese formato. Pero la lista es larga: amagaron con internas para elegir el candidato a gobernador, pero uno de los aspirantes renunció y quedó Iglesias. También dieron los primeros paraos para desdoblar las elecciones departamentales de los municipios que gobiernan, pero pusieron marcha atrás sobre la hora. Para las alianzas, también hubo pasos en falso. Anunciaron un acuerdo con Unión Popular, el partido de Eduardo Duhalde y Cristian Racconto, para que lo llevaran a Iglesias como candidato. Y en menos de 24 horas deshicieron ese acuerdo y pidieron perdón.
Así es que hasta ahora buena parte de la campaña radical ha sido eso: prueba y error. El problema es que los tiempos se acortan y no les queda mucho margen para seguir probando. Por eso la estrategia se concentra en un tema casi exclusivo: el corte de boleta.
Luego de las elecciones primarias los radicales se anotaron tres consignas como tarea para la casa: buscar alianzas por todos lados, lograr que la elección se polarice entre ellos y el PJ y promover el corte de boleta. La primera opción fracasó, con papelones en el medio. La polarización se complicó por la aparición de Luis Rosales como tercero en discordia y ahora todas las fichas están apostadas al corte de boleta masivo, cuestión que ha transformado a la campaña de ese partido en un experimento de laboratorio electoral del que está pendiente todo el país.
El temor al efecto 2007
A muchos de los radicales en ese camino les gana la ansiedad. Hace un año atrás sentían que las elecciones serían un trámite, basado en la mala imagen del gobierno provincial y, sobre todo, en el resultado de las legislativas del 2009, donde obtuvieron un triunfo histórico sobre el oficialismo.
Eran épocas de bonanza y sueños; todos creían que podían ganar las elecciones con sólo presentarse. Pero todo cambió y a los radicales les volvió el temor al “efecto 2007”. Es que en las últimas elecciones también tenían ese sentimiento triunfalista y terminaron dejando Casa de Gobierno y con el partido dividido. Hoy la UCR se mantiene con altas expectativas a pesar del contexto nacional negativo. Sigue teniendo como principal capital la buena imagen del candidato a gobernador y la mala del gobierno provincial. Iglesias, por su parte, sabe que su apuesta es a todo o nada: es la tercera vez que aspira a ser gobernador y su sector está fundado en la misma dirigencia que lo acompañó hace 12 años cuando estuvo en el sillón de San Martín.


