La imposición de candidatos de La Cámpora está provocando el quiebre del PJ
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El caso de Jesús Cariglino, mandamás en Malvinas Argentinas, parece ser el “leading case” de lo que se verá en las semanas venideras. Para los más desmemoriados, se recuerda que el intendente malvinense optó por seguir la ruta duhaldista luego de acompañar fielmente al kirchnerismo durante años de gestión comunal. "Muchos intendentes van a tomar la misma decisión que yo", vaticinó Cariglino. Acto seguido, aseguró crípticamente que no se “arrodillará” ante el oficialismo.
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Otro que no dejó que le impusieran nombres desde la Casa Rosada es José Manuel de la Sota, candidato a gobernador de Córdoba, lo cual provocó una ruidosa ruptura entre el Frente para la Victoria y el PJ de esa provincia. Allí, en realidad, el oficialismo quiso hacer “la gran Scioli”: colocar a dedo al aspirante a vicegobernador, lo cual provocó el inmediato malhumor de De la Sota y su consecuente negativa.
Las represalias no demoraron en llegar: ipso facto, Cristina le impidió al PJ local que se “cuelgue” de la lista que la lleva como candidata.
Mal de muchos… consuelo de nadie
"Los intendentes están enojados y se la van a cobrar", advirtió Eduardo Duhalde el pasado 29 de junio. También anticipó que va a haber inevitables "cortes de boleta" como represalia a Cristina Kirchner y Daniel Scioli.
El siempre polémico ex presidente sabe de qué habla: él mismo ha sido receptor del descontento que hoy muestran los históricos jefes comunales, uno de los cuales es el intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde. Este último es, no casualmente, mandamás del territorio que el propio Duhalde supo y sabe dominar con mano firme.
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Mientras tanto, el oficialismo ha iniciado una brillante campaña de cooptación de intendentes del radicalismo de la mano de Julio De Vido, logrando que estos se comprometieran a proponer corte de boletas para arrimar votos a Scioli y a Cristina. Algunos de ellos son: Pablo Guacone, de San Pedro; Carlos Orestes, de Coronel Pringles; y Raúl Iribarne, de Montes.
Es una paradoja que solo la política puede brindar: mientras el FPV se desangra por las heridas que provocan sus propios errores, la oposición intenta vanamente reconquistar a aquellos a los que en su momento no supo satisfacer a nivel partidario.
Es muy probable que finalmente se logre este último objetivo, pero se dará en el marco del axioma maldito que siempre termina contaminando a la política: a esa sociedad no la unirá el amor, sino el espanto.