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Fayad y Difonso, campeones de pago chico

Se vieron favorecidos por la ola que este año ha conducido a la victoria a casi todos los oficialismos. Acertaron con la decisión de desdoblar las elecciones y también con el despliegue de la ingeniería electoral. Indudablemente, ganaron, pero ninguno de los dos tiene la luz suficiente como para iluminar el difícil camino hacia las elecciones de octubre.
El festejo desbordado de los militantes de Difonso en San Carlos.
El festejo desbordado de los militantes de Difonso en San Carlos.

Como en casi todas las elecciones que se han realizado a lo largo y a lo ancho del país en lo que va a de 2011, este domingo quedó claro un principio: es el año de los oficialismos.

Con amplia mayoría de votos a su favor, Víctor Fayad (UCR) y Jorge Difonso (PD), como les pasó antes a Mauricio Macri y a la propia Cristina de Kirchner en las primarias, quedaron inscriptos en la tendencia nacional que favorece a los dirigentes que están en el poder.

Puede decirse también, quizás, que el acompañamiento ciudadano que han recibido ambos ha premiado la valentía de desdoblar elecciones en una provincia donde ningún político se anima a correr semejante riesgo.

Sin embargo, la particularidad de este domingo electoral en Mendoza es que no dice nada, o muy poco, sobre lo que puede pasar en las elecciones de octubre, dado que los ganadores tienen un poder limitado a los territorios que conducen.

A las pruebas. Fayad se ha convertido en casi un outsider del radicalismo provincial. Dueño y señor en su burbuja capitalina, se caracterizó en los últimos tiempos por criticar con dureza a su partido y acompañar con docilidad e indismulados mimos al justicialismo de Mendoza y al kirchnerismo nacional.

En consecuencia, es por lo menos dudoso que los votos de Fayad se trasladen en octubre a Roberto Iglesias, el candidato a gobernador de la UCR, quien tiene un perfil marcadamente opositor.

Por otro lado, hay que decir que el triunfo del radical Fayad no rebaja a la categoría de perdedor absoluto al justicialismo mendocino ni lo estigmatiza en el largo camino a las próximas elecciones.

El PJ es históricamente débil en la Ciudad. Sin ir más lejos, en las elecciones municipales del año pasado quedó quinto y ni siquiera metió un concejal. En cambio, esta vez, de la mano del candidato a intendente Eduardo Hernández, el PJ saltó al segundo puesto, ganó una banca en el concejo y festejó una semi derrota sin ponerse colorado, aunque la cúpula partidaria y el candidato a gobernador Francisco Paco Pérez hayan preferido no levantarle la mano en público a un “perdedor”.

Sancarlismo

Por su lado, el demócrata Difonso basó la campaña que lo llevó a un nuevo mandato como intendente de San Carlos en el hiper localismo y una aceitada ingeniería electoral.

Su estrategia no coincidió para nada con la adoptada por el partido a nivel provincial, que se refugia constantemente en el halo de un par referentes nacionales: Alberto Rodríguez Saá y el propio Macri, quien en la campaña grabó un spot televisivo pidiendo el voto para el candidato a intendente demócrata de la Capital, Francisco García Gabrielli.

Difonso, en cambio, se declaró “sancarlista” y evitó colgarse de cualquier figura ajena a su departamento. Como filosofía, levantó un poco más alto la bandera contra la minería (que tiene gran consenso en San Carlos) y listo. O casi, porque hubo algo más: una exitosa captación de listas colectoras a su favor, con decenas de candidatos a ediles que militaron firme para llegar al Concejo, pero también para conseguirle un nuevo mandato como intendente al hombre que encabezaba sus boletas.

Fayad, Difonso son, entonces, campeones de pago chico. Intendentes que esta noche se van a dormir con la tranquilidad de haberse sacado de encima la prueba electoral en un año dificilísimo para todo aquel que no sea abiertamente cristinista y que se vieron favorecidos por la ola nacional de respaldo a los que gobiernan, sean del signo que sean.

Pero ni ellos y menos aún el digno perdedor peronista Hernández tienen luz suficiente para iluminar el sendero que conduce a la próxima elección, esa en la que se definirá quién gobernará la provincia en los próximos cuatro años.